viernes, 15 de febrero de 2019

Madrid

Cuando se trata de Madrid, algo me toca la fibra sensible. Aunque nacido y crecido en una ciudad de provincias, me resulta irresistible la tentación de la capital, sobre todo si por una u otra razón, acaso inconfesable, te ha impregnado el alma. Uno tuvo, y debe tener aún, familia en esa ciudad de contrastes, aunque hayan pasado años alumbrados por el vacío de un silencio inescrutable. Alguien me dedicó una vez un libro de imágenes -de eso han pasado más de cuarenta años- para que conociera "su Madrid", y sin pretenderlo, luego la urbe colonizó el tejido de los sueños, la ambición de una libertad escrita en las hechuras de un futuro todavía imberbe. No sé qué habrá sido de aquellos parientes cuya pista se perdió en los meandros del tiempo. En vano las hemerotecas sirvieron para algo y tampoco esa dirección en una vieja agenda consiguió facilitar un reencuentro. Uno vio teñirse la ciudad de anonimatos, de indiferentes trayectos en metro, de abortados recuerdos de un pasado que reclamaba con urgencia la complicidad del olvido. 


Hoy, sin embargo, tienen algo de mágico sus calles, en ellas habitan espíritus que han sabido compartir la transparencia de la palabra, el íntimo eco de versos nacidos con el empeño de una libertad acaso profetizada en su cartografía de sensaciones. La presentación de "Líneas de tiempo" fue la tercera que uno de mis poemarios protagonizó allí. Esta vez con el escenario de El Retiro, donde confluyen aromas de inveteradas ferias del libro, de escritores curtidos firmando en sus casetas, de adulta poesía. Resultó gratificante el encuentro con tanta gente cuya fidelidad ha conseguido rebasar las fronteras de la distancia y el calendario: Paco Caro, Antonio Linares, Antonio Daganzo, Paco Castañón. Mónica Gabriel y Galán, Fernando López Guisado, Manuel Neila, Rosa María Estremera...Rafael Soler, sobradamente excusado. Todos han pasado por el Aula de la Palabra o están a punto de hacerlo. Y no dudaron en arropar esta nueva propuesta que Ediciones Vitruvio, con su director Pablo Méndez, ha querido apadrinar, acogiendo imágenes y sílabas. Uno piensa a veces en eso de que nunca se es profeta en su tierra y la acogida de esta grey madrileña contribuya quizá a darle la razón. En estos días, mi buzón se abrió también para recibir las novedades de no pocos amigos. De Ediciones Vitruvio y de la mano de la poeta Rosa María Estremera, que pronto estrenará nueva publicación, me llega el espléndido núm. 6 de Tinta en la Medianoche, donde aparecen tres poemas del libro "La complicidad de los amantes", actualmente en imprenta, y que Takara Editorial publicará en las próximas semanas. Otro envío me deja "Un cuaderno de Tokio", la última propuesta poética de Jesús García Calderón, extremeño afincado en Granada, que publica la editorial Ánfora Nova y cuya primera impresión no puede ser más prometedora, alimentando la lectura sosegada que merece. No hace mucho, fue Paco Caro quien me dejaba su antología "Este nueve de otoño", repitiendo en Lastura, de la mano de Lidia López Miguel, como ya hiciera con su imprescindible Plural de Sed.  En pleno recital, en la Casa de Fieras de El Retiro, recibía de manos de su autor "Los corazones recios", el último trabajo de Antonio Daganzo. 


Y entretanto, uno anda hurgando en sus más candentes proyectos para responder a la demanda que Isabel Miguel me hace para la revista "Álora, la bien cercada", en cuyo más reciente número colaborara la ilustradora Deli Cornejo, autora de las láminas que iluminan ese "Líneas de tiempo" que fuera excusa de nuestro regreso a Madrid, estrenado febrero, para reencontrarnos con el sabor de la libertad.

domingo, 27 de enero de 2019

Escenarios de lectura. Libros para el año 2019

De siempre, mis escenarios han querido respirar literatura, complicidad de palabras y páginas. Lugares que son excusa para el disfrute de las letras, para oxigenar por completo la opresión de la vida cotidiana. Por eso mismo me refugio en los libros, desdoblo la personalidad para hacerme otro. Convierto mi biblioteca en el santuario de los tiempos muertos, la pantalla de mi ordenador en portal abierto a otras dimensiones, donde uno se despereza sin pudor. Hoy contemplo el acopio que vomitan mis anaqueles, aguardando su momento. Dos mil diecinueve ha comenzado con fuerza, abombando las baldas de mis estanterías, requiriendo la connivencia de esos espacios en blanco que ofrece el reloj. Sé que no es baladí la elección de los textos, que habrá algunos que dejarán huella más allá de la intimidad de su lectura, secuelas que marcarán el ritmo al propio oficio del escribiente, al volátil sendero de los meses que se abren por delante. Novela o poesía, filosofía o ensayo, seguro que no habitarán en vano mis horas de insomnio, como tampoco los autores con los que tendré la oportunidad de compartir mesa y mantel, luego de haber recibido de sus labios el sagrado ungüento de su palabra, de su sabiduría. El pasado viernes fue Álvaro Valverde. Vendrán otros, con vientos distintos, enarbolando las banderas de la creatividad y la cercanía. No pretendo más que empaparme de esos instantes, conservar su esencia al otro lado del presente. Apilo con paciencia pues, cuantos títulos me han llegado en estos primeros días del nuevo año, deseando dar cuenta de todos ellos, aunque algunos habrán de aguardar su llamada. Entretanto, uno acaba de estrenar libro y pronto hará su desembarco en las avenidas de la capital, estrenado el mes de febrero. Y aún espera poder tener en las manos aquellos poemas más jóvenes, que sueña con ver publicados desde hace tiempo. El tiempo manda, y sus designios son inescrutables. Uno solo escribe y lee conforme a los latidos del calendario. 


