domingo, 12 de mayo de 2019

La cultura como antídoto de la desesperanza

Lleva uno viviendo unos meses de gran intensidad laboral, salpicados de eventos que acaso aportan momentáneas sensaciones de desconexión, pero que no acaban de disfrutarse del todo cuando la mente continúa secuestrada. En las últimas semanas ha visto la luz "La complicidad de los amantes", el libro que acaba de publicar la editorial sevillana Takara y que llevaba esperando desde hacía tiempo. Viendo el resultado de su cuidada edición, la elegancia del color blanco, su capacidad para iluminar el itinerario de los poemas, uno no puede más que sentirse satisfecho. Tiene el libro un poco de ese sol propio de las tierras del sur, el que baña las playas de la hospitalaria Cádiz y llena de reflejos las orillas del Guadalquivir. De algo tendrán la culpa mis queridas Charo Troncoso y Carmen Sotillo, que han puesto todo su cariño en la realización material de este poemario. Pero la primavera ha traído también otras lecturas, otros encuentros. Prácticamente sin tiempo para pisar este año la controvertida Feria del Libro de Cáceres, cada vez más necesitada de reinventarse, no han cesado de acceder nuevos volúmenes a mi biblioteca y, en medio de ese maremágnum de responsabilidades y agobios que ha marcado el discurrir de estos últimos meses, aún ha habido instantes para continuar buscando en la lectura un tronco al que aferrarse, la llave de un universo que se encuentra más allá de las incertidumbres de lo cotidiano. Absorber contenidos, almacenar en la memoria las señas de identidad de creadores y experiencias que perduran una vez cerradas las cubiertas de la novela que acabas de finalizar (en mi caso, "Lluvia fina", de Luis Landero), o los cuadros cuyos matices y combinaciones de color captaron tus sentidos (puestos a recomendar, las sorprendentes pinturas de Balthus, que se pueden ver aún en el Museo Thyssen, de Madrid), contribuyen a desempolvar las neuronas y ahuyentar el aullido de esos fantasmas que generan pesadillas en los territorios donde habita el reposo. Interpretar la cultura como antídoto de la desesperanza y dar testimonio de sus frutos. 

No podía expresarlo mejor la poeta Efi Cubero, tras la lectura de "La complicidad de los amantes""Un libro de emociones reales vividas por el autor intensamente en sus viajes, en sus vivencias y lecturas, sus aficiones, pensamientos, idea del mundo, reflexión ante la humanidad, ante el dolor y la creación, ante la duda”,  e igualmente, así lo corrobora el poeta Basilio Sánchez: "La poesía de este último libro no se aleja esencialmente de esas primeras seducciones tuyas, pero gana en calidez expresiva y en hondura poética, tu surrealismo inicial se ha humanizado y tus referencias culturales están claramente al servicio de un orden superior que no es otro que tu idea de la poesía como sabia conjunción de tres elementos esenciales: la verdad, la belleza y el misterio". 

Y es que en todo reside la idea de la búsqueda, la que lleva a rastrear en los cimientos del conocimiento para tratar de dar significado a las grandes preguntas de la existencia, las que atormentan al hombre, que avanza a pasos lentos, edificando día a día su propia manera de interpretar el guion de la historia. 


Libros y más libros, para hacer habitables los desaires de la realidad














sábado, 20 de abril de 2019

Viernes Santo. Presagio del verano que aguarda

Abril de fuerzas que convergen en un puño, de sensibilidades que se agolpan pidiendo al tiempo que estire sus límites, que se vuelva maleable. El fin de la Semana Santa suele ser presagio del verano, que aguarda vencidas las lindes de la primavera, aunque a veces, como este año, el clima prefiera jugar al despiste, con su atavío de borrascas y caprichosos aguaceros. Más que nunca, uno añora los días de libertad que el calendario reserva tras estos meses de incertidumbre, libertad que es espacio en blanco, veredas que transitar por el territorio inviolado de la palabra. Aún resuenan los redobles de tambor en el universo pétreo de las calles húmedas, los despojos de la cera sobre los adoquines, la perplejidad de los ojos frente a la visión del cuerpo magullado de Cristo. Una mariposa se ha posado sobre su pecho, la tarde de Viernes Santo, con la lluvia prendida de las nubes, amenazadora, pero también salvífica, acaso garante de esa vida que parece agotada en las llagas del crucificado. Aún no se ha escrito todo. Los libros se acumulan expectantes en los anaqueles de mi biblioteca. También esperan con avidez la llegada de un verano todavía distante. Entretanto, la procesión apresura su paso, resguardada bajo los paños del plástico protector, los cofrades desconcertados, atenta la luna llena, intermitente en medio del chubasco, cuando la música ya ha difuminado sus notas, plegándose a los hados de la intemperie.  Son los sones del Descendimiento, de la Lluvia fina, que esculpen las plumas de Ada Salas y Luis Landero, en el ocaso de un Viernes cuyas heridas aún supuran. De nuevo, vuelven las aguas a su cauce. Las imágenes recobran poco a poco su emplazamiento en los templos, los corazones aflojan la tensión, cuentan las horas para vestirse con los ropajes de la luz. El estío aproxima su caricia sobre los miembros, se reivindica en las entrañas del cuerpo adormecido sobre las losas del sepulcro. Todo un futuro que pide ser escrito, proclamado a viva voz para consuelo de quienes deambulan sin rumbo por los páramos de la existencia. 


El Cristo Negro de Cáceres es colocado nuevamente en su capilla, la mañana del Sábado Santo

sábado, 30 de marzo de 2019

Arte y literatura en la Feria del Libro de Trujillo

Un año más, la primera cita del calendario literario tiene lugar en el marco de la bellísima Plaza Mayor de Trujillo, uno de los lugares más hermosos entre los muchos que afortunadamente tenemos en Extremadura y que aún aguarda ese momento de ser reconocido como Patrimonio de la Humanidad que por tantos motivos merece. Cita con mayúsculas con el libro y con todo lo que le rodea de expresión artística y cultura. 



