domingo, 8 de marzo de 2026

Lo que los poetas escriben sobre poesía y literatura

La reflexión sobre uno mismo como creador y como espectador santificado con el don de la palabra han sido siempre materia recurrente en el ámbito de la escritura. El acto en sí de escribir, pero también la indagación del sentimiento, del impulso que lleva a ello y su comprensión como parte de esa realidad peculiar que caracteriza al que escribe. En palabras de Alonso Guerrero, "el mundo nace en ti, lo inician tus palabras poniendo nombres a lo desconocido, y morirá contigo". Sea como ficción o como diálogo interior, el discurso sobre la literatura y lo que tiene de vital y vertebrador de la propia existencia ha iluminado y continúa haciéndolo, páginas que, si en un primer momento, ayudarán a comprender e interpretar el pensamiento del autor, se habrán de revelar luego como territorios proclives al aprendizaje y el conocimiento en sus distintos campos. Particularmente, la poesía se erige en tema que, yendo más allá del verso, aunque sin prescindir de éste, ha colonizado las reflexiones de quienes la convirtieron en su forma de expresión y de relación con el mundo. Ramón Pérez Parejo, en su trabajo sobre la metapoesía y la ficción aplicadas a las generaciones de los 50 hasta los "Novísimos", describe esa metapoesía como aquella "que se tiene a sí misma como objeto o asunto, que habla de sí, interrogándose, mirándose al espejo". Y es que, ciertamente, la búsqueda de respuestas sobre el sentido de la creación poética y todo lo que significa, hasta qué punto llega a modular la aventura existencial del autor, es algo así como un traje, un abanico de recursos presentes no solo en el manejo del lenguaje sino también en el modo con el que el poeta contempla cuanto le rodea. 

En su deliciosa obra El buen lugar, el poeta Basilio Sánchez, citando al rumano Mircea Cartarescu transcribe: "ser un poeta de verdad, y no solo alguien que compone versos, supone ser capaz de ver la vida como un todo y como si la descubrieras por primera vez". Todo este libro es una intensa y cautivadora reflexión sobre la esencia de la poesía, el fruto de las lecturas del autor y su compromiso con la belleza y la creación. En sí mismos, los parágrafos que lo componen son ya poesía, pues el poeta no puede desprenderse de lo que es ni de la arquitectura que emplea para transmitir su mensaje. "La escritura aprovisiona de migas los comederos de los pájaros", esto es, poesía para describir la poesía, necesidad que se torna en urgencia para quien la toma como antídoto frente al tedio de la cotidianidad.  Para Efi Cubero, el poeta goza de la condición del extraño, y en consecuencia, "carga al hombro su mundo, su lenguaje / ese fuego solar sobre los ojos / con que impregna la vida".  Quizá sea así y que el escritor, el poeta, no esté hecho de la misma piel que el resto de sus semejantes. En el libro La muerte y su antídoto, Alonso Guerrero le dice al escritor: "Tú eres animal que crea, habitado de animales que te destruyen. Vives en una celda y duermes con los ojos abiertos, porque las estrellas fijas del cielo se pasan las noches aporreando tus párpados", y le exhorta para que se mantenga en alerta, custodio de la intimidad que ha sabido construir.  ¿Será cierto, como decía Pessoa, que el poeta es un fingidor?

No es infrecuente tampoco que este género de reflexiones adopten la estructura de diario, que se mezclen con experiencias y anecdotarios diversos. Es el caso de obras como Cuidados paliativos, de José A. Llera, selecto compendio de comentarios que abarcan las más variopintas temáticas, aunque en su mayor parte impregnadas con el denominador común de la literatura. Algo similar, pero en un contexto bien distinto, el relato de la cuarentena de Jordi Doce en La vida en suspenso, nos traslada a los días del confinamiento de hace ya seis años, haciendo de la lectura y de la lenta digestión del tiempo su tabla de salvación en aquellas horas de forzoso encierro. 