Ahí están, esperando su momento. Deseando disfrutarlos



viernes, 18 de enero de 2019

"Líneas de Tiempo". Texto de la presentación a cargo del poeta Basilio Sánchez

Finalmente, presentamos "Líneas de tiempo" en Cáceres. No soy la persona más indicada para ofrecer sus impresiones sobre ese acto, que desde luego, se vivió intensamente, junto a una gran colección de amigos y personas muy cercanas, amantes de la literatura que uno hace. Mejor sirvan de muestra las palabras de un grande como el poeta Basilio Sánchez, último premio Loewe de poesía y flamante premio Centrifugados, que ofició de presentador, para aproximarse al contenido del libro que fue protagonista de aquella inolvidable velada. Una verdadera gozada de reseña que reproduzco a continuación. 

LÍNEAS DE TIEMPO
Jesús María Gómez y Flores

No cabe duda de que Jesús María Gómez y Flores es hoy un poeta maduro, de una calidad y una exigencia fuera de lo común. Autor de una decena de libros de poesía, la precisión de su palabra y su exquisito manejo del lenguaje —en ningún caso gratuito—, están en su escritura al servicio de un pensamiento poético de profundo calado en el que se recogen, junto al sentimiento elegiaco de la existencia (el temor a la pérdida de lo que se ama), una actitud ética ante la vida y una toma de posición frente a las injurias de la historia y el desmoronamiento de nuestros valores. 


En sus libros, la infancia y el entorno familiar, de capital importancia, se convierten en el telón de fondo sobre el que proyectar las incertidumbres del futuro. Y también el amor, casi siempre presente en su poesía, que él trata con delicadeza y elegancia y que acompaña sus pasos por ese territorio de lo efímero que constituye nuestra experiencia de la vida, iluminando un trayecto lleno de incertidumbres y amenazas.


Poesía, la suya, para aferrarse a las personas y a los sentimientos que nos justifican; poesía que no rehúye el uso inteligente de la cultura para intensificar el flujo meditativo de la conciencia; poesía, en definitiva, para aventurarnos a lo desconocido y para relacionarnos con el mundo de la única manera que pueden hacerlo los poetas de la verdad: con dignidad, humanidad y respeto. 

Pero todo poeta tiene sus arqueologías, sus balbuceos germinales, ese núcleo poético fundacional que, en la mayoría de los casos, acoge en su interior la semilla rudimentaria de la obra futura. Tanteos primitivos en los que está presente, de una manera muchas veces imperceptible, el tono original del poeta, esa forma privativa que tiene cada escritor de relacionarse con las palabras y, a través de ellas, con lo que le rodea; esa manera absolutamente propia que tiene cada autor de trasladar a la escritura su manera de pensar, de respirar o de administrar sus silencios.

Lo realmente extraño, en el caso de Jesús María, es que esos primeros poemas, esos libros escritos en su primera juventud hubiesen quedado inéditos hasta la fecha a pesar de haber obtenido, en el ámbito regional, los premios literarios más relevantes de la época. Es de agradecer, por tanto, que, con algunas revisiones, se haya animado a publicarlos ahora y que nos haya facilitado de esta manera a sus lectores —además del placer de unos poemas que, aunque alejados de sus planteamientos actuales, gozan todavía de una envidiable salud— una herramienta fundamental para contemplar con perspectiva la totalidad de una obra que, por su calidad, se ha ido haciendo un hueco sobresaliente en el panorama actual de nuestras letras.

Su andadura poética se inicia en 1985 con su libro Escaparate con muñecas, que obtiene el primer premio en el certamen poético “Residencia Universitaria San José”, de Cáceres (VII Edición), y del que sólo algunos poemas se publicarían más tarde en revistas como “Residencia”, “Alor Novísimo” y “Oropéndola”. A aquellos años pertenece también el libro Autoconfesiones, publicado —el único de esa época—en la efímera editorial “La Hidra Ediciones”, en 1988. 