Plaza Mayor de Trujillo durante la Feria del Libro

Una ocasión de nuevo para disfrutar de autores y obras en riguroso directo y para compartir momentos ciertamente inolvidables. Aun cuando la Feria del Libro arrancó el miércoles 27, con las primeras presentaciones (entre ellas, la de "Anglofantasmas", de Vicente Rodríguez Lázaro, de la editorial Norbanova, de la que uno es un poco cómplice), ha sido el viernes cuando hemos desembarcado materialmente allí, con la preparación de la exposición "Ilustraciones literarias" de la artista Deli Cornejo, que finalmente se ha montado en el Palacio de la Conquista, compartiendo espacio con las estupendas obras de la también ilustradora y diseñadora gráfica Silvia Campos, logrando integrarse ambas muestras en un espacio de trazos y colores que podrán verse hasta el domingo 31 en que se clausurará la Feria y que desde el primer momento han atraído la atención de cuantas personas se han acercado a visitarlas. 





Algunas imágenes de la exposición conjunta de las ilustradoras Silvia Campos y Deli Cornejo

Con los cuadros ya dispuestos en las viejas paredes rocosas del Palacio renacentista, la Plaza Mayor ofrecía toda su amplitud y hospitalidad al elenco literario que forman escritores, editores, libreros, dinamizadores culturales, etc. Grandes nombres de la poesía para la tarde del viernes. Memorable el mano a mano de los dos "Loewe" extremeños, Álvaro Valverde, y el flamante Basilio Sánchez, con sus obras "El cuarto del siroco" y "He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes", con el omnipresente Miguel Ángel Lama como maestro de ceremonias. Muy acertada la sugerencia de los poetas de que se reconozca la labor del catedrático de la Facultad de Filosofía y Letras de Cáceres, cuyo compromiso con las letras extremeñas viene ya de años, habiendo contribuido en no poca medida a que estas se encuentren en el lugar de privilegio que hoy ocupan. Poesía pues, de alto nivel con dos de nuestros más laureados y reconocidos escritores, uno de los cuales, el placentino Álvaro Valverde, era galardonado esa misma víspera con el II Premio Nacional de Poesía Meléndez Valdés, precisamente por su libro “El cuarto del siroco", cuyo éxito entre los lectores está resultando prácticamente unánime. 




Presentación de los libros "El cuarto del siroco" de Álvaro Valverde y "He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes", de Basilio Sánchez, con Miguel Ángel Lama

Pero también se pudo disfrutar de los relatos de Antonio María Flórez o de los poemas de la escritora Montserrat Villar, que acaba de publicar en la editorial Lastura su libro bilingüe "Sumergir el sueño", con prólogo de Juan Carlos Mestre, quien poco después, acompañado del cantautor Amancio Prada protagonizarían otro de los momentos estelares de la noche, con el estreno de "Cavalo Morto", disco libro con diez canciones sobre letras de Mestre con música de Prada, algunas de las cuales interpretaron en la propia carpa de presentaciones con un público completamente entregado. La experiencia de compartir luego mesa y mantel con ellos y con otros muchos amigos del mundo de la escritura y el arte es algo que para quienes les admiramos y ansiamos aprender, realmente no tiene precio. 




La complicidad de Mestre y Amancio Prada, 
con un auditorio a rebosar para escucharles


Fragmento del tema "Compañerita", 
incluido en el disco "Cavalo Morto"

Finalmente, las exposiciones se inauguraron el sábado, pasado el mediodía, con presencia del Alcalde de Trujillo y la Concejala de Cultura del Excmo. Ayuntamiento, entre un goteo constante de visitantes. Mientras, en la carpa, el barquito letrero de Pilar Alcántara y Cora Ibáñez volvía a surcar los mares, para delicia de los pequeños lectores que disfrutaron de la lectura y escenificación de sus poemas, cargados de valores y sentimientos imprescindibles en un mundo tan necesitado de ellos. 



Inauguración de la exposición. Las dos ilustradoras


Con toda la troupe de "El barquito letrero"

La tarde volvió a iniciarse con poesía. Autoras como Rosario Guarino o Isabel Blanco Ollero estrenaban sus nuevos libros y tras ellas, le tocó a uno subirse otra vez al estrado para compartir palabra y amistad con el escritor Hilario Jiménez Gómez, en la presentación conjunta de los libros "Líneas de tiempo" y el recién publicado por Norbanova, "TERRA", antología que junto a la editada en la misma colección "Baúl de palabras" en 2017, "AQVA", constituyen dos verdaderas joyas, tanto literarias como por las características de su edición, que incluyen las magníficas ilustraciones que la artista Deli Cornejo concibió para estos poemas, y que forman parte de la muestra que estos días puede visitarse en el Palacio de la Conquista, donde también se exponen las realizadas por la misma autora para "Líneas de tiempo". Ha sido un festín de palabras compartidas, de versos diferentes, pero fruto de un espíritu creativo similar, donde el universo poético se construye a la medida de las propias referencias personales, situando al poeta como protagonista de un mundo que aunque surgido de sí mismo siente la vocación de hacerse partícipe de todo aquello que le rodea. De todo eso hay mucho en en estos libros.


Presentación de "Brigid o el fuego de la transformación", 
de Isabel Blanco Ollero, con Caridad Jiménez Parralejo




Presentación de "Líneas de tiempo" y "TERRA",  
con Jesús M. Gómez e Hilario Jiménez



  

sábado, 23 de marzo de 2019

En Badajoz: Reseña íntegra de la presentación de "Las regiones de la melancolía"