En realidad, todo este recorrido por las páginas que diversos autores han dedicado a descorrer el velo de su particular universo creativo se me hace necesario tras escuchar, el pasado viernes, al poeta y médico belga Yves Namur, con motivo de la presentación de su libro Ser solo esto, magistralmente introducido por los escritores Emilia Oliva y Dionisio López, en edición trilingüe (francés, español, portugués) realizada por la misma Emilia Oliva y el traductor y editor Carlos Ramos. Las sucesivas preguntas que Namur se hace y que en realidad, son interrogantes que plantea al lector, con el que pretende mantener una interlocución epistolar, transportan nuevamente al dominio de la escritura en soledad, la que aquí el poeta aspira a descubrir en la lengua de los pájaros, de todos aquellos que han pasado ante sus ojos y que condensan las cualidades y el sentido del tiempo que transcurre, la explicación de la sístole y la diástole, en último término, de la utilidad de la poesía. Al igual que los otros autores que venimos comentando, Namur concibe su testimonio como relato que discurre paralelo a la propia trayectoria vital, al hecho de nacer, en cuanto huella que el ser humano deja y que "solo las aves de paso leerán y comprenderán sin demasiada dificultad", "no ser realmente más que eso". No le falta razón al escritor belga en su reflexión sobre lo que significa estar vivo, sobre lo quedará de nosotros, lo que sienten los pájaros que contemplan nuestro silencio. Al final, todo se reduce a la memoria, y así, nos dice: "La memoria es lo que muere todos los días a nuestro lado. Es también un poco de nosotros lo que muere a cada instante cuando cruzamos la calle o el jardín"



BIBLIOGRAFÍA. OBRAS CONSULTADAS

- Guerrero, Alonso (2004). La muerte y su antídoto. De la luna libros.

- Cubero, Efi (2013). Condición del extraño. La Isla de Siltolá.

- Llera, José Antonio (2017). Cuidados paliativos (diarios). Pepitas. 

- Doce, Jordi (2020). La vida en suspenso. Diario del confinamiento. Fórcola. 

- Pérez Parejo, Ramón (2007). Metapoesía y ficción: Claves de una renovación poética (Generación de los 50-Novísimos). Visor Libros. 

- Sánchez, Basilio (2025). El buen lugar. Pre-Textos. 

- Namur, Yves (2025). Ser apenas isto. Ser solo esto. N´être que ça. Traductores: Emilia Oliva y Carlos Ramos. Ediciones Fantasma. 

















domingo, 8 de febrero de 2026

Lugares machadianos. Crónica y recorrido en imágenes a través de las tarjetas postales

La próxima presentación del libro Antonio Machado, soñador de caminos, mediado ya este mes de febrero, lluvioso como no se recuerda otro, transcurridos ya ciento cincuenta años desde el nacimiento del poeta, evoca el recuerdo de aquellos lugares y tiempos que sirvieron de escenarios en su vida nómada y no exenta de pocas tribulaciones. De todo ello nos habla el escritor Hilario Jiménez Gómez en esta obra, publicada por el Grupo Editorial Sial Pigmalión, que inaugura una nueva colección dedicada precisamente al poeta sevillano, cuyo itinerario por los caminos de España nos ha dejado la herencia indeleble de su poesía, que tantos años después continuamos admirando y recitando. 

Se hace camino al andar, y esas andanzas comienzan en julio de 1875 en la ciudad de Sevilla, entre patios y fuentes, con el eco de las campanas de la Giralda, la brisa marinera del Guadalquivir y el olor a azahar. La Sevilla de los Machado, a caballo de los dos siglos, impregnó su pluma de elementos tradicionales, símbolos y personajes de la España popular, y en Antonio, eco lejano de su niñez, icono de nostalgia siempre presente en sus recuerdos. Las imágenes que siguen, procedentes de tarjetas postales circuladas durante los primeros años del siglo XX, nos trasladan a ese ambiente que debió ser el de aquellos años de la juventud del poeta, a quien podemos imaginar en su casa del Palacio de las Dueñas, de patio muy similar al de la también sevillana Casa de Pilatos (que aparece en la postal), o recorriendo en silencio las veredas y los jardines del Parque de María Luisa. 


