sábado, 12 de junio de 2021

Presentando "Las erratas de la existencia"

Hace exactamente una semana se presentaban en Trujillo, en el Palacio de Lorenzana, sede de la Real Academia de Extremadura de las Artes y las Letras, los últimos títulos de la colección "Extremadura" del Grupo Editorial Sial Pigmalión. Con la presencia del editor, Basilio Rodríguez Cañada, del Secretario de la Academia, José Luis Bernal, y de los autores cuyos libros han inaugurado la nueva andadura de esta colección, no obstante ya consolidada, de dicha editorial, avalada por un prestigioso comité científico integrado por miembros de diversas instituciones relacionadas con el mundo de la cultura. 

Entre las obras presentadas figuraba "Las erratas de la existencia", mi nuevo poemario, en impecable edición prologada por el profesor y poeta Hilario Jiménez Gómez, que de este modo compartía protagonismo con los títulos "Máscaras de invierno", de Manuel Pecellín Lancharro, "Sex Busca", de Alberto Guerra Obispo, "Lo que en verdad sucede", de José Cercas y "Relatos y leyendas de Trujillo", de José Antonio Redondo. 

"Las erratas de la existencia", llega al papel después de un año plagado de incertidumbres y más de dos de elaboración y meditado proceso de pulido. Tras "La complicidad de los amantes", sorprenderá a muchos la propuesta poética de este libro, donde la impregnación culturalista del anterior ha desaparecido por completo para dar paso a un discurso enteramente reflexivo en el que se advierte la preocupación por temas de calado netamente existencial que conciernen al destino del ser humano en un mundo cada vez más tecnificado donde no siempre resulta fácil reconocerse. Compuesto en su mayoría de poemas breves (una de las partes es una colección de haikus), y algunos textos en prosa poética, se ha optado por el empleo de un lenguaje directo y más transparente que el de libros anteriores con una preferente intención comunicativa, casi conversacional, como corresponde a la utilización de la segunda persona. Son no obstante perceptibles numerosas referencias literarias, identificables a tenor de las citas que encabezan cada uno de los capítulos en que se divide el itinerario poético, así como distintos lugares comunes propios del tiempo y el espacio en que se enmarcan estas reflexiones. Cierra el libro una adenda que es fruto de la inédita experiencia vivida durante los últimos meses, poemas que evocan el universo distópico engendrado por mor de la pandemia aún vigente.

"Las erratas de la existencia" está ya disponible en librerías y a través de la página web del grupo Sial Pigmalión: https://sialpigmalion.es

El bello diseño de la cubierta, en edición al cuidado de Basilio Rodríguez Cañada y Verónica Vilaverde López, recoge una imagen procedente del cuadro "Bodegón con pera e insectos", del artista Justus Juncker (1750). 




Imágenes de la presentación de "Las erratas de la existencia" en la Real Academia de las Letras Extremeñas (Trujillo) y en la Feria del Libro de Cáceres (5 y 6 de junio)

domingo, 16 de mayo de 2021

Regreso a Macondo: De vuelta a "Cien años de soledad"

Mis estudios de Grado en Lengua y Literatura Españolas me han traído de regreso al universo mágico de Gabriel García Márquez. No siempre la lectura obligada de algunos textos se convierte en una experiencia tan gratificante como la de sumergirse de nuevo en la cosmología de Macondo y el progresivo descubrimiento de sus personajes. Tanto tiempo hacía de mi primer encuentro con "Cien años de soledad" que saborear otra vez sus páginas ha representado una auténtica virginidad literaria garciamarquina, plena de sensaciones y elementos de aprendizaje. 

Después del huracán bíblico, Macondo solo es un recuerdo, una tierra devastada en las postrimerías del paraíso. Nada queda ya de sus calles, incluso las vías del ferrocarril sucumbieron a la voracidad de la maleza. Los espíritus del bosque colonizaron los raídos esqueletos de las casas, reemplazando con sus legiones de insectos el recuerdo de los hombres, la impronta de las mujeres centenarias que albergaron en su regazo la simiente de un futuro escrito de antemano. Nada queda ahora tras el diluvio y el súbito exilio de la luz. La naturaleza ha recobrado aquello que siempre fue suyo, la justicia del árbol y la tierra se impuso inexorable, acallando el furtivo atrevimiento de quienes pretendieron desafiarla. Ha crecido la floresta sobre las lápidas del camposanto, borrando para siempre los nombres, el coagulado olor de la pólvora reseca. 