Volver a Badajoz, ciudad en la que residí durante esos años que marcaron el cambio de siglo y de milenio, fue ayer toda una experiencia gratificante y más aún cuando vuelves para hacer de maestro de ceremonias en la presentación del primer libro de poemas de un buen amigo, que de este modo hacía realidad uno de sus sueños, ver impresos en papel sus propios versos. Pasear por las calles del casco antiguo de la capital pacense, subir hasta la Plaza Alta y percibir su inconfundible aroma de ciudad fronteriza y de tránsito de culturas, sin duda es algo que a uno le acerca por unos instantes a esa sensación de libertad que tanto se echa de menos en el día a día de la vida cotidiana. El mejor recuerdo que se puede tener de una velada así es el que deja en los labios la lectura de una poesía íntima y cercana como la de José Antonio Patrocinio, pese al tono nostálgico y a veces sombrío que está presente en muchos de los poemas de su libro "Las regiones de la melancolía". Ya dejó apuntado que su inspiración brotaba de la lectura de autores como Rubén Darío e incluso se permitió recordar los primeros versos de su poema "Lo fatal". Lo demás vino ya de corrido, y uno se siente a gusto en brazos de un auditorio que se percibe agradecido y receptivo. Por eso, mi mejor tributo no puede ser otro que el de reproducir íntegramente el contenido del texto que a modo de reseña introductoria había elaborado para dar a conocer este libro y que tuve oportunidad de leer en el incomparable marco de las Casas Consistoriales de Badajoz junto a un autor tan próximo en tantos aspectos y tan querido. 


JOSÉ ANTONIO PATROCINIO: “Las regiones de la melancolía”
Badajoz, 22 de marzo de 2019.

Presentar la obra de alguien con quien tienes tantas cosas en común es siempre una satisfacción, pero también un reto nada fácil, ante el riesgo de dejarse arrastrar por el automatismo de los sentimientos y la complicidad de las experiencias vividas. Se antoja necesario sin embargo esbozar algunas líneas para explicar cuál ha sido el camino que hemos andado hasta poder tener en nuestras manos “Las regiones de la melancolía”, opera prima del magistrado y escritor José Antonio Patrocinio Polo, que hoy tenemos el honor de dar a conocer en este bellísimo escenario de las Casas Consistoriales, en la histórica y multicultural Plaza Alta de la siempre hospitalaria ciudad de Badajoz, donde el poeta trabaja y reside. Nos conocimos precisamente aquí, en esta población de contrastes, y no es la primera vez que compartimos aventuras literarias. Recuerdo que, estrenado el milenio, ya intercalamos versos en el viejo café “La Regenta”, en Valdepasillas, entre aromas de cerveza y humo de tabaco, en medio de un ambiente poético pacense que tan bien supo acogernos en aquellos años de mudanzas y andares. Fue precisamente quien hoy presentamos el que a su vez me presentara en la lectura que, en otro marzo, ya lejano, ofrecí en el Ateneo de Badajoz, cuando se encontraba en los locales de la calle de San Juan, presidido por el escritor Santiago Corchete. Desde entonces, sé que José Antonio no había dejado de escribir poemas, que iba seleccionando textos y purgando estrofas a la búsqueda de una palabra propia, de un discurso íntimo que modelaba a medida de su trayectoria vital, pero sobre todo, que alimentaba con el torrente de sus lecturas, piedra angular de su vocación literaria, pues sabido es que siempre un gran lector tiene garantizadas las bases sobre las que levantar su propio verbo, dar contenido y definir un estilo y una forma de expresar todo aquello que pide ir más allá de las páginas de los libros que con avidez van pasando por sus manos.

“Las regiones de la melancolía”es en gran medida el resultado de todas esas lecturas, maceradas en el tamiz de la personalidad de su autor, un libro que, sin perjuicio de inequívocas referencias y elementos heredados de aquellas, ha sabido erigirse, con la robustez de un tronco firme, de una muy característica manera de enfrentarse a la contemplación del mundo y la existencia humana, en particular. Al poeta como lector se añade pues el hombre, esta vez en su condición de espectador, de caminante, que deambula por un territorio donde las incertezas, los amagos de desasosiego, le acompañan y están presentes en la definición de su mirada. Con un lenguaje cercano, pero estudiado, cada poema es una colección de pausados ritmos, de combinaciones métricas en absoluto improvisadas. El autor sabe lo que quiere transmitir y la forma de hacerlo, hurgando en la búsqueda de lugares comunes en los que la experiencia vital se convierte en protagonista, como también lo son la tarde, el crepúsculo, los paisajes y el aroma de los campos. 

Un acierto, sin duda, el título elegido para dar idea de la trama argumental del poemario. El poeta, el hombre, medita y acumula sentimientos que son universales, reflexiones necesitadas de respuesta. Nos habla así de “la nostalgia de lo pasado”, contempla desde su privilegiada atalaya“el resto de su vida”, y pide al silencio que le acompañe en su recorrido. El diálogo consigo mismo que recuerda las Soledadesdel inmortal Machado, los soliloquios de quien, resignado al experimentar la huida del tiempo a orillas de un mar en calma, mediado el verano, a punto de que el cielo se ilumine, forman parte de ese mundo que el autor va dibujando al compás de sus versos. Estos se llenan de sensaciones, de personajes que habitan su memoria y toman cuerpo a través de los poemas. “El declamador”, El visitante”, “Desamparada”. Pero siempre la nostalgia, la visión doliente de la existencia que bebe de múltiples lecturas y momentos de indecisión a bordo del insomnio, cuando el universo parece empequeñecerse alrededor y solo se atisba la ruta inexorable de un horizonte desconocido y poblado de ausencias. Como la de la madre muerta del inefable Meursault, de “L’étranger”, cuyo recuerdo atormenta al protagonista de la magistral novela de Albert Camusy que aquí aparece en los reglones de “Los astros, a lo lejos”, sometida a la visión nerudiana del poeta que ve cómo la noche toma posesión de lo cotidiano. Como la del chico devorado por los rigores del páramo, que a las afueras de todo enfrenta sus ojos con los de la Parca, descarnados y extraños, incomprensibles. En “Dignidad”, el poeta toma como referente al escritor pacense Jesús Carrasco e interpreta hasta erizar el vello una de las secuencias de su novela “Intemperie”