De allí, el caminante habría de recalar en las orillas del Duero, tránsito de Andalucía hasta la sobriedad de Castilla, hasta la Soria que habría de marcarle para toda su vida. No podía faltar en este homenaje a D. Antonio Machado el rescate de unas cuantas tarjetas postales recién incorporadas a mi archivo y contemporáneas de la estancia del poeta en la ciudad soriana, cuyos ambientes y enclaves son los que éste compartió con su amada Leonor, con quien contrajo matrimonio en 1909. Como si de un viaje en el tiempo se tratara, estas imágenes nos devuelven la visión de aquella pequeña población castellana, con sus corrillos bajo los soportales o las gentes del mercado, las riberas del Duero, ese río que, como canta el poeta, "corre, terso y mudo, mansamente", junto a los álamos del camino, "entre San Polo y San Saturio".  Las fotografías que ilustran estas tarjetas fueron realizadas por el artista soriano Aurelio Rioja de Pablo (1888-1948), polifacético personaje que tuvo su estudio precisamente en los soportales de El Collado, que aparecen en una de estas tarjetas y que sería frecuentado por otros artistas, pintores y poetas. Conoció a García Lorca, por su común afición a la música, trasladándose a Madrid en 1919, donde continuó frecuentando a personajes muy vinculados a la cultura de la época, a quienes habría de retratar, como Gerardo Diego, Ramón y Cajal, Concha Espina, etc. Estas fotografías de Soria debieron tomarse entre 1910 y 1919 y forman parte de una colección que fue enviada por el presidente de la Comisión de Monumentos D. Teodoro Ramírez Rojas al General Jefe de Estado Mayor de la 5ª Región, D. Julio Ardanaz, el 13 de junio de 1919, según los datos de que dispongo, facilitados por mi compañera y amiga Dña. Fátima Sainz Gutiérrez, de cuya familia proceden estas tarjetas. 







Vuelve Machado a Andalucía tras el fallecimiento de Leonor, aunque nunca podrá olvidar el aroma y la caricia de aquellos Campos de Castilla. En Baeza, ya en tierras jienenses, continuará el poeta su labor docente, estancia e itinerario que se prolonga hasta 1919 en que, buscando aproximarse a Madrid, se instala en la ciudad de Segovia. Recuerda Hilario Jiménez, en su libro, cómo durante estos años tenía que caminar un poco para llegar todos los días al Instituto, y cómo pronto se implica en los ambientes tertulianos de la ciudad, colaborando en revistas y contribuyendo a la creación de la Universidad Popular. 


Vista de Jaén, provincia a la que se trasladó Machado tras dejar Soria



Dormitorio y entrada a la casa segoviana de Antonio Machado

Pero como también se relata en el libro de Hilario Jiménez, Antonio Machado, caminante y soñador de caminos, tendría todavía que dejar su huella en varias poblaciones antes de su viaje definitivo allende nuestras fronteras, en los tiempos convulsos de la Guerra Civil Española. Su paso por Madrid, favorecido por su cercanía desde Segovia, terminaría por consolidar su posición como figura emblemática de la cultura durante los años de la Segunda República. Este período de su vida, que Hilario Jiménez detalla y documenta, sitúa a Machado en el barrio de Chamberí, como siempre, en una casa modesta y fría, con la compañía de sus libros y el siempre presente retrato de Leonor. Es época de intensos contactos con escritores y poetas emergentes, que celebran a D. Antonio como uno de sus maestros, de paseos y estancias en lugares de la capital, tiempos de tertulias y cafés, de posicionamiento político de poeta en momentos de gran agitación que preceden al desmoronamiento de la sociedad y el enfrentamiento entre hermanos. 


Tras el estallido de la guerra, y a medida que las tropas sublevadas iban ganando terreno, el poeta se desplazará, como lo hiciera el gobierno republicano, primero hasta tierras valencianas, instalándose en un chalet de la cercana Rocafort, para concluir su periplo en Barcelona, desde donde partiría ligero de equipaje hasta la frontera francesa, junto a la multitud de españoles que abandonaban su patria tras la derrota de la República. En estos años Machado colabora, entre otras, con la revista Hora de España, con autores comprometidos con la causa republicana y participa en el Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, que se celebra en Valencia, en 1937. 


Puerto de Valencia en la primera década del siglo XX


Portada de la Revista "Hora de España", número XX, agosto de 1938, en la que figura un artículo de Machado titulado "Miscelánea apócrifa. Sigue Mairena..."