He manejado varias ediciones de "Cien años de soledad" y algunas guías de lectura para facilitar su comprensión. Me quedaría en primer lugar con la publicada por la editorial Alfaguara, edición conmemorativa del cincuentenario de la obra, en colaboración con la Real Academia Española, que cuenta con el texto revisado por el propio Gabriel García Márquez y varios artículos complementarios realizados por eminentes autores y filólogos, como Álvaro Mutis, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes o Víctor García de la Concha, entre otros, así como un muy útil glosario de nombres y referencias que aparecen en la novela, sin olvidar la bibliografía utilizada. Una segunda edición que merece la pena es la de Random House, aparecida en 2017, con las magníficas ilustraciones de la artista chilena Luisa Rivera y la tipografía del hijo del autor, Gonzalo García Barcha, cuya presentación y alardes estéticos compensan sin duda la ausencia de otros materiales accesorios. Es esta una edición para el bibliófilo, el coleccionista, que no puede faltar en la biblioteca de todo aficionado a la novela del escritor colombiano. 

El destino estaba sembrado de mariposas amarillas, de tardes de verano en el corredor de las begonias. Yacía dormido en los viejos papeles del cuarto clausurado, donde ni siquiera el aire  osaba penetrar, temeroso quizá de las voces que aún parecían escucharse, guardianas de un tiempo de renglones desquiciados. Mas también estas terminaron apagándose en el carrusel de la fiebre y la incipiente penumbra. Llegaron entonces las polillas, las hormigas hambrientas, la verde progenie de la hiedra, enroscándose sin piedad mientras la soledad resquebrajaba el vigor, antaño tenaz, de los pobladores, avejentadas la tinta y la pluma, ya caducas, del escritorio, llamando al olvido de la palabra. 

Regresar a Macondo es compartir la esencia de una forma de escribir que rompió moldes e impregnó de su savia la novela del último cuarto del siglo veinte. Pulcritud, imaginación, atrevimientos narrativos, sorpresas que se insertan en el relato de lo cotidiano, son recursos y características que afloran en el texto de García Márquez y que atrapan enseguida, desde la primera hasta la última página. 


domingo, 18 de abril de 2021

San Jorge y Cáceres: Uno de los cuadros del Pregón 2021

Tras tener el grandísimo honor de pronunciar el Pregón de San Jorge 2021, en Cáceres, y estando próxima la festividad del Santo, Patrón de la Ciudad, reproduzco uno de los ocho "cuadros" de que se compone dicho Pregón, como anticipo de su publicación íntegra, en el que se recuerda la conocida leyenda del dragón, temática que aparece en los múltiples iconos y representaciones que de San Jorge existen en Cáceres.

CUADRO TERCERO: LA LEYENDA DEL DRAGÓN

El paseante que transita por las empedradas calles de la Ciudad Monumental no tardará en ver guiados sus pasos hasta la que, desde mediados de los años sesenta del pasado siglo, conocemos como Plaza de San Jorge. Antes, había allí una amalgama anárquica de edificaciones y restos de otras, sin ningún valor histórico, junto a una fuente próxima a la Cuesta de la Compañía, en la que las populares aguadoras rellenaban sus cántaros. Un espacio yermo rodeado de retazos de historia: El Palacio de los Golfines de Abajo, la Casa de los Becerra, la Iglesia de San Francisco Javier y el Colegio de los Jesuítas, sede luego del Instituto “El Brocense” y hoy de la Escuela de Arte Dramático de Extremadura. Tras la remodelación, se ganó para Cáceres el señorío de una Plaza que con el transcurso de los años se ha convertido en punto de encuentro, auténtico kilómetro cero del casco viejo, desde la que parten los senderos que lo atraviesan, hacia el sur, hacia el norte, balconada abierta a la contemplación incansable del arte hecho arquitectura, de la historia, trazada con la gubia de la heráldica. Tan noble paraninfo acoge en lugar privilegiado una de las esculturas que mejor representan al Patrón de Cáceres, ocupando una hornacina abierta en el frontispicio del complejo de escaleras que conducen hasta los niveles superiores. Al alcance de una caricia, se muestra al Santo ataviado con su coraza y su casco, sobre su caballo, en el momento supremo de lancear y dar muerte al pérfido dragón que, a sus pies, aparece sometido, bestia inmunda que exhibe viperina su lengua cual última bocanada de esa lumbre que la estocada del caballero ha conseguido apagar.