La incertidumbre como argumento poético, la añoranza de la lluvia que como bautismal óleo redima la espera de quien aguarda y sopesa los ahogos de la existencia son constantes que marcan el desarrollo del libro: “Pronto llegará la lluvia/ y con ella la paz de las naciones/ anticipando el regreso de los nuevos tiempos/ y el anhelado silencio de los cañones.En un mundo convulso, aún queda tiempo para la esperanza, aun cuando “Aprender a llorar”resulte inevitable tantas veces y hasta necesario ante tantas muestras de dolor e injusticia. Así, otro de los elementos temáticos que está presente en el libro es la figura del Creador, del Dioscon mayúsculas al que el poeta interroga (como en el poema “Las preguntas”), un Diosno exento de desazones y turbulencias que pende cual espada de Damocles sobre el discurrir del ser humano, necesitado de un báculo liberador, de una orilla a la que aferrarse. Si antes comentábamos la proximidad del poeta al fatalismo de Camus, sus palabras están inflamadas de una fuerte impregnación del pensamiento unamuniano, de ese sentimiento trágico que estremeció durante toda su vida al pensador bilbaíno, confundido en medio del conflicto entre la razón y la trascendencia. En su poema “Vacío”, Patrocinio recrea las tribulaciones de aquel Manuel Bueno, mártir, que en realidad, D. Miguel quiso convertir en reflejo de sí mismo. 

Aunque estamos ante un libro reflexivo y melancólico, los versos de “Las regiones de la melancolía”tienen también su hueco para el consuelo, para la reconciliación con el propio yo y su lugar en el camino de la vida. Antes hablábamos de la lluvia como promesa, pero también el poeta aspira a empaparse de esa serenidad que invocaba Fray Luiscomo salvoconducto para alcanzar su particular nirvana, el del equilibrio, el de la expulsión de todo aquello que contamina la mirada y trastabilla los pasos. De nuevo Dios, y la humildad de quien pretende alcanzar la paz “ligero de equipaje”, como diría Machado, con el solo hábito de la autenticidad y la belleza de las cosas verdaderas. Porque la vida encuentra su sentido cuando se convierte en hombro al que el ser querido se arrima, en brazos con que guarecer al amado y apartar las adversidades. 

Canta el poeta a su tierra, “La tierra de la claridad”, ausente de los estereotipos de líricas trasnochadas, buscando retratar en sus versos la realidad de unas gentes que hicieron de aquella su forma de concebir la existencia. La tierra seguirá siendo en todo caso el mejor y más seguro de los baluartes, el último santuario donde abismarse para siempre hasta confundirse con ella. En definitiva, desembocan allí los ríos que fluyen a través de las regiones de la melancolía, dando sentido a las palabras, ese que no es otro que el de permanecer, de dar testimonio de lo que somos y de lo que fuimos. Lo dice el poeta: “reposaré eternamente en la extensa tierra de mi sangre/ cuyo nombre habré de recordar para siempre/ porque allí resiste y sigue en pie la casa de mi padre”

No les defraudará leer este primer poemario de un escritor que seguro será solo el principio de una prometedora singladura literaria. Sus lecturas son ahora también las nuestras, sus versos, los de todos nosotros, su paz, la que le invade al finalizar este periplo poético, la misma que nos confortará al entornar la última de estas páginas, cuando ya se anuncien tras los vitrales los primeros colores de la madrugada. 


Jesús María Gómez y Flores. 22 de marzo de 2019. 



sábado, 9 de marzo de 2019

Ansiedad y escritura automática

Cuando la ansiedad se apodera de tu vida cotidiana, inevitablemente todo sufre un proceso acelerado de cambio. Uno lleva conviviendo con ella desde hace tiempo, y ya es prácticamente un miembro más de la familia. Las cosas pasan demasiado rápido, las horas son bólidos que se escapan de las manos, las agendas echan humo. No hay sitio ni hueco entre las manecillas del reloj para albergar más vivencias. Apenas la lectura sobrevive, camuflada entre miles de folios que exigen urgente respuesta, con la vida en juego de personas cuyo destino depende enteramente de tus decisiones. En este contexto, la escritura automática sale al paso con sus flashes, con su discurso poblado de instantáneas, como el filo de un cuchillo cortando el aire. La dictadura del reloj cercena los recursos del idioma. Parece más pequeño el mundo si se contempla desde los versos de un haikuMás intenso, sin embargo, obligado a condensar su aliento en el espacio milimetrado de su métrica. Este marzo no se aviene a los cánones marcados por la ortodoxia. 


Continúan los libros apilándose en las estanterías, sin un destino fijo, aguardando quizá los libertinajes de un verano que se antoja incierto, plegado a las incertidumbres del presente. Entretanto, lo que uno escribe no puede prescindir de lo que pronto verá la luz, y de lo que no hace mucho alcanzó la madurez. No me sorprende que de los dos ejemplares de "Líneas de tiempo" que deposité en una de las librerías de Cáceres, solo uno se haya vendido. Ojalá las exposiciones en que próximamente se incluirán sus ilustraciones contribuyan a devolverlo a la actualidad. La ansiedad te hace escribir cosas de las que luego te arrepientes, tener ideas abominables. Me encantan los biopics sobre escritores. Pese al excesivo teatro, a la exaltación sobreactuada del mito. He visto varios en estas últimas semanas. No entiendo por qué me gustan tanto los autores ingleses si uno de mis socavones es precisamente la incapacidad para hacer mía la lengua de Shakespeare. Al menos, me conformo con poder leerla. Recomiendo las versiones que de las vidas de Mary Shelley John Keats han hecho las directoras Haifaa al Mansur y Jane Campion. También sus bandas sonoras. Buena opción para quien pretende escribir y desconectar de la realidad por unos instantes. 