Y por fin, Barcelona como puerta de salida hacia el exilio, hacia Colliure, donde habría de permanecer ya para siempre, en compañía de su madre, Ana Ruiz, descansando bajo la lápida de su pequeño camposanto. 

ANTONIO MACHADO, 1939

(Estos días azules y este sol de la infancia)


El poeta dejó atrás su patria, un número más entre la turba. 

Nada tenía que demostrar, todo estaba dicho, todo escrito.

Solo el hombre, con la faz borrosa y los zapatos desconchados. 

El poeta cruzó a paso lento, componiendo su estrofa 

de pesares y campos ateridos, no era ya dueño de sus pies,

tampoco de la tierra que acogía sus trémulas pisadas.

Por delante, columnas de almas a la deriva le escoltaban 

en silencio, con la complicidad del mar, materno y triste. 


(poema incluido en mi libro Las erratas de la existencia, Sial Pigmalión, 2021)



NOTA: Todas las tarjetas postales reproducidas en este artículo pertenecen al archivo personal de Jesús M. Gómez y Flores 







 

domingo, 25 de enero de 2026

Lecturas mexicanas: Juan Rulfo, Alfonso Reyes, Elena Poniatowska, Octavio Paz...

Continúo rescatando experiencias y aprendizajes de mi viaje a tierras mexicanas, el pasado otoño. Sea ahora el momento de la literatura. Poniatowska, Octavio Paz, Alfonso Reyes, Carlos Fuentes, Juan Rulfo, José Emilio Pacheco..., por mencionar solo algunos nombres que han merecido mi atención o han supuesto un afortunado descubrimiento. Tras releer, hace unos meses, la sorprendente y onírica Pedro Páramo, de Juan Rulfo, e incluso contrastar la palabra con la imagen a través de la versión cinematográfica dirigida por Rodrigo Prieto (2024), al indicárseme que iba a participar en una mesa redonda sobre la figura de Alfonso Reyes, del que no conocía prácticamente nada, mis tareas lectoras me llevaron a detenerme en su persona y su obra, muy especialmente en los años que estuvo exiliado en España. Descubrí entonces la grandísima relevancia de su legado intelectual, su carácter de figura transversal dentro de las literaturas hispánicas, algo que me fue confirmado con creces al visitar la llamada Capilla Alfonsina, en Ciudad de México y escuchar las ponencias de especialistas como la escritora Beatriz Saavedra Gastélum. 

Uno escribió entonces algunas notas sobre este autor, compartidas al calor del auditorio del Ateneo Español de México, recordando la influencia que la estancia en España de Reyes tuvo en el desarrollo de su obra: 

"Va a forjarse el temperamento crítico, la agudeza intelectual y la impregnación de su ideario como consecuencia de su exilio forzoso a raíz de los trágicos acontecimientos de la Revolución Mexicana, la muerte de su padre, el general Bernardo Reyes, a lo que habría de sumarse el posterior estallido de la Gran Guerra en Europa y el contacto con un universo intelectual heredero del noventayochismo, y por tanto, teñido de referencias reflexivas sobre la identidad y los vaivenes políticos de la que iba a ser su patria de acogida, tras su estancia en París donde trabajó en la Legación mexicana. Reyes tiene veinticinco años cuando arriba a Madrid y su introducción en el círculo de intelectuales de la capital será fruto, en gran medida, del empuje de su amigo, el extremeño Enrique Díez Canedo, convertido en auténtico cicerone del mexicano. En un momento previo a la irrupción de las vanguardias, en pleno apogeo de la literatura y el debate surgidos al calor de las tertulias y los grupos de libre pensamiento, testigo de los últimos coletazos del modernismo, el recién llegado tendrá la fortuna de asistir al atisbo de las nuevas corrientes creativas que ya se gestaban en aquel Madrid en tránsito entre las décadas de los diez y los veinte del pasado siglo".