Estatua de San Jorge, obra de José Rodríguez, 
que se encuentra en la Plaza de San Jorge de Cáceres

Seguramente no serán pocos los que se hayan sentido atraídos por estas criaturas míticas, tan presentes en un buen número de culturas, tanto occidentales como orientales. El Dragón como animal que identifica el sentir de lo oscuro, de lo tenebroso, el peligro ante el que el ser humano percibe su debilidad y su impotencia. El Dragón como compendio de todos aquellos elementos del mundo animal que despiertan temor y rechazo, que se asimilan a la idea de lo malo, lo pecaminoso, como la serpiente y por ende, el diablo. Las leyendas de caballeros, de héroes vencedores o dominadores de dragones han llegado hasta nuestros días. Así, Apolo, Cadmo, Perseo y Sigfrido, vencen al dragón, y del mismo modo, San Jorge y San Miguel Arcángel, como ya hemos dicho, son representados en ese crítico instante en que con sus armas proceden a derrotarle. Hoy, no podemos imaginar al Santo de Capadocia sin su abominable oponente, y en Cáceres, no solo aparece representado en multitud de iconos repartidos por toda la ciudad, sino que es el protagonista indiscutible de la fiesta que desde hace años se viene organizando la víspera del 23 de abril para recordar aquella fecha inolvidable que supuso la victoria del rey cristiano frente a las tropas musulmanas.



Imagen de San Jorge que se encuentra en el vestíbulo del Palacio de Carvajal (Cáceres)

Sin embargo, la leyenda de San Jorge y el Dragón nada tiene que ver con este hecho histórico. Desde sus orígenes, se ha querido mostrar como una lucha del bien contra el mal, cuyas reminiscencias se hallan en las glosas del Apocalipsis de San Juan y en el Leviatán de los Salmos, con la imagen del enemigo personificado en la figura de Satanás. La escultura de bronce, obra de José Rodríguez, que preside la Plaza de San Jorge en Cáceres, responde a esa tradición del guerrero que no se encoje ante el furor de la bestia, que en la literatura medieval, contemporánea de la Reconquista, ya aparecía, por ejemplo, en los textos artúricos, de los que sirve de muestra el episodio del Valle sin Retorno, donde el caballero Lancelot vence a dos de estas criaturas al clavarles una espada en la boca abierta, salvándose así de la prisión de Morgana, de la que eran los guardianes. 

En el caso de Jorge, mártir de la época del emperador Diocleciano, su asociación con la figura del dragón es también fruto de una historia medieval, surgida en torno a los siglos IX y X. En el tiempo de los cantares de gesta, la tradición quiso convertir a San Jorge en el héroe que libera a todo un pueblo, la antigua ciudad libia de Silca, del terror causado por el voraz dragón que tenía atemorizados a sus habitantes, exigiéndoles la entrega de animales e incluso de personas (jóvenes mujeres elegidas por sorteo), para aplacar su apetito insaciable. Cuando la princesa fue la escogida para el sacrificio, aparece Jorge y consigue derrotar a la diabólica criatura.