No obstante, siempre hay que volver, descubrir que lo cotidiano maniata tus ansias de libertad, que la escritura es solo un pretexto para sentirse diferente en un universo globalizado, preso del yugo de las redes. Pronto se habrá publicado "La complicidad de los amantes". Quien lo lea pensará que su autor no pertenece a este tiempo. Quizá no le falte razón. 


viernes, 15 de febrero de 2019

Madrid

Cuando se trata de Madrid, algo me toca la fibra sensible. Aunque nacido y crecido en una ciudad de provincias, me resulta irresistible la tentación de la capital, sobre todo si por una u otra razón, acaso inconfesable, te ha impregnado el alma. Uno tuvo, y debe tener aún, familia en esa ciudad de contrastes, aunque hayan pasado años alumbrados por el vacío de un silencio inescrutable. Alguien me dedicó una vez un libro de imágenes -de eso han pasado más de cuarenta años- para que conociera "su Madrid", y sin pretenderlo, luego la urbe colonizó el tejido de los sueños, la ambición de una libertad escrita en las hechuras de un futuro todavía imberbe. No sé qué habrá sido de aquellos parientes cuya pista se perdió en los meandros del tiempo. En vano las hemerotecas sirvieron para algo y tampoco esa dirección en una vieja agenda consiguió facilitar un reencuentro. Uno vio teñirse la ciudad de anonimatos, de indiferentes trayectos en metro, de abortados recuerdos de un pasado que reclamaba con urgencia la complicidad del olvido. 


Hoy, sin embargo, tienen algo de mágico sus calles, en ellas habitan espíritus que han sabido compartir la transparencia de la palabra, el íntimo eco de versos nacidos con el empeño de una libertad acaso profetizada en su cartografía de sensaciones. La presentación de "Líneas de tiempo" fue la tercera que uno de mis poemarios protagonizó allí. Esta vez con el escenario de El Retiro, donde confluyen aromas de inveteradas ferias del libro, de escritores curtidos firmando en sus casetas, de adulta poesía. Resultó gratificante el encuentro con tanta gente cuya fidelidad ha conseguido rebasar las fronteras de la distancia y el calendario: Paco Caro, Antonio Linares, Antonio Daganzo, Paco Castañón. Mónica Gabriel y Galán, Fernando López Guisado, Manuel Neila, Rosa María Estremera...Rafael Soler, sobradamente excusado. Todos han pasado por el Aula de la Palabra o están a punto de hacerlo. Y no dudaron en arropar esta nueva propuesta que Ediciones Vitruvio, con su director Pablo Méndez, ha querido apadrinar, acogiendo imágenes y sílabas. Uno piensa a veces en eso de que nunca se es profeta en su tierra y la acogida de esta grey madrileña contribuya quizá a darle la razón. En estos días, mi buzón se abrió también para recibir las novedades de no pocos amigos. De Ediciones Vitruvio y de la mano de la poeta Rosa María Estremera, que pronto estrenará nueva publicación, me llega el espléndido núm. 6 de Tinta en la Medianoche, donde aparecen tres poemas del libro "La complicidad de los amantes", actualmente en imprenta, y que Takara Editorial publicará en las próximas semanas. Otro envío me deja "Un cuaderno de Tokio", la última propuesta poética de Jesús García Calderón, extremeño afincado en Granada, que publica la editorial Ánfora Nova y cuya primera impresión no puede ser más prometedora, alimentando la lectura sosegada que merece. No hace mucho, fue Paco Caro quien me dejaba su antología "Este nueve de otoño", repitiendo en Lastura, de la mano de Lidia López Miguel, como ya hiciera con su imprescindible Plural de Sed.  En pleno recital, en la Casa de Fieras de El Retiro, recibía de manos de su autor "Los corazones recios", el último trabajo de Antonio Daganzo. 


Y entretanto, uno anda hurgando en sus más candentes proyectos para responder a la demanda que Isabel Miguel me hace para la revista "Álora, la bien cercada", en cuyo más reciente número colaborara la ilustradora Deli Cornejo, autora de las láminas que iluminan ese "Líneas de tiempo" que fuera excusa de nuestro regreso a Madrid, estrenado febrero, para reencontrarnos con el sabor de la libertad.

domingo, 27 de enero de 2019

Escenarios de lectura. Libros para el año 2019

De siempre, mis escenarios han querido respirar literatura, complicidad de palabras y páginas. Lugares que son excusa para el disfrute de las letras, para oxigenar por completo la opresión de la vida cotidiana. Por eso mismo me refugio en los libros, desdoblo la personalidad para hacerme otro. Convierto mi biblioteca en el santuario de los tiempos muertos, la pantalla de mi ordenador en portal abierto a otras dimensiones, donde uno se despereza sin pudor. Hoy contemplo el acopio que vomitan mis anaqueles, aguardando su momento. Dos mil diecinueve ha comenzado con fuerza, abombando las baldas de mis estanterías, requiriendo la connivencia de esos espacios en blanco que ofrece el reloj. Sé que no es baladí la elección de los textos, que habrá algunos que dejarán huella más allá de la intimidad de su lectura, secuelas que marcarán el ritmo al propio oficio del escribiente, al volátil sendero de los meses que se abren por delante. Novela o poesía, filosofía o ensayo, seguro que no habitarán en vano mis horas de insomnio, como tampoco los autores con los que tendré la oportunidad de compartir mesa y mantel, luego de haber recibido de sus labios el sagrado ungüento de su palabra, de su sabiduría. El pasado viernes fue Álvaro Valverde. Vendrán otros, con vientos distintos, enarbolando las banderas de la creatividad y la cercanía. No pretendo más que empaparme de esos instantes, conservar su esencia al otro lado del presente. Apilo con paciencia pues, cuantos títulos me han llegado en estos primeros días del nuevo año, deseando dar cuenta de todos ellos, aunque algunos habrán de aguardar su llamada. Entretanto, uno acaba de estrenar libro y pronto hará su desembarco en las avenidas de la capital, estrenado el mes de febrero. Y aún espera poder tener en las manos aquellos poemas más jóvenes, que sueña con ver publicados desde hace tiempo. El tiempo manda, y sus designios son inescrutables. Uno solo escribe y lee conforme a los latidos del calendario. 


Ahí están, esperando su momento. Deseando disfrutarlos



viernes, 18 de enero de 2019

"Líneas de Tiempo". Texto de la presentación a cargo del poeta Basilio Sánchez

Finalmente, presentamos "Líneas de tiempo" en Cáceres. No soy la persona más indicada para ofrecer sus impresiones sobre ese acto, que desde luego, se vivió intensamente, junto a una gran colección de amigos y personas muy cercanas, amantes de la literatura que uno hace. Mejor sirvan de muestra las palabras de un grande como el poeta Basilio Sánchez, último premio Loewe de poesía y flamante premio Centrifugados, que ofició de presentador, para aproximarse al contenido del libro que fue protagonista de aquella inolvidable velada. Una verdadera gozada de reseña que reproduzco a continuación. 