"Capilla Alfonsina", en Ciudad de México

Pero igualmente sabía que íbamos a visitar la Fundación Elena Poniatowska Amor, que acaso tendríamos la oportunidad de conocer en persona a la autora, al haberse programado dentro de nuestro periplo mexicano una lectura de poemas en la sede de dicha fundación. Aunque finalmente no fue posible saludar a la Poniatowska, muy delicada de salud, pues no en vano carga a sus espaldas un total de noventa y tres primaveras, viajaron sus libros en mi mochila, ávidos de una dedicatoria de su puño y letra. Y es que mis lecturas de ese momento lo eran de uno de estos títulos, la novela Hasta no verte Jesús mío, publicada en 1969, deliciosa obra inspirada en la vida y testimonios de una persona real, a raíz de las entrevistas que la autora realizó a Josefina Bórquez, una mujer humilde, lavandera, nacida en Oaxaca y residente en la Ciudad de México. Esta novela es una auténtica delicia, en la que se traza una línea de tiempo desde la niñez hasta la madurez de su protagonista, sucesión de episodios vitales marcados por la voluntad de sobreponerse a las adversidades y continuar adelante, enfrentándose a múltiples retos y contingencias, a través de los cuales, la autora denuncia la injusticia social, la desigualdad, la marginación de que es objeto la mujer, en una suerte de literatura testimonial que no tarda en lograr la complicidad del lector. Escuchamos la voz del pueblo, la reivindicación secular de las clases más desfavorecidas, descubrimos el lenguaje y la identidad lingüística de los personajes, la religiosidad popular, mezcla de creencias y supersticiones, algo que todavía hoy pervive, herencia de ese mestizaje cultural que se encuentra en la esencia del pueblo mexicano, donde conviven las ceremonias cristianas y los ritos ancestrales, lo que vimos en lugares como el Tepeyac o el Zócalo de Ciudad de México, con los ritos de "limpieza" realizados por los indígenas. Poniatowska convierte la memoria en material tangible, rescata y preserva la autenticidad de la intrahistoria, con su voz comprometida y feminista, llamada a desterrar el papel invisible de la mujer para otorgarle su verdadera significación y trascendencia. 
                  


Con la escritora Ana Ramos, en la Fundación Elena Poniatowska Amor

Unas últimas palabras lo son para los poetas. Porque México ha sido siempre un país donde la poesía ha sabido ser bien recibida. Buena muestra de ello es la acogida al exilio español al término de la Guerra Civil, pero sobre todo, México es un territorio literario proclive al cultivo del buen verso, con figuras como la del Nobel Octavio Paz, grandísimo autor todoterreno cuya obra y personalidad han impregnado el trabajo de tantos poetas posteriores de habla hispana. Paz escribe sobre el hombre, sobre el mundo, tantas veces incomprensible que contempla su andadura, fiel siempre a sus señas de identidad y su origen, pero también buscador incansable del sentido de la existencia. Muestra de ello sea el poema Piedra de sol, publicado primero como libro, y que el autor construye inspirándose en el conocido calendario sagrado de los aztecas. La dimensión mística de su poesía convive también con el verso contemplativo o descriptivo, sin olvidar la gran influencia de la cultura oriental, de la que era un auténtico estudioso, como lo demuestra en sus diferentes obras acerca de poetas de la tradición china, hindú o japonesa. En su libro ensayo A trazos (Ediciones del Equilibrista, México 1997), Paz recoge esos estudios fruto de las traducciones realizadas, en este caso, de textos clásicos chinos. Como dice en su introducción, "me pareció que esos textos debían traducirse al español, no solo por su belleza sino también porque cada uno de ellos destila, por decirlo así, sabiduría". Y eso que estas traducciones, que dice hechas "sin respeto a la filología", las hizo del francés y del inglés. No es de extrañar que Octavio Paz se hiciera merecedor del Premio Nobel, y en este caso, se le otorgase, algo que, sin embargo y en justicia, también debió haberse hecho con Alfonso Reyes, siempre comprometido en promover el puente cultural entre los países de las dos orillas, custodios de ese incalculable tesoro que es su lengua común.  