Finalizada su etapa universitaria, en 1989, su poemario La dama de Shalott, es galardonado con el primer premio en el concurso de poesía “Ruta de la Plata”, en el que volvería a obtener, en la edición de 1993, un accésit con su libro Arquitectura y Convivencia. Ambos títulos, junto con otros más que ha decidido descartar en esta recopilación, han permanecido inéditos hasta hoy.

El libro que hoy nos ocupa, Líneas de tiempo, hermosamente editado en la colección “Baños del Carmen” de la editorial Vitruvio, en la que Jesús María ya ha publicado otros volúmenes, reúne esos tres libros inéditos y una plaquette, Aguardando la lluvia de octubre, también inédita, escritos entre 1985 y 1993. 

Es un libro que tiene la particularidad, además —como ya se ha adelantado—, de que incluye siete hermosas ilustraciones de Deli Cornejo elaboradas a partir de un diálogo íntimo con los poemas que aquí se recogen y con las experiencias vitales, en gran parte compartidas con el autor, que pudieron haberlas suscitado. Unos dibujos que han sabido acomodarse a los contenidos surrealistas, venecianos y de evocación mitológica que conformaban el andamiaje poético de Jesús María en aquellos años de formación literaria. Un universo poblado de personajes de índole espiritual que, en la órbita de la pintura prerrafaelista, las imágenes visionarias de William Blake o las recreaciones de la antigüedad clásica de Waterhouse, discurre en paralelo, iluminándolo, al universo imaginativo del poeta en ese primer tramo de su producción creativa.

Centrándome ya en la lectura de los poemas, aunque hay diferencias formales y temáticas significativas entre los tres libros y la plaquetteque conforman este volumen, yo creo que todos tienen dos cosas en común. La primera es el sentimiento amoroso que los vertebra y, la segunda, desde el punto de vista estético, la poderosa influencia de los poetas románticos ingleses y de la retórica surrealista. 

Con relación a la temática amorosa, que es verdad que enhebra como las cuentas de un collar el conjunto de los poemas, la forma de abordarla es, atendiendo a la cronología de los libros, muy diferente entre los primeros y los últimos: En Escaparate con muñecas y en La Dama de Shalott (ambos escritos en la década de los ochenta), y sobre todo en este último, ambientado en las leyendas artúricas y en los amores trágicos de Madelaine de Astolat, recogidos en la balada lírica del poeta inglés Tennyson, es un amor aciago y turbulento, un amor romántico y desesperado que se precipita, destructivo, por los abismos de la incomprensión hasta su desaparición definitiva. A partir de los noventa, sin embargo, y bajo la influencia de una nueva relación personal, la soledad y el abandono dan paso a una fervorosa comunicación con la vida, a una reconciliación con los sentidos y a una esperanzada manera de enfocar la existencia. Arquitectura y convivencia, de 1993 —el último de los libros aquí recogidos— es, en palabras del propio autor, el cuaderno de bitácora de este viaje que, bajo la influencia de las luces atlánticas y sin estar exento de turbulencias, se desarrolla a través de un tiempo nuevo y de unas nuevas certezas vitales y literarias que acabarán llevándole al hombre y al poeta que es ahora.

Hace bien Jesús María al colocar en el frontispicio de esta recopilación de su primera poesía una cita de Vicente Aleixandre, el poeta del amor, de la vida, de la inocencia y de la dicha, porque su poesía brilla, en estos primeros embates, con las luces desenfocadas del surrealismo y con las visiones fragmentarias atrapadas de pronto en medio de la fuga desesperada de los pensamientos.

Poemas conducidos por el automatismo de la belleza bajo los cielos anaranjados de los crepúsculos prerrafaelistas, arrancados al curso de la vida en las cuartillas de un dorado velador de otra época. Hay en esta poesía —y cito aquí algunos versos del autor— salones venecianos de luces opalinas y paisajes modernistas con vitrales y fuentes, con miradas oscuras, acechantes, en las proximidades de la muerte. Hay noches iluminadas por las salvas compasivas de las estrellas y por la lluvia blanca de un amor entregado sin condiciones, pero también sin esperanza.

Una poesía que oscila entre la alegoría de las máscaras de carnaval y el silencio del alma en la cuaresma de los recogimientos, de los claustros oscuros de los que van brotando, frente al paso del tiempo, las palabras.

Poesía que, con los años, y bajo la influencia bienhechora de unas nuevas experiencias vitales, va aprendiendo a elevarse — como lo hacen las torres de luz blanca, como lo hacen los cuerpos que se aman—, en el anochecer de los relámpagos y en la honda madrugada de las tormentas. Poesía que inaugura en el taller de la música la caricia del alba, la profunda embriaguez de los sentidos; que se ofrece de pronto a la visión del mar y a la contemplación del horizonte, de los cielos sin límites. 

Una ciudad oscura se ilumina, en el último tramo de este libro, con el metal de los poemas, con el brillo de un beso. Una ciudad se alza, ligera de equipaje, sobre la desnudez de los amantes que, empapados de luz, se arrojan al encuentro para dejar atrás, en medio de las aguas de un gran lago nocturno, la barca de madera de una vieja princesa melancólica.