LÍNEAS DE TIEMPO
Jesús María Gómez y Flores

No cabe duda de que Jesús María Gómez y Flores es hoy un poeta maduro, de una calidad y una exigencia fuera de lo común. Autor de una decena de libros de poesía, la precisión de su palabra y su exquisito manejo del lenguaje —en ningún caso gratuito—, están en su escritura al servicio de un pensamiento poético de profundo calado en el que se recogen, junto al sentimiento elegiaco de la existencia (el temor a la pérdida de lo que se ama), una actitud ética ante la vida y una toma de posición frente a las injurias de la historia y el desmoronamiento de nuestros valores. 


En sus libros, la infancia y el entorno familiar, de capital importancia, se convierten en el telón de fondo sobre el que proyectar las incertidumbres del futuro. Y también el amor, casi siempre presente en su poesía, que él trata con delicadeza y elegancia y que acompaña sus pasos por ese territorio de lo efímero que constituye nuestra experiencia de la vida, iluminando un trayecto lleno de incertidumbres y amenazas.


Poesía, la suya, para aferrarse a las personas y a los sentimientos que nos justifican; poesía que no rehúye el uso inteligente de la cultura para intensificar el flujo meditativo de la conciencia; poesía, en definitiva, para aventurarnos a lo desconocido y para relacionarnos con el mundo de la única manera que pueden hacerlo los poetas de la verdad: con dignidad, humanidad y respeto. 

Pero todo poeta tiene sus arqueologías, sus balbuceos germinales, ese núcleo poético fundacional que, en la mayoría de los casos, acoge en su interior la semilla rudimentaria de la obra futura. Tanteos primitivos en los que está presente, de una manera muchas veces imperceptible, el tono original del poeta, esa forma privativa que tiene cada escritor de relacionarse con las palabras y, a través de ellas, con lo que le rodea; esa manera absolutamente propia que tiene cada autor de trasladar a la escritura su manera de pensar, de respirar o de administrar sus silencios.

Lo realmente extraño, en el caso de Jesús María, es que esos primeros poemas, esos libros escritos en su primera juventud hubiesen quedado inéditos hasta la fecha a pesar de haber obtenido, en el ámbito regional, los premios literarios más relevantes de la época. Es de agradecer, por tanto, que, con algunas revisiones, se haya animado a publicarlos ahora y que nos haya facilitado de esta manera a sus lectores —además del placer de unos poemas que, aunque alejados de sus planteamientos actuales, gozan todavía de una envidiable salud— una herramienta fundamental para contemplar con perspectiva la totalidad de una obra que, por su calidad, se ha ido haciendo un hueco sobresaliente en el panorama actual de nuestras letras.

Su andadura poética se inicia en 1985 con su libro Escaparate con muñecas, que obtiene el primer premio en el certamen poético “Residencia Universitaria San José”, de Cáceres (VII Edición), y del que sólo algunos poemas se publicarían más tarde en revistas como “Residencia”, “Alor Novísimo” y “Oropéndola”. A aquellos años pertenece también el libro Autoconfesiones, publicado —el único de esa época—en la efímera editorial “La Hidra Ediciones”, en 1988. 

Finalizada su etapa universitaria, en 1989, su poemario La dama de Shalott, es galardonado con el primer premio en el concurso de poesía “Ruta de la Plata”, en el que volvería a obtener, en la edición de 1993, un accésit con su libro Arquitectura y Convivencia. Ambos títulos, junto con otros más que ha decidido descartar en esta recopilación, han permanecido inéditos hasta hoy.

El libro que hoy nos ocupa, Líneas de tiempo, hermosamente editado en la colección “Baños del Carmen” de la editorial Vitruvio, en la que Jesús María ya ha publicado otros volúmenes, reúne esos tres libros inéditos y una plaquette, Aguardando la lluvia de octubre, también inédita, escritos entre 1985 y 1993. 

Es un libro que tiene la particularidad, además —como ya se ha adelantado—, de que incluye siete hermosas ilustraciones de Deli Cornejo elaboradas a partir de un diálogo íntimo con los poemas que aquí se recogen y con las experiencias vitales, en gran parte compartidas con el autor, que pudieron haberlas suscitado. Unos dibujos que han sabido acomodarse a los contenidos surrealistas, venecianos y de evocación mitológica que conformaban el andamiaje poético de Jesús María en aquellos años de formación literaria. Un universo poblado de personajes de índole espiritual que, en la órbita de la pintura prerrafaelista, las imágenes visionarias de William Blake o las recreaciones de la antigüedad clásica de Waterhouse, discurre en paralelo, iluminándolo, al universo imaginativo del poeta en ese primer tramo de su producción creativa.

Centrándome ya en la lectura de los poemas, aunque hay diferencias formales y temáticas significativas entre los tres libros y la plaquetteque conforman este volumen, yo creo que todos tienen dos cosas en común. La primera es el sentimiento amoroso que los vertebra y, la segunda, desde el punto de vista estético, la poderosa influencia de los poetas románticos ingleses y de la retórica surrealista. 

Con relación a la temática amorosa, que es verdad que enhebra como las cuentas de un collar el conjunto de los poemas, la forma de abordarla es, atendiendo a la cronología de los libros, muy diferente entre los primeros y los últimos: En Escaparate con muñecas y en La Dama de Shalott (ambos escritos en la década de los ochenta), y sobre todo en este último, ambientado en las leyendas artúricas y en los amores trágicos de Madelaine de Astolat, recogidos en la balada lírica del poeta inglés Tennyson, es un amor aciago y turbulento, un amor romántico y desesperado que se precipita, destructivo, por los abismos de la incomprensión hasta su desaparición definitiva. A partir de los noventa, sin embargo, y bajo la influencia de una nueva relación personal, la soledad y el abandono dan paso a una fervorosa comunicación con la vida, a una reconciliación con los sentidos y a una esperanzada manera de enfocar la existencia. Arquitectura y convivencia, de 1993 —el último de los libros aquí recogidos— es, en palabras del propio autor, el cuaderno de bitácora de este viaje que, bajo la influencia de las luces atlánticas y sin estar exento de turbulencias, se desarrolla a través de un tiempo nuevo y de unas nuevas certezas vitales y literarias que acabarán llevándole al hombre y al poeta que es ahora.