Casa Alvarado, en Coyoacán, Ciudad de México, donde vivió y murió el poeta Octavio Paz






 

domingo, 4 de enero de 2026

Un nuevo nacimiento

La primera entrada en la bitácora, apenas comenzado un nuevo año, siempre resulta complicada. ¿Hacer balance del año que acaba de finalizar? ¿Trazar una lista de propósitos para el que empieza? Ninguna de estas alternativas acaba por convencerme del todo, aunque es evidente que el tiempo se conduce sin solución de continuidad y como algunos teóricos de la física apuntan, acaso pasado, presente y futuro sean la misma cosa, de tal forma que difícilmente pueda prescindirse de lo ya vivido a la hora de transitar los senderos de lo por venir. Dos mil veinticinco dijo adiós todavía con la resaca de mis jornadas en tierras mexicanas, vivencias y sensaciones que darían para iluminar muchas páginas. Era mi segundo viaje a América Latina y, como la primera vez -entonces fue Colombia-, la impresión es la misma, la de quien se ha sentido acogido en medio de tanta gente ávida de conocer y leer, gente cálida y generosa en una tierra rica en vivencias y matices, a la que uno quisiera nuevamente regresar. Es lo mucho que dejan, más allá de la piel, los viajes y el mestizaje de ideas y culturas. Algo indeleble, que trasciende por encima del tiempo y de la distancia, aunque ésta sea tanta como la de todo un océano de por medio. Te das cuenta ahora de todo lo que quedó por ver, por hacer, por compartir. Allí quedó el eco de nuestros poemas, los pronunciados y pensados en rincones emblemáticos de la gran urbe, aquella cuyos límites no son mensurables pero que seguro supo retenerlos, como los que un día otros poetas españoles alumbraron en medio de la marabunta de sus calles y la nostalgia de la madre patria. Resuenan pues aún en el recuerdo las evocadoras lecturas en el Ateneo Español de México, dentro del Encuentro Internacional de Escritores, no lejos del imponente retrato del poeta Antonio Machado, realizado por Cristóbal Ruiz, ante cuya estampa se hacía obligado un profundo suspiro de admiración y respeto. 

Ojalá dos mil veintiséis depare momentos tan emocionantes como estos, la oportunidad de seguir aventando el mensaje de mis versos, los de este libro que acaba de ver la luz y tiene todo un largo camino por delante. Aprendí mucho en estos últimos meses, en México, en Italia, y esa secuencia de instantáneas vividas alimentará sin duda futuras aventuras creativas, superada la travesía del desierto y el bloqueo que ha seguido a tanta catarata de sensaciones y experiencias. Confío en ello. En palabras de Byung-Chul Han, la esperanza es la venida al mundo como nacimiento


A la sombra de D. Antonio Machado, en el Ateneo Español de México

martes, 23 de diciembre de 2025

Nacimiento mexicano

En estos días pasados en México, en fechas próximas a la Navidad, pero igualmente cercanas a la festividad del "Día de Muertos", cuyos vestigios aún podían verse en muchos lugares, una de las constantes repetidas en mercadillos, puestos callejeros, pequeñas tiendas, es el "Nacimiento", con todos sus elementos y accesorios. La celebración de la Navidad, en torno a las figuras que representan el nacimiento de Jesucristo se encuentra muy arraigada en la tradición mexicana y presenta unas características e idiosincrasia propias, enriquecidas por las peculiaridades de cada zona. 

En el singular Mercado de San Juan, en Guadalajara (Jalisco), abundaban los puestos que ofrecían este tipo de figuritas para componer los nacimientos, y entre ellas, destacaban las realizadas en barro, elaboradas mediante moldes y policromadas a mano, procedentes de artesanos de localidades próximas. Destaca en ellas precisamente  la pulcritud de su acabado, la gran cantidad de detalles y la ternura que expresan.  Partiendo de ellas hemos articulado este Nacimiento mexicano, que hemos querido combinar con otros elementos y signos de identidad adquiridos durante el viaje. Vamos a explicar cada uno de ellos, su procedencia y significado:

- Figuras: Procedentes de Tonalá, localidad cercana a Guadalajara. El conjunto se compone de todos los personajes esenciales para representar el misterio del nacimiento de Jesús con fidelidad a la tradición cristiana: la Virgen María, San José, el niño, la mula y el buey, así como los pastorcillos con sus ovejas y los tres Reyes Magos.