Hace bien mi amigo Jesús María al empezar el último de los libros que componen está recopilación, Arquitectura y convivencia, con una dedicatoria a Deli Cornejo, su mujer, porque creo que le confiere al conjunto de toda esta obra inédita, desarrollada a caballo entre finales de los ochenta y principios de los noventa, una profunda y necesaria intensidad humana, una concreta fijación a lo real. Porque convierte en biografía y emoción —que es lo que en definitiva se les pide a los buenos poetas— lo que podría haber sido sólo literatura.

Alphonse de Lamartine, que no era un poeta romántico inglés, sino francés —y con esto termino— escribía en el prefacio a sus Primeras meditaciones, que él “había sido el primero en hacer descender la poesía del Parnaso y había dado a la Musa, en vez de una lira de siete cuerdas de convención, las fibras mismas del corazón humano, tocadas y enmudecidas por las innúmeras fricciones del alma y de la naturaleza”. No sé si Lamartine, en los desvelos de su inspiración, llegó a ser realmente el primero que hiciera descender a la poesía desde las alturas del Parnaso a las profundidades del corazón, de lo que sí estoy casi completamente seguro es que Jesús María Gómez y Flores, nuestro poeta, fue el segundo. 


Basilio Sánchez

15 de enero de 2019










lunes, 7 de enero de 2019

El embrujo de Camelot. La leyenda de la Hermosa Doncella de Escalot (Shalott)

Llegados al punto de retomar esta bitácora, estrenado un año nuevo, no me sorprenden las dificultades que ello supone en la búsqueda del mejor "escenario" para ir dando rienda suelta a ideas y palabras que sirvan de frontispicio a una andadura más de este escaparate virtual al que uno ya le ha cogido cariño por la mayor versatilidad que ofrece frente al entorno más restringido y limitado de las publicaciones en redes sociales. 

Llevo hablando mucho estos días del libro "Líneas de tiempo", que acaba de publicar Ediciones Vitruvio y que presentaremos el próximo martes, 15 de enero, en Cáceres. Prometo no seguir insistiendo con este tema, pero sí que esta primera entrada de 2019 beberá de sus fuentes para transportarnos a un universo creativo al que de alguna manera se rinde homenaje en las páginas de uno de los poemarios que integran aquella obra. No es tampoco la primera vez que me sumerjo en las envolventes aguas de la literatura inglesa del siglo XIX, y más en concreto, en la que protagonizaron autores hoy calificados como románticos, y también aquellos otros posteriores, que escribieron durante la llamada época victoriana, casi rozando ya el cambio de centuria. La complejidad y diversidad creativa en diferentes ámbitos durante esos años generó un curioso fenómeno de gusto por modelos literarios y artísticos muy anteriores, basados sobre todo en la antigüedad clásica o los maestros renacentistas, que a su vez se habían inspirado en esta. También se produjo un rescate de elementos pertenecientes al imaginario de la leyenda y los relatos medievales, lo que se llamó  medievalismo victoriano, cuyos personajes y héroes se convirtieron en protagonistas de numerosas obras. Si traigo a colación todo esto es porque a finales de los años ochenta del pasado siglo, una de esas leyendas, ambientada en este caso en la cosmología artúrica, me entró literalmente por los ojos, a través de una pintura y luego, profundizando en su contenido, me llevó hasta la obra de un poeta inglés que había incorporado aquella historia a sus versos


Poema original de Alfred Tennyson, publicado en 1832. Incluido en el libro "The Works of Tennyson", publicado por MacMillan & Co., en Londres, en 1898. 


Ilustración de Dante Gabriel Rossetti para el poema de Tennyson

"The Lady of Shalott", inspiró así el cuerpo central de un poemario que luego fue premio "Ruta de la Plata" y que ahora ha podido editarse en su integridad en el ámbito de "Líneas de Tiempo".  Hasta 1993 no pude contemplar el cuadro más icónico del pintor John William Waterhouse, en la antigua Tate Gallery de Londres (hoy Tate Britain), junto a otros pertenecientes a la Hermandad Prerrafaelita, de la que si bien no fue propiamente miembro, sí epígono y seguidor durante uno de sus períodos artísticos. Luego volví en 2013 y allí continuaba con toda su fuerza, volviendo a inspirar una nueva semblanza poética que se incluiría en "Escenarios" (2014). Me costó sin embargo acceder al texto en inglés de Alfred Lord Tennyson. Hay que agradecer al poeta y traductor Antonio Rivero Taravillo su excelente traducción y recopilación de los poemas de Tennyson, con "La Dama de Shalott" como buque insignia, en el marco de la colección "La Cruz del Sur", de Editorial Pre-Textos (núm. 570), editado en 2002. Como se indica en su prólogo, ya se habían realizado otras traducciones, pero ciertamente, la poesía de Tennyson no había tenido gran difusión en España. 