San Jorge y el Dragón. Grabado de Alberto Durero

La historia tiene todas las características de los relatos de caballería, aun cuando no esté exenta de un trasfondo teológico. Así, el pueblo oprimido, la muerte que le acecha, el paladín y la doncella, hasta el premio final, cuando de la sangre del monstruo nace una rosa que aquel ofrece a la princesa, hecho del que algunos derivan la tradición de entregar una rosa roja a las damas el día de San Jorge. 


Una maldición tiene cautivas a las gentes.

Un enorme dragón, de sus corderos, de sus doncellas, se quiere alimentar.

La suerte está echada y esta vez a la hija del rey le tocó ser su bocado.

Ya camina hacia la cueva donde la bestia duerme, nada podrá evitarlo.

Mas un soldado, a lomos de su caballo, ha presenciado todo y presto se dirige

a entablar con el monstruo singular batalla. Escudo en mano, esquiva

las llamaradas que vomita su boca, con brío enarbola

la lanza y busca dónde hacerle más daño. Pero el dragón solo tiene ojos

para la princesa y con sus garras pretende zafarse del intruso caballero

que aprovechando ese momento de incertidumbre incrusta su estoque

próximo al corazón del diabólico engendro, haciendo brotar de sus

escamosas carnes un reguero de roja sangre que se precipita

sobre la árida tierra, de la que brota, con la textura de las rosas,

el germen de la libertad y la concordia.

 

 

domingo, 11 de abril de 2021

Reseñas de mis últimas lecturas de poesía

Mis últimas lecturas de poesía son reveladoras de la multiplicidad de registros que es patrimonio de este género. El tránsito de uno a otro poemario, la indagación en las formas y recursos utilizados en cada caso, constituyen una experiencia indudablemente enriquecedora. La libertad creadora de que gozan hoy los poetas, no mediatizada por el compromiso de ajustarse a criterios o esquemas métricos ni temáticos específicos ha permitido tener acceso a propuestas y contenidos poéticos plurales, generando un corpus literario cada vez más amplio desde el que contemplar con prismas bien distintos la realidad del mundo que nos rodea, así como el universo introspectivo de los propios autores, en definitiva, materias tradicionalmente objeto del poema en sí. A fin de comprobar lo que decimos, nos detendremos brevemente en varios libros de reciente publicación (último semestre de 2020 y primer trimestre de 2021).

En "Confía en la gracia" (Tusquets Editores, Nuevos Textos Sagrados, septiembre de 2020), de la asturiana Olvido García Valdés, el lector volverá a encontrar el personalísimo cosmos en que se desenvuelve el quehacer poético de su autora, manteniendo la cohesión y la cadencia de sus poemarios anteriores, también publicados en la misma colección (Y todos estábamos vivos, 2006 y Lo solo del animal, 2012).  En este nuevo título se advierte de nuevo la gran libertad formal que caracteriza a su poesía, sembrada de referencias a la naturaleza, a lo más elemental, a las cosas pequeñas y cotidianas, al paso del tiempo y su insultante incontinencia, en una combinación magistral de la palabra cuidadosamente elegida y el recurso a lo anecdótico, construyendo espacios e instantáneas, a veces desconcertantes, otras herméticos, que suscitan íntimos interrogatorios fruto de ese diálogo de la autora con sus vivencias, con sus lecturas, con el sentimiento de ser protagonista de un entorno vivo en constante movimiento. 


"Desde Elca" (Antología), de Francisco Brines, publicado en Editorial Pre-Textos (Colección "La Cruz del Sur"), diciembre de 2020, es la primera antología del autor después de serle concedido el Premio Cervantes. Con la exquisitez a que nos tiene acostumbrados esta colección, nos encontramos ante un intenso recorrido por la poesía de Brines, responsable de la selección de los textos, además de siete poemas inéditos, habiendo elegido como referente el locus amoenus de su casa de Oliva. El libro nos sumerge en la poesía reflexiva y contemplativa que caracteriza al autor, desprovista de tentaciones experimentales, que llama al sosiego, al lento peregrinar de la existencia, sin que falte un toque de nostalgia ante la caducidad de las estaciones, códigos que son constantes en su obra. 