Hace bien Jesús María al colocar en el frontispicio de esta recopilación de su primera poesía una cita de Vicente Aleixandre, el poeta del amor, de la vida, de la inocencia y de la dicha, porque su poesía brilla, en estos primeros embates, con las luces desenfocadas del surrealismo y con las visiones fragmentarias atrapadas de pronto en medio de la fuga desesperada de los pensamientos.

Poemas conducidos por el automatismo de la belleza bajo los cielos anaranjados de los crepúsculos prerrafaelistas, arrancados al curso de la vida en las cuartillas de un dorado velador de otra época. Hay en esta poesía —y cito aquí algunos versos del autor— salones venecianos de luces opalinas y paisajes modernistas con vitrales y fuentes, con miradas oscuras, acechantes, en las proximidades de la muerte. Hay noches iluminadas por las salvas compasivas de las estrellas y por la lluvia blanca de un amor entregado sin condiciones, pero también sin esperanza.

Una poesía que oscila entre la alegoría de las máscaras de carnaval y el silencio del alma en la cuaresma de los recogimientos, de los claustros oscuros de los que van brotando, frente al paso del tiempo, las palabras.

Poesía que, con los años, y bajo la influencia bienhechora de unas nuevas experiencias vitales, va aprendiendo a elevarse — como lo hacen las torres de luz blanca, como lo hacen los cuerpos que se aman—, en el anochecer de los relámpagos y en la honda madrugada de las tormentas. Poesía que inaugura en el taller de la música la caricia del alba, la profunda embriaguez de los sentidos; que se ofrece de pronto a la visión del mar y a la contemplación del horizonte, de los cielos sin límites. 

Una ciudad oscura se ilumina, en el último tramo de este libro, con el metal de los poemas, con el brillo de un beso. Una ciudad se alza, ligera de equipaje, sobre la desnudez de los amantes que, empapados de luz, se arrojan al encuentro para dejar atrás, en medio de las aguas de un gran lago nocturno, la barca de madera de una vieja princesa melancólica.

Hace bien mi amigo Jesús María al empezar el último de los libros que componen está recopilación, Arquitectura y convivencia, con una dedicatoria a Deli Cornejo, su mujer, porque creo que le confiere al conjunto de toda esta obra inédita, desarrollada a caballo entre finales de los ochenta y principios de los noventa, una profunda y necesaria intensidad humana, una concreta fijación a lo real. Porque convierte en biografía y emoción —que es lo que en definitiva se les pide a los buenos poetas— lo que podría haber sido sólo literatura.

Alphonse de Lamartine, que no era un poeta romántico inglés, sino francés —y con esto termino— escribía en el prefacio a sus Primeras meditaciones, que él “había sido el primero en hacer descender la poesía del Parnaso y había dado a la Musa, en vez de una lira de siete cuerdas de convención, las fibras mismas del corazón humano, tocadas y enmudecidas por las innúmeras fricciones del alma y de la naturaleza”. No sé si Lamartine, en los desvelos de su inspiración, llegó a ser realmente el primero que hiciera descender a la poesía desde las alturas del Parnaso a las profundidades del corazón, de lo que sí estoy casi completamente seguro es que Jesús María Gómez y Flores, nuestro poeta, fue el segundo. 


Basilio Sánchez

15 de enero de 2019










lunes, 7 de enero de 2019

El embrujo de Camelot. La leyenda de la Hermosa Doncella de Escalot (Shalott)

Llegados al punto de retomar esta bitácora, estrenado un año nuevo, no me sorprenden las dificultades que ello supone en la búsqueda del mejor "escenario" para ir dando rienda suelta a ideas y palabras que sirvan de frontispicio a una andadura más de este escaparate virtual al que uno ya le ha cogido cariño por la mayor versatilidad que ofrece frente al entorno más restringido y limitado de las publicaciones en redes sociales. 

Llevo hablando mucho estos días del libro "Líneas de tiempo", que acaba de publicar Ediciones Vitruvio y que presentaremos el próximo martes, 15 de enero, en Cáceres. Prometo no seguir insistiendo con este tema, pero sí que esta primera entrada de 2019 beberá de sus fuentes para transportarnos a un universo creativo al que de alguna manera se rinde homenaje en las páginas de uno de los poemarios que integran aquella obra. No es tampoco la primera vez que me sumerjo en las envolventes aguas de la literatura inglesa del siglo XIX, y más en concreto, en la que protagonizaron autores hoy calificados como románticos, y también aquellos otros posteriores, que escribieron durante la llamada época victoriana, casi rozando ya el cambio de centuria. La complejidad y diversidad creativa en diferentes ámbitos durante esos años generó un curioso fenómeno de gusto por modelos literarios y artísticos muy anteriores, basados sobre todo en la antigüedad clásica o los maestros renacentistas, que a su vez se habían inspirado en esta. También se produjo un rescate de elementos pertenecientes al imaginario de la leyenda y los relatos medievales, lo que se llamó  medievalismo victoriano, cuyos personajes y héroes se convirtieron en protagonistas de numerosas obras. Si traigo a colación todo esto es porque a finales de los años ochenta del pasado siglo, una de esas leyendas, ambientada en este caso en la cosmología artúrica, me entró literalmente por los ojos, a través de una pintura y luego, profundizando en su contenido, me llevó hasta la obra de un poeta inglés que había incorporado aquella historia a sus versos


Poema original de Alfred Tennyson, publicado en 1832. Incluido en el libro "The Works of Tennyson", publicado por MacMillan & Co., en Londres, en 1898. 