Versiones en español de La Dama de Shalott. 
A la izquierda, la publicada en 2002 por 
Pre-Textos, con traducción de Antonio Rivero Taravillo. 
A la derecha, edición de 2015 de Thule Ediciones, 
con texto de Alvar Zaid e ilustraciones de Matthew Griffin, 
inspiradas en el Libro de Kells. 


Cuadro de John William Waterhouse en la Tate Britain de Londres

Siempre me fascinaron las historias que rodeaban al legendario rey Arturo y su castillo de Camelot, al universo de la Tabla Redonda y el Santo Grial, con sus caballeros. No hay que viajar mucho para adentrarse en su mundo. Aquí, en Cáceres, sorprende al despistado visitante que callejea por su ciudad monumental, el pub que ocupa los bajos del palacio de los Durán de la Rocha, junto a la cuesta del Marqués, en la calle Rincón de la Monja, conocido como Taberna del Inglés, en realidad "Taberna de Sir Lancelot", cuyo interior, a base de escaños y mesas de madera, con decoración ambientada en el mundo artúrico, fue realizada por su propietario, creando un ambiente proclive a la cultura que ha alumbrado iniciativas como el festival de música irlandesa o Irish Fleadh, y que mantiene lecturas literarias a micro abierto de forma intermitente el tercer lunes de cada mes durante el curso, las llamadas "Reading Sessions". 


Para más información sobre este lugar de encanto, pueden consultar el enlace: http://www.extremadurate.es/2011/09/04/la-taberna-de-sir-lancelot-caceres/

Hecho este inciso, quien desee investigar acerca de la leyenda de La Dama de Shalott, no podrá dejar de leer "La muerte del Rey Arturo", obra de autor anónimo cuya publicación en Alianza, Biblioteca 30 Aniversario, contiene un amplio estudio, realizado por Carlos Alvar, al que no es ajeno el llamado episodio de la "Doncella de Escalot", historia de la que en gran medida procede el posterior poema de Tennyson (que publicó en 1832) y toda la iconografía realizada luego en torno suyo, sobre todo por los ya aludidos pintores de estética prerrafaelita. No es coincidente en todos sus extremos el relato del texto anónimo con el contenido del poema, pues allí la doncella muere "porque Lanzarote no quiso entregarle su amor", y de hecho, se cuenta cómo es enterrada en la  Iglesia de Camelot en una hermosa tumba. Ninguna referencia se hace a hechizos, tapices mágicos ni maldiciones, pero sí al enfermizo arrebato que la dama siente por Lanzarote y cómo ello la conduce hasta la muerte, llegando hasta Camelot en el interior de una barca, siguiendo el curso de las aguas.  La entrada "Escalot", del "Breve diccionario artúrico", del mismo Carlos Alvar, desarrolla igualmente los pormenores del relato, antecedentes y secuelas (páginas 105 a 107), haciendo hincapié en la interpretación romántica y mágica que posteriormente le brindó la poesía. 



La historia aparece también y desarrollada mucho más ampliamente, aunque con otra perspectiva, en la obra de Sir Thomas Mallory, "La muerte de Arturo", donde la dama se identifica con la "Hermosa Doncella de Astolat", de la que se dice que "no cesaba de mirar maravillada a Sir Lanzarote", y por tal motivo, puso tal amor en él a causa de lo cual murió, y su nombre era Elaine le Blank. La muerte de la dama aparece en el capítulo 19 del libro XVIII, enunciado como "De la gran lamentación de la Hermosa Doncella de Astolat cuando Sir Lanzarote hubo de partir, y cómo murió por su amor", apareciendo en el capítulo siguiente cómo el cadáver de la doncella llegó hasta el rey Arturo y su enterramiento. 


La Muerte de Arturo, de Sir Thomas Malory, en la excelente edición 
realizada por Círculo de Lectores, compuesta de dos volúmenes 


Versiones de The Lady of Shalott, realizadas por Waterhouse


La dama de Shalott en versión de Hunt

Lo que encontrarán los lectores en "Líneas de Tiempo" no será un remake del poema ni de la leyenda artúrica. Los versos que evocan la historia de la dama -solo una parte del poemario que lleva su nombre- centrarán su acento en la idea del amor condenado a muerte, a modo de elegía de un amor acabado, algo que en realidad también está presente en el resto de los poemas que forman parte de ese libro. 


Ilustración de Deli Cornejo para "La dama de Shalott"

Hoy, la desgraciada historia de la Dama de Escalot o Astolat (Shalott), y sus versiones, pueblan la literatura, la pintura, e incluso la música. Para terminar este comentario, incluiré enlace a la extraordinaria interpretación que la cantante y arpista canadiense Loreena McKennitt efectuó del poema de Tennyson, una verdadera delicia. 


