domingo, 4 de marzo de 2018

Diario de Biblioteca: Con los libros en la maleta

Las últimas citas literarias, los encuentros con autores, la amistad y generosidad de otros, suelen traducirse en una superpoblación de libros que atoran en la biblioteca el tiempo disponible para su lectura. Listas de espera que no siempre se respetan, donde algún nombre insurgente se cuela, adelantando a los otros, que pacientemente aguardan su destino en apretados anaqueles. Hace una semana que se celebró Centrifugados, IV Encuentro de Literatura Periférica, y ya he hojeado varias veces los títulos que de allí vinieron (también de nuestra incursión en la excelente librería "La Puerta de Tannhäuser, de Plasencia). Coincidir con gente como Elías Moro o Esther Ramón llevaba adherido el privilegio de que sus libros se trajeron impresa la dedicatoria de sus autores, algo que reviste más relevancia cuando se trata de amigos o personas a las que se profesa una especial admiración, como es el caso de los nombrados. Se me escapó Ben Clark, que también andaba por allí y cuyos libros también llevaba en la maleta. Un territorio distinto es el que supone el contacto directo con las editoriales, con quienes hacen posible que nuestras palabras, nuestros trabajos, vean finalmente la luz y lleguen a las manos del lector. Hace apenas unas semanas que recibíamos en Cáceres, con motivo de la presentación del libro "Breve catálogo de insectos y otros seres menudos", de José Manuel Vivas, a las editoras de Lastura, Lidia López Miguel e Isabel Miguel. A Lidia la vimos de nuevo en Centrifugados, y una parte de la cosecha de poesía que de allí nos trajimos llevaba la firma de su editorial. Autores como Ángel Guinda, Manuel Lacarta, Graciela Zárate, en el catálogo de su colección Alcalima, harán compañía al magnífico título de nuestro amigo José Manuel Vivas, que presentamos en el Aula de la Palabra. Hubo también oportunidad para saludar a Charo Fierro, de Huerga y Fierro, a la gente de Aristas Martínez, a Marino, de La Luna Libros.. a quienes materialmente imprimen los libros que la editorial Norbanova viene publicando, con ritmo cansino pero sin flaqueza, Roberto y Eva, de Estugraf Impresores

Es triste que un encuentro de estas características no vaya a volver a celebrarse, aunque bien comprendemos los motivos y razones que su promotor, el poeta y editor José María Cumbreño, expuso en el momento de la clausura. El pasado viernes le tuvimos en el Aula, con ocasión de la lectura del mexicano Jorge Posada, y de alguna manera, el espíritu de Centrifugados recaló en Cáceres por unas horas, con ánimo de continuar visitándonos periódicamente. De Liliputienses también hicimos acopio y además de las obras del referido Jorge Posada, contará nuestra biblioteca con el legado en papel de Eleonora Finkelsein o Luis Arturo Guichard. Aquella tarde en que terminó Centrifugados, la Asociación Cultural "Letras Cascabeleras", quiso dedicarle su "Sherezade", la velada que cada último domingo de mes organiza en el bar "María Mandiles", con un micro abierto que se inicia con los acordes de "El Kanka" y donde cualquiera puede intervenir y hacer aportaciones, propias o ajenas. Al final, se realiza un sorteo entre los asistentes, cuyo premio es algún libro de los editados por dicha Asociación Cultural. Suelo tener suerte en estos sorteos de "Letras Cascabeleras", y en consecuencia, me traje uno de esos libros, uno de los pocos que me faltaban de su catálogo, los "Sonetos peregrinos" de Francisco Acedo. Poco antes, María, la presidenta de este infatigable colectivo cultural, me había pasado (como suscriptor), el último volumen editado en su colección de poesía, "Embalaje", de Marina Aoiz Monreal, que por cierto, tiene muy buena pinta. 

A los libros  procedentes de este tipo de encuentros, hay que añadir por último los que se reciben a través del correo, fruto de la generosidad y complicidad de sus autores. Si en una entrada anterior mencionaba el poemario "Nuestra orilla salvaje", de Rosario Troncoso, no finalizaré esta crónica sin referirme al libro recién editado en "Ravenswood Books Editorial", "El estro de los locos", del querido amigo y poeta Nicolás Corraliza, obra plenamente de madurez de un autor cuyos primeros libros vieron la luz en Cáceres, al amparo de Norbanova, y que está llamado a convertirse en un auténtico referente, con su propuesta poética cargada de contenido, al abrigo de una armadura sencilla y directa, exenta de formalismos. Los poemas de Nicolás ponen de manifiesto que no son necesarios extensos parlamentos para decir lo que se pretende decir. Hacerse espectador de la realidad, traducir con los mimbres del verso sus latidos. En su justa medida y templando su silueta.  


Como uno no está reñido con la narrativa, y de hecho, siempre tiene alguna novela sobre la mesilla de noche, apuntaremos ahora otra, la que ha publicado Acantilado para continuar completando la producción del escritor austriaco Stefan Zweig, el título "Miedo", al que ya estoy deseando buscarle un hueco. 




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