Ilustración de Dante Gabriel Rossetti para el poema de Tennyson

"The Lady of Shalott", inspiró así el cuerpo central de un poemario que luego fue premio "Ruta de la Plata" y que ahora ha podido editarse en su integridad en el ámbito de "Líneas de Tiempo".  Hasta 1993 no pude contemplar el cuadro más icónico del pintor John William Waterhouse, en la antigua Tate Gallery de Londres (hoy Tate Britain), junto a otros pertenecientes a la Hermandad Prerrafaelita, de la que si bien no fue propiamente miembro, sí epígono y seguidor durante uno de sus períodos artísticos. Luego volví en 2013 y allí continuaba con toda su fuerza, volviendo a inspirar una nueva semblanza poética que se incluiría en "Escenarios" (2014). Me costó sin embargo acceder al texto en inglés de Alfred Lord Tennyson. Hay que agradecer al poeta y traductor Antonio Rivero Taravillo su excelente traducción y recopilación de los poemas de Tennyson, con "La Dama de Shalott" como buque insignia, en el marco de la colección "La Cruz del Sur", de Editorial Pre-Textos (núm. 570), editado en 2002. Como se indica en su prólogo, ya se habían realizado otras traducciones, pero ciertamente, la poesía de Tennyson no había tenido gran difusión en España. 


Versiones en español de La Dama de Shalott. 
A la izquierda, la publicada en 2002 por 
Pre-Textos, con traducción de Antonio Rivero Taravillo. 
A la derecha, edición de 2015 de Thule Ediciones, 
con texto de Alvar Zaid e ilustraciones de Matthew Griffin, 
inspiradas en el Libro de Kells. 


Cuadro de John William Waterhouse en la Tate Britain de Londres

Siempre me fascinaron las historias que rodeaban al legendario rey Arturo y su castillo de Camelot, al universo de la Tabla Redonda y el Santo Grial, con sus caballeros. No hay que viajar mucho para adentrarse en su mundo. Aquí, en Cáceres, sorprende al despistado visitante que callejea por su ciudad monumental, el pub que ocupa los bajos del palacio de los Durán de la Rocha, junto a la cuesta del Marqués, en la calle Rincón de la Monja, conocido como Taberna del Inglés, en realidad "Taberna de Sir Lancelot", cuyo interior, a base de escaños y mesas de madera, con decoración ambientada en el mundo artúrico, fue realizada por su propietario, creando un ambiente proclive a la cultura que ha alumbrado iniciativas como el festival de música irlandesa o Irish Fleadh, y que mantiene lecturas literarias a micro abierto de forma intermitente el tercer lunes de cada mes durante el curso, las llamadas "Reading Sessions". 


Para más información sobre este lugar de encanto, pueden consultar el enlace: http://www.extremadurate.es/2011/09/04/la-taberna-de-sir-lancelot-caceres/

Hecho este inciso, quien desee investigar acerca de la leyenda de La Dama de Shalott, no podrá dejar de leer "La muerte del Rey Arturo", obra de autor anónimo cuya publicación en Alianza, Biblioteca 30 Aniversario, contiene un amplio estudio, realizado por Carlos Alvar, al que no es ajeno el llamado episodio de la "Doncella de Escalot", historia de la que en gran medida procede el posterior poema de Tennyson (que publicó en 1832) y toda la iconografía realizada luego en torno suyo, sobre todo por los ya aludidos pintores de estética prerrafaelita. No es coincidente en todos sus extremos el relato del texto anónimo con el contenido del poema, pues allí la doncella muere "porque Lanzarote no quiso entregarle su amor", y de hecho, se cuenta cómo es enterrada en la  Iglesia de Camelot en una hermosa tumba. Ninguna referencia se hace a hechizos, tapices mágicos ni maldiciones, pero sí al enfermizo arrebato que la dama siente por Lanzarote y cómo ello la conduce hasta la muerte, llegando hasta Camelot en el interior de una barca, siguiendo el curso de las aguas.  La entrada "Escalot", del "Breve diccionario artúrico", del mismo Carlos Alvar, desarrolla igualmente los pormenores del relato, antecedentes y secuelas (páginas 105 a 107), haciendo hincapié en la interpretación romántica y mágica que posteriormente le brindó la poesía. 



La historia aparece también y desarrollada mucho más ampliamente, aunque con otra perspectiva, en la obra de Sir Thomas Mallory, "La muerte de Arturo", donde la dama se identifica con la "Hermosa Doncella de Astolat", de la que se dice que "no cesaba de mirar maravillada a Sir Lanzarote", y por tal motivo, puso tal amor en él a causa de lo cual murió, y su nombre era Elaine le Blank. La muerte de la dama aparece en el capítulo 19 del libro XVIII, enunciado como "De la gran lamentación de la Hermosa Doncella de Astolat cuando Sir Lanzarote hubo de partir, y cómo murió por su amor", apareciendo en el capítulo siguiente cómo el cadáver de la doncella llegó hasta el rey Arturo y su enterramiento. 


La Muerte de Arturo, de Sir Thomas Malory, en la excelente edición 
realizada por Círculo de Lectores, compuesta de dos volúmenes 


Versiones de The Lady of Shalott, realizadas por Waterhouse


La dama de Shalott en versión de Hunt

Lo que encontrarán los lectores en "Líneas de Tiempo" no será un remake del poema ni de la leyenda artúrica. Los versos que evocan la historia de la dama -solo una parte del poemario que lleva su nombre- centrarán su acento en la idea del amor condenado a muerte, a modo de elegía de un amor acabado, algo que en realidad también está presente en el resto de los poemas que forman parte de ese libro. 


Ilustración de Deli Cornejo para "La dama de Shalott"

Hoy, la desgraciada historia de la Dama de Escalot o Astolat (Shalott), y sus versiones, pueblan la literatura, la pintura, e incluso la música. Para terminar este comentario, incluiré enlace a la extraordinaria interpretación que la cantante y arpista canadiense Loreena McKennitt efectuó del poema de Tennyson, una verdadera delicia.