sábado, 29 de diciembre de 2018

Deli Cornejo, ilustradora de poesía

Ahora que apenas quedan unos pocos días para la presentación del libro "Líneas de tiempo", no puedo dejar de dedicar una entrada en este Blog al trabajo realizado por la ilustradora y artista plástica Deli Cornejo, en esta tercera ocasión en que ha colaborado para iluminar los versos de uno de mis libros. Porque ninguno de ellos sería lo mismo sin sus dibujos y láminas expresamente surgidos de la interpretación que con sus lápices y pinceles ha sabido dar a los distintos poemas, sin importar temáticas o estilos. Es indiscutible que nos encontramos ante una artista sumamente versátil, como puede comprobarse a la vista de sus realizaciones, que abarcan campos y territorios tan diferentes como el que ahora nos ocupa      -ilustración de poesía-, pasando por el diseño de portadas y el siempre difícil ámbito de la literatura infantil y juvenil, ello sin olvidar sus trabajos al margen de la ilustración propiamente dicha, demostrando especial facilidad para el retrato y el paisaje urbano. Pero, volviendo a "Líneas de tiempo", las siete ilustraciones que contiene esta obra le han supuesto enfrentarse con unos poemas que marcan precisamente eso, una ondulante y dilatada línea temporal, donde las imágenes debían acomodarse a contenidos bien dispares desde la poética más surrealista y el lenguaje "veneciano" a la evocación de mitos y elementos prerrafaelistas, para terminar discurriendo por cauces de mayor claridad idiomática y vivencial. 

Ilustración para "La Dama de Shalott", incluida en "Líneas de Tiempo"


Ilustración para "Escaparate con muñecas", incluida en "Líneas de Tiempo"

La reproducción e interpretación de escenarios próximos a la mitología como los que se recrean en las láminas que ilustran los poemas de "La Dama de Shalott", tienen sin duda como precedente sus trabajos para mi libro "Arcanos Mayores", donde la artista elaboró un total de diez láminas, en este caso solamente con el recurso del lápiz de grafito (en "Líneas de Tiempo" predominará la aguada), ofreciendo su propia visión de los naipes del tarot de Marsella. 


Ilustraciones para "Arcanos Mayores"

En la misma línea se situarán las portadas que para este libro (reinterpretando el arcano de "El mundo") y para la obra del poeta Santos Domínguez, "Las alas del poema", efectuaría con cromatismos muy diferentes, pero dentro del mismo universo poblado de personajes de índole espiritual, siempre buscando conseguir a través de sus trazos ese difícil equilibrio que tanto cuesta al poeta, artesano y arquitecto de la palabra, pero también del sentimiento y del mensaje. 


Portada para el libro "Las alas del poema", editado por Norbanova en 2012

Porque no siempre es sencillo enhebrar texto e imagen, y más complicada aún es la empresa cuando se trata de poesía. Ese propósito sin embargo lo logrará con éxito en trabajos como los realizados para el libro "El último viaje" (Norbanova Poesía, 2007) también de quien ahora escribe, cuya portada interpreta pincelada a pincelada el discurrir agónico de la obra y la futilidad del tiempo. Igualmente, las ilustraciones realizadas para "El asombro escondido", del poeta Jesús García Calderón (Norbanova poesía, 2010), también con el lápiz de grafito como protagonista, o las  que incluye la antología de José Cercas "Detrás de la  noche" (Baúl de Palabras, 2014) conseguirán ese objetivo de hacer tangible la visión introspectiva que caracteriza los sentimientos del autor en cada caso.  


Ilustración de portada para "El último viaje"




Ilustraciones interiores para "El asombro escondido" y "Detrás de la Noche"

Diferente, tanto por razón de la técnica empleada como por las características del dibujo es la contribución de la ilustradora al poemario "Aqva", de Hilario Jiménez Gómez (Baúl de Palabras, 2016), donde partiendo de gráficos vectoriales dará cobertura al tejido líquido que impregna dicha obra. Completamente distinta, la reescritura de los clásicos con que vestirá la obra "Con Velázquez", de Ana María Reviriego (Baúl de Palabras, 2015), repleta de guiños y transposiciones del genial pintor, cuyo oficio y ambiente son objeto de los poemas. 


Ilustraciones interiores para "Aqva"


Ilustración para la contraportada de "Con Velázquez"


Aunque la mayor parte de sus trabajos los ha realizado para libros editados por la Editorial Norbanova, también ha ilustrado poemas en el ámbito de revistas, tanto de la misma editorial (Norbania), como de otras. Ejemplo de ello son sus colaboraciones para publicaciones como "Álora, la bien cercada""El ático de los gatitos" o "La conserva". 


Ilustración para Norbania 5


Ilustración publicada en la revista "Álora, la bien cercada"


Ilustración para la revista "La conserva"

Así, después de un largo e intenso periplo por los terrenos de la siempre complicada ilustración infantil, vuelve ahora Deli Cornejo al redil de la poesía: con "Líneas de Tiempo". Ahí está su obra, y ya se encuentra trabajando en la iluminación de un nuevo libro de poemas, que podremos disfrutar esta primavera. 



domingo, 23 de diciembre de 2018

Mis lecturas de 2018. Libros que me acompañaron durante el año que acaba

Han sido muchos los libros que han pasado por mis manos en este año al que le restan apenas unas pocas jornadas. Libros de toda clase y condición, de géneros y materias muy dispares. En realidad, todos han terminado haciéndome pensar, afectando, unos más que otros, a mi manera de entender la vida, a mi forma de escribir...  