En una línea cercana a la poética de Brines, "Aquí" (Mahalta Ediciones, noviembre 2020) nos acerca una voz muy personal, la del manchego Francisco Caro, repleta de serenidad y de añoranza, de rescate de la memoria y mansa contemplación del trasiego de la edad, itinerario en el que tienen cabida sus lugares y sus tiempos, que son los del propio poeta que dialoga con sus recuerdos. Con un certero dominio del verso, de su ritmo, con un lenguaje que rezuma claridad y sinceridad, heredero de formas y referentes clásicos, Francisco Caro nos sumerge en un océano de fragancias familiares, fragmentos y sinergias que en definitiva cimentan su yo poético y humano. 


Los dos últimos poemarios que han llegado a mis manos aun aguardan su lectura. Como el anterior, ambos son también de poetas conocidos, amigos y admirados. De esos de los que conviene empaparse y bucear en sus propuestas. "La fragilidad" (Colección Visor de Poesía, Madrid 2021), es el nuevo libro de Diego Doncel, que ha obtenido el XXXIII Premio Loewe, incorporándose de este modo a la nómina de autores extremeños galardonados en tan prestigioso certamen (lo fueron anteriormente Álvaro Valverde y Basilio Sánchez). Por su parte, "La Sangre Música" (Aerea carménère) Chile/España, enero de 2021, del poeta madrileño Antonio Daganzo, acaba de incorporarse a mi biblioteca, con el propósito de disfrutar de su preludio y cinco cantos como estación previa a la elaboración de una reseña más amplia que pueda servir de presentación del libro, el próximo mes de septiembre, en el marco del Aula de la Palabra de la Asociación Cultural Norbanova. 


No puedo terminar este recorrido sin una última referencia una obra ya clásica en el marco de la poesía española, el "Poeta en Nueva York"de Federico García Lorca, en la edición que tras el verano de 2020 llegaba a las librerías de la mano de la editorial Sial Pigmalión (Colección Contrapunto)No es la primera vez que me enfrento a los poemas neoyorquinos de García Lorca. Esta edición, como apuntaba, recientemente publicada, me ha permitido sin embargo acercarme a estos textos no exentos de dificultad interpretativa por su contenido y forma expresiva, con la inestimable ayuda del estudio y notas del profesor Hilario Jiménez Gómez, también poeta y además amigo, sumamente clarificadores a la hora de comprender y contextualizar los versos lorquianos, plagados de imágenes oníricas, que denuncian la soledad del hombre y las injusticias sociales en el mundo mecanizado y antinatural de la urbe. Resulta muy enriquecedor disfrutar de estos poemas tan intensos y personales, con el complemento de otros textos del ciclo neoyorquino del poeta, algunos desechados, un proyecto teatral, conferencias, dibujos originales de García Lorca, fotografías y apuntes biográficos. Noventa años después de su escritura, esta edición permite un acercamiento de gran calado a la obra y la personalidad de uno de los autores más completos, magistrales e influyentes de la literatura española del siglo XX. 







jueves, 1 de abril de 2021

Esperando que todo vuelva a ser como antes

Por segundo año, nos ha tocado vivir una extraña Semana Santa. Unos días de ausencias, de silencios, de sentimientos interiorizados y afiladas incertidumbres. Bosteza la ciudad, herida y triste, el ocre de las callejas, aguardando que maduren los sonidos de un futuro inseguro. Al menos este abril no latirá preso tras las ventanas, caricatura de la primavera. El mundo permanece entreabierto, a media voz, traslúcida imagen de las cosas, teñido de urgencias y nostalgias. Gime el incienso dentro de los templos, solo el recuerdo ilumina la madrugada de unos días que parecen desnudos, en un paréntesis de arcilla y ansias, con los senderos desiertos, llenos de interrogantes. Le falta algo a esa noche, descarnada y huérfana. Ni el tañido de una esquila ni el bullicio de la gente al acabar el desfile, ni la calle oliendo a cera, a garganta y a saeta. Duelen tantas vigilias en blanco, duele el dolor de los que se fueron, duele que seguimos sin saber a dónde vamos. 