- Ofrendas: Hemos elegido para representar los regalos que los Magos entregan al niño recién nacido unos pastilleros mexicanos con las imágenes de la Virgen de Guadalupe (detalle rostro), la artista Frida Kahlo y otro más que reproduce un detalle del cuadro de Diego Rivera "El portador de flores con alcatraces" 

-Palomas: A ambos lados del portal se han colocado unas figuritas de palomas, elaboradas a mano por artesanas del Valle de Chiapas, adquiridas en la localidad de Tlaquepaque, igualmente próxima a Guadalajara, y en cuyos huecos, generalmente utilizados como pequeños maceteros, hemos insertado unas velas. Las palomas están muy presentes en el arte popular de México. En este caso, se han elaborado en barro y en colores negros, para representar el alma de los seres que ya han partido.

- Imagen de la Virgen de Guadalupe: En la pared de fondo del portal se ha colgado una pequeña tela con la Guadalupana, devoción central del país mexicano desde su impresión en la tilma de San Juan Diego y cuya basílica, en Ciudad de México es uno de los santuarios más visitados del mundo. 

- Muñeca típica mexicana, conocida como Lele, que en otomí significa "bebé", originaria de Querétaro, caracterizada por sus largas trenzas, las coronas de lazos de colores y la indumentaria tradicional. Elaborada en trapo, está presente en todos los rincones de la geografía de México. Aquí se ha dispuesto en el tejado del portal, compartiendo con el ángel el anuncio del nacimiento y que ello debe ser un motivo de alegría. 

- Milagritos: En ambos lados del frontal se han colocado lo que se conoce en México como "Milagritos", consistentes en pequeñas artesanías con figuras variadas, que se usan como ofrendas para pedir o agradecer favores divinos, protegerse o expresar amor y fe. Son un ejemplo del mestizaje entre las tradiciones católicas y el simbolismo indígena. Estas pequeñas piezas metálicas son un tipo de exvoto. 

Combinando todo ello, hemos construido este curioso nacimiento (belén o pesebre,  como decimos en nuestro continente), que me honra compartir con quienes visitan este Blog, aprovechando para desearles una muy Feliz Navidad y un venturoso año 2026, lleno de salud, paz y prosperidad. 


Imagen del nacimiento mexicano instalado


Artesanía en el Mercado de San Juan, en Guadalajara


Decoración Navideña en tienda de artesanía de Tlaquepaque





























domingo, 21 de diciembre de 2025

Crónica de la presentación de "Umbral de agua y sombra" en Cáceres

Se presentó Umbral de agua y sombra en Cáceres. Después de su estreno en la Feria del Libro de Guadalajara y la lectura de sus poemas en diversos escenarios de la Ciudad de México. Se presentó Umbral de agua y sombra tras una vorágine de presentaciones a cargo del Grupo Editorial Sial Pigmalión, en estos días antesala de la Navidad. La elección del Palacio de la Isla para celebrar la puesta de largo de este poemario resultó acertada al facilitar la creación de una atmósfera más intimista y recogida, muy acorde con el contenido y el mensaje del libro, que finalmente, y pese a las desapacibles condiciones climatológicas y la acumulación de convocatorias en la ciudad, se vio arropado por un público significativo, del que formaban parte incluso personas llegadas expresamente para el acto, desde fuera de Cáceres.

Comenzaba la velada con las palabras del editor, Basilio Rodríguez Cañada, que hizo entrega al autor del cuadro original que ha servido de ilustración para la cubierta del libro, una preciosa acuarela japonesa que lleva por título Ecos del agua en el puente, conforme a la traducción facilitada por el profesor mexicano Saulo Chávez Alvarado.  Para la creación de esa atmósfera de recogimiento, como en ocasiones anteriores, se colocaron velas y barras de incienso y se dispusieron las sillas en círculo, aunque la afluencia de público desbordó pronto ese círculo hasta completar prácticamente el aforo del salón. Tras la referida introducción del editor, el recital Ecos del agua en el puente tuvo como protagonista a la actriz y profesora de yoga Amelia David, que contagió rápidamente a los presentes con su lectura pausada y envolvente de los haikús del libro, invitando al auditorio al silencio, a la meditación, a la calma, lo que consiguió sin dificultad, haciendo más fácil la recepción del mensaje de trascendencia y esperanza contenido en los poemas, algo que ya iniciara el poeta con su primera entrega, Tránsitos, y que ahora culminaba este libro, integrador del anterior pero bien diferente en cuanto superado por la mayor densidad y añadido de materiales, gráficos y textuales, que lo convierten en una nueva obra, ahora sí, plenamente concorde con el diseño del autor y cuya comprensión se desprende fácilmente de las palabras del profesor Felipe Rodríguez Pérez en su prólogo, así como de las notas finales a modo de aproximación al lector de los conceptos y claves del poemario. 