Allá por febrero, dos acontecimientos iban a marcar en gran medida el itinerario lector de los meses siguientes. Nos visitaba en el Aula de la Palabra de la Asociación Cultural Norbanova el poeta Fermín Herrero, con su lírica sencilla pero intensa y arraigada en los sentimientos más íntimos del alma humana, poesía del hombre y del territorio. Tras escucharle, en aquel salón del Ateneo de Cáceres, confieso haber experimentado una huida poética hacia ese arte de llamar a las cosas por su nombre, de no desdeñar elemento alguno de cuantos nos rodean, por insignificante que pudieran parecer. Buceando en esa lírica de la cotidianidad, de la palabra próxima y grata a las yemas de los dedos, fue fácil devorar las páginas de libros como "Tempero", "Sin ir más lejos", o su último publicado, "Fuera de encuadre". Me llegó su poesía honesta, ligera de equipaje, próxima al crepúsculo que va cubriendo los alcores en las tierras altas de la Meseta.  


El otro hito que me depararía febrero sería la lectura de un libro completamente distinto: "La hoguera de los inocentes", del escritor y amigo Eugenio Fuentes, publicado por Tusquets, en una incursión poderosa y no menos valiente en el territorio siempre difícil del ensayo y la literatura analítica, con el trasfondo de un tema de plena actualidad como el de la injusticia, a través del prisma de las ordalías y la negación del derecho. Para quienes profesamos tareas que tienen que ver con lo jurídico, comprobar hasta qué punto la literatura no ha sido ajena a los devaneos de la balanza y su difícil equilibrio resultó ser una experiencia apasionante, enriquecedora y didáctica. Porque en este libro, Eugenio Fuentes, prescindiendo de sus referentes narrativos, acomete un trabajo cuyo calado y envergadura va asimilándose a medida que sus páginas van avanzando. Estamos ante un libro que sirve de llamada a la lectura de otros muchos, que espolea al lector incitándole a sumergirse en muy diversos mundos, en la vorágine de múltiples historias, todas ellas contagiadas de un envolvente humanismo, espita de una reflexión que en lo que a mí respecta, me ha llevado a indagar senderos y vivencias muy fructíferas en lo personal, impregnando también el tejido de mi propia literatura. Tras leer el libro de Fuentes, la relectura de Kafka se hacía imprescindible. Y pasaron por mis manos "El proceso", "El castillo", entre otros papeles del genial autor checo. Tuve un hueco para entregarme a la distopía de "El cuento de la criada", y regresé a mis clásicos del existencialismo como Sartre y Camus, que reconozco  haber disfrutado y comprendido mejor que la primera vez que los leí, en mis años de mocedad. En este maremágnum de visiones del hombre y de su recorrido vital, ya en verano, todo mi tiempo fue para Manuel Vilas y su "Ordesa", libro que venía a completar la cuadratura del círculo. Obra difícil de definir y encasillar, me atrevería a calificarla como "Poética de la sinceridad". Después de reflexionar sobre el sentido de la vida y los ardides para afrontar el descalabro de la muerte, fue todo un descubrimiento la contundencia del relato de Vilas, su descaro a la hora de enfrentarse a temas no menos que intocables, la facilidad de transmutar la experiencia en palabras, sin miedos ni prejuicios. No pocos capítulos me hicieron sentirme profundamente identificado con el autor. Creo haber perdido la cuenta de las frases memorables que quedaron subrayadas en el texto. 


No me olvidaré finalmente de otro de mis autores de cabecera, el francés Patrick Modiano. De viaje, en los interminables trayectos en tren ida y vuelta Cáceres-Madrid, me sentí que volvía de nuevo a París por unas horas: "En el café de la juventud perdida" o "Recuerdos durmientes", acompañaron el traqueteo del convoy por el envejecido trazado del ferrocarril. 


Y uno se pregunta, ¿qué poesía se lee cuando la cosa va de búsqueda interior, de introspectiva?  No es poca la poesía que también he leído en estos meses. Imposible enumerar todos los títulos que me dejaron huella. Diré que me gustaron libros como "Las llamas", de Pere Gimferrer, "La negación de la luz", de Juan Antonio Masoliver Ródenas, "Bloc de otoño", de Luis Alberto de Cuenca, o la "Poesía" de Michel Houellebecq, sin olvidarme de los extremeños Basilio Sánchez, con su delicioso "Esperando las noticias del agua" o Irene Sánchez Carrón, "Micrografías", ambos que pasaron por el Aula de Norbanova en sendas veladas memorables. El fin de año me pilla leyendo "El cuarto del siroco", de Álvaro Valverde, que presentaremos en enero, y con mi poemario recién editado "Líneas de Tiempo", cuyos poemas, escritos hace años, pugnaban briosamente por ver la luz. Todo ello, mientras espero que 2019 me permita presentar "La complicidad de los amantes", ese sí completamente nuevo, que publicará próximamente la editorial Takara. 