"Todo está cumplido" 
(Sexta palabra de Cristo en la cruz)

En el claro de la aurora,
la tierra pende de un hilo.

Los músculos se agarrotan
y el mundo roza el abismo.

Las tinieblas se encaraman
sobre el perfil de los riscos

cuando su cuerpo zozobra
y la luz pierde el sentido.




domingo, 21 de marzo de 2021

Hojas de la memoria: Cine y Literatura. Recuerdos poéticos en el Día de la Poesía

El pasado jueves se inició el ciclo de conferencias "Tribuna del Coleccionismo" que organiza la Asociación Cultural Filatélica y Numismática Cacereña. Tuve la oportunidad de inaugurar este curso con un recurrido virtual por la Historia Postal y los recuerdos del Cáceres romántico, mediante una presentación de PowerPoint en la que pudieron verse imágenes procedentes de tarjetas postales, cartas, fotografías, programas de cine y otras modalidades de papel antiguo, todo ello referido a la ciudad de Cáceres, encadenados fotogramas que nos devolvieron por unos instantes los aromas y la fisonomía de un tiempo ya apergaminado en las páginas del recuerdo. Aunque no soy especialmente proclive a eso de celebrar el "Día de...lo que sea", en la inercia de que el veintiuno de marzo se identifica con la poesía, rescataré del elenco de imágenes de mi reciente presentación algunas que, de una u otra forma remiten a la literatura y, por ende, también al género poético. 

En los años treinta del pasado siglo, en tiempos de la llamada "Edad de Plata" de las letras españolas, se inauguraba en Cáceres la que fue durante varias décadas su sala de referencia, el Cine Norba. Había comenzado a construirse este cine en la confluencia de las avenidas de España y Virgen de la Montaña, siendo en la época el segundo más grande de España, con 2.000 butacas. La primera película que se proyectó fue “La amargura del Capitán Yen" (1933). Desde entonces, y hasta el 31 de julio de 1967, en que cerró sus puertas, fueron muchas las cintas que se pudieron disfrutar en su pantalla, una gran parte íntimamente ligadas a la literatura, pues eran adaptaciones de novelas u obras teatrales. Haremos un repaso de algunas de ellas a través de los programas de mano que se elaboraron para la ocasión. 


De los hermanos Antonio y Manuel Machado, grandísimos poetas ambos, "La Lola se va a los Puertos", se proyectó en el Cine Norba tras su estreno en 1947, dirigida por Juan de Orduña y protagonizada por Juana Reina, Manuel Luna, María Isbert, Conrado San Martín, con música de Jesús García Leoz y Manuel L. Quiroga. 


Cine Norba y perspectiva de la Avenida de España y del Paseo, hacia 1950



Cine literario por antonomasia: "Otelo", de William Shakespeare, en versión de Orson Welles, estrenada en 1951, con el propio Welles como director y protagonista, Suzanne Cloutier como Desdemona, Michael Laurence como Cassio y música compuesta por Angelo Francesco Lavagnino. Apenas dos años antes, en 1949, se estrenaría "Mujercitas", basada en la novela de Louisa May Alcott, ganadora del Óscar a la Mejor Dirección Artística. Mervyn LeRoy fue el director de esta cinta y la banda sonora corrió a cargo de Adolph Deutsch. 

No podemos olvidar que en estos años (se estrenó en 1953) se escribió y rodó la película "Segundo López, aventurero urbano", dirigida por Ana Mariscal, actriz y directora de cine que fue esposa del cacereño Valentín Javier y muy vinculada por ello a la ciudad de Cáceres, de la que parte la trama de aquella historia, con algunos planos iniciales en los que se puede contemplar la silueta de la ciudad monumental, pues su personaje protagonista, Segundo López, (interpretado por Severiano Población) partirá precisamente desde la capital cacereña para buscar trabajo y fortuna en Madrid. La novela que sirvió de base a esta primera película dirigida por Ana Mariscal es obra de Leocadio Mejía, publicada en 1947, y reproducimos a continuación su portada. 