El eco de los crótalos puso punto final a la lectura y sirvió de broche para una velada ciertamente inolvidable que espera ser solo punto de partida para todas las que han de venir, pues corresponde ahora dar al libro el recorrido que pide y se merece, después de unos años de incansable trabajo poético y reflexivo. Anticipo de ello se antoja la traducción al zapoteco, una de las lenguas prehispánicas de México, de algunos de los haikús, gentileza del profesor Chávez Alvarado. 












domingo, 14 de diciembre de 2025

De una a otra orilla. Presentación de "Umbral de agua y sombra"

Es complicado describir con palabras tal cúmulo de sensaciones. Este segundo viaje al continente americano ha supuesto de nuevo una experiencia sumamente enriquecedora, de la que me traigo el cálido abrazo de muchas estrenadas amistades, de allá, pero también de acá, los sabores, matices y enseñanzas de una cultura desbordante y generosa, y por supuesto, el regalo de la palabra, la que fluye de las páginas de los libros y la que se disfruta directamente de labios de autores y autoras en múltiples foros de conocimiento y cercanía. 


Encuentro Internacional de Escritores


En la fundación Elena Poniatowska Amor


En el Ateneo Español de México


En el homenaje a Alfonso Reyes

Es difícil resumir tanto en unas pocas líneas. Lo importante es lo vivido, lo que ya forma parte de uno y que queda ahí para siempre, legado de imágenes y momentos inolvidables. No es solo el hecho de poder presentar libro y compartir poemas en una Feria como la de Guadalajara (Jalisco), en México, la mayor del mundo hispano, donde uno se siente minúscula gota de agua en medio del océano; son también los instantes de hermandad literaria en lugares emblemáticos como el Ateneo Español de México, la Fundación Elena Poniatowska, la Capilla Alfonsina, o el Panteón Jardín, donde un grupo de heterogéneos enamorados de la poesía, españoles, latinoamericanos, tunecinos, improvisamos un sincero homenaje a los poetas Luis Cernuda y Emilio Prados, fallecidos en el exilio mexicano. Hacer literatura, pero sobre todo, vivir la literatura, estarle agradecido por estos buenos momentos y por el descubrimiento de tantas personas con las que compartirlos. Al final, lo de menos es la presentación de tu propia obra, pues aunque siempre es un gozo, una satisfacción, dar a conocer tu acervo poético en otras tierras, ante otro público, implicarse en su intrahistoria, en su cotidianidad, da alas para continuar creando y plasmar las impresiones, las secuencias de esos días, a bordo de futuras letras.              



Lectura de poemas en las tumbas de Luis Cernuda y Emilio Prados

Pero también uno desea que los demás le escuchen, le lean, que sus versos dejen de ser patrimonio propio y que sean pronunciados e interpretados por otras voces. Desde la otra orilla del Atlántico, también Umbral de agua y sombra aguarda ese instante de reflexión y caricia a este lado de la luz, en territorio conocido, y por ello permeable, aunque no siempre tan agradecido como aquel de ultramar.  Desde Guadalajara, próximos aún los ecos del mariachi, llega Umbral de agua y sombra a Cáceres en la antesala de la Navidad, buscando el recogimiento y la intimidad del Palacio de la Isla, donde se presenta el viernes 19, a partir de las 18:30 horas, con las palabras preliminares del editor, Basilio Rodríguez, tras las que todo el tiempo será para meditar sobre los poemas en un recital al que he querido llamar "Ecos del agua en el puente", parafraseando la leyenda en japonés que figura en el cuadro que sirve de ilustración a la portada del libro. 


Presentación de "Umbral de agua y sombra" en la Feria del Libro de Guadalajara