No me caben más libros en los pequeños estantes de mi biblioteca. Es triste tener que colocarlos en dos o incluso tres filas. Siempre aquellos que quedan detrás parecen condenados a un injusto ostracismo que no merecen. Quienes todavía amamos el libro de papel, nos enfrentamos a estas injusticias, a estas contingencias. Porque nunca el espacio de que disponemos nos parecerá suficiente para albergar el abrazo y la vecindad de quienes son los compañeros que con nosotros ven pasar las hojas del calendario, que han compartido noches en vela, rincones secretos, habitaciones de hotel, que han viajado apretados en una maleta. Como nuestros sueños, los que ahora confiamos a este nuevo tiempo que ya acecha sigiloso con su carga de incógnitas presencias, de folios en blanco, de incertidumbres, pero también de esperanzas, humanas y nuestras. 

domingo, 16 de diciembre de 2018

Los universos que habitan en "Líneas de Tiempo"

Ediciones Vitruvio acaba de publicar mi libro "Líneas de Tiempo", lo que supone que cuente ya con tres títulos en su colección de poesía "Baños del Carmen", de la que este último hace el número 748. Pero sin duda, esta obra es especial por muchos motivos. En primer lugar, frente a la austeridad que caracteriza habitualmente a esta colección, "Líneas de Tiempo" contiene siete ilustraciones, realizadas por la artista Deli Cornejo, que comparten el andamiaje de la palabra poética, complementándola, al ser imágenes que han sido elaboradas a partir del contenido y el mensaje de los propios poemas. Por otra parte, no estamos ante un poemario unívoco, aunque tampoco se trata de una antología. "Líneas de Tiempo" contiene tres libros, en su origen independientes y distintos, escritos entre los años 1985 a 1993, los cuales permanecían hasta ahora inéditos, sin perjuicio de la publicación aislada de algunos poemas en revistas. Por ello no se ha incluido en la obra el poemario "Autoconfesiones", que sí fue publicado en 1988. Tampoco se decidió completar este recorrido literario con la inclusión de otros trabajos de la misma época, dado su carácter heterogéneo y sus altibajos de calidad. Ha de destacarse que los libros que integran "Líneas de tiempo", a excepción de la plaquette "Aguardando la lluvia de octubre", obtuvieron premios en certámenes que, aunque actualmente ya no se convocan, gozaron de gran relevancia en el panorama literario de finales de los años ochenta, cuando comenzaba a bullir en Cáceres una generación poética cuya indiscutible madurez ha dado a nuestra literatura figuras de renombre nacional que hoy a todos nos enorgullecen. "Líneas de tiempo" es por tanto un compendio de poemas que viene a señalar el punto de partida de una lírica que luego continuará con libros como "El tacto de lo efímero", en su primera versión de 2004 (Colección Alcazaba, Excma. Diputación Provincial de Badajoz), y los que le siguieron, todos ellos ya publicados. 


El Amor es la columna vertebral de "Líneas de tiempo", aunque la visión que de él se ofrece, a través de los poemarios "Escaparate con muñecas", "La Dama de Shalott" y "Arquitectura y convivencia", sea radicalmente diferente, tanto en su tratamiento formal como temático. El primero de dichos libros, que obtuvo en 1985 el Premio "Residencia", publicado parcialmente en varias revistas, plantea una visión desconcertante del sentimiento amoroso, plagada de ambigüedades e incertidumbres. En el segundo, galardonado en 1989 con el Premio "Ruta de la Plata", con el telón de fondo de la leyenda, ambientada en el mundo artúrico, de Elaine de Astolat, que el poeta inglés Alfred Lord Tennyson convirtió en "The Lady of Shalott", muy del gusto de la hermandad prerrafaelita, se teje un contexto literario, donde, además de recrearse el argumento de dicha historia, es protagonista el amor como destino trágico, puente hacia la soledad y el abandono. 


Ilustración de Deli Cornejo para "La Dama de Shalott"


The Lady of Shalott, obra de John William Waterhouse, 
Tate Britain, Londres

La reconciliación con los colores de la vida, con el sabor y el aroma de la mañana nueva se viste con los ropajes de la poesía en los versos festivos y alentadores de "Aguardando la lluvia de octubre". El agua, símbolo de sanación y bautismo, elemento que enhebra los mimbres del abrazo y se erige, piedra angular de un tiempo enteramente preñado de esperanzas. "Arquitectura y convivencia", que obtuvo un accésit en el Premio "Ruta de la Plata", en su edición de 1993, representa, mediante sus veinte poemas, el cuaderno de bitácora de ese viaje, que no estará exento de turbulencias. "¿Cómo nació el amor? Fue ya en otoño". Aleixandre había intuido el destino desde su poética mediterránea, abierta al influjo de la luz y la certeza de la vida. 


Ilustración de Deli Cornejo para "Arquitectura y convivencia"

Presentaremos "Líneas de Tiempo" próximamente en Cáceres y en Madrid.