Pero, además de la presencia de la literatura en el cine, y como decíamos anteriormente, aquellos años de la primera mitad del siglo XX lo fueron de una intensa vivencia poética. Ejemplo de ello, y contemporánea de la inauguración del Norba, se publicaba en Madrid, en la editorial Signo, la antología de la poesía española de 1915 a 1931, seleccionada por Gerardo Diego, que habría de reunir a las plumas más relevantes de ese período histórico, aglutinando autores procedentes de la Generación del 98, como Unamuno, los Machado o Juan Ramón Jiménez, y otros emergentes que integrarían la llamada Generación del 27. Como se recoge en la entrevista realizada por Nuria Azancot al hispanista Gabrielle Morelli, para "El Cultural", publicada el 1 de agosto de 2011, Gerardo Diego debe ser considerado como "el orfebre del 27", su líder y mentor, por cuanto en la práctica reunió al grupo y lo dio a conocer a través de la obra que reseñamos y sus posteriores ampliaciones y reediciones. Dice Gabrielle Morelli que Diego "supo combinar tradición y modernidad". 



Portadilla y primera página de la Antología de la Poesía Española seleccionada por Gerardo Diego, en su primera edición de 1932, una obra que incluye, además de los textos, fotografías, biografías y semblanza poética de cada uno de los autores antologados. 

En Cáceres, a finales de la década de 1920, se erigía en la parte alta del Paseo de Cánovas, arteria efervescente del desarrollo de la ciudad, el monumento al querido poeta de la tierra de Extremadura, aunque salmantino de origen, José María Gabriel y Galán, que había fallecido en Guijo de Granadilla el 6 de enero de 1905. La inauguración de su estatua, obra del artista Pérez Comendador, tuvo lugar en 1926, convirtiéndose poco después en un punto de encuentro y referencia de los poetas locales, que cada seis de enero le homenajean con la lectura de sus composiciones. 


Reportaje aparecido en la Revista "Blanco y Negro", en su número 1808, de fecha 10 de febrero de 1926, con motivo de la inauguración del monumento al poeta. Abajo, última estrofa, autógrafa, del poema "El cantar de las chicharras". 





















domingo, 7 de marzo de 2021

Libros, siempre libros. Inyección de vida.

Tal día como hoy hace un año asistíamos al final de una forma de entender las cosas, de enfrentarnos a la vida. Nada de lo que vino después nos era conocido de antemano. Porque si algo hemos aprendido de los acontecimientos de estos últimos meses es que no hay territorio ni modus vivendi que esté libre de imprevistos y tensiones, que el cielo puede hacerse añicos sobre nuestras cabezas sin que seamos conscientes de ello. Solo cuando sus pedazos se nos acaben incrustando en la piel, cuando duela ser huérfanos de la luz. Un año atrás, nos dejábamos llevar entre el bullicio de las avenidas, obscenamente cautivos de la multitud, resplandeciente el mediodía, apropiándonos de cada segundo, de cada sílaba, en un intenso e ininterrumpido poema. Recuerdo aquel siete de marzo en las calles de Madrid, todavía indemnes, la sobremesa en la Cuesta de Moyano, el encuentro con Jorge Guillén y Jorge Luis Borges, el fugaz itinerario por el arte que nos llevó hasta el Guernica. Jornada de imágenes y de libros, pilares que lo han sido también luego, cuando el silencio y la penumbra lo inundaron todo. ¡Qué distinto habría sido vivirlo sin ellos! Fueron y siguen siendo el mejor antídoto contra el desencanto, imprescindibles luminarias en la desértica realidad que trasmutó nuestra realidad de siempre y la hizo tributaria de otros oficios, de otras profilaxis. Libros para construir un nuevo futuro, para apuntalar los maltrechos andamiajes de un presente expuesto al temor del naufragio, a la demencia de lo imprevisible. Libros para saturar los estantes hasta hacerlos combarse, sin tiempo material para desentrañar los renglones y la arquitectura de sus páginas. No podría destacar una historia sobre otra, un verso por encima de otro verso. Desde Borges hasta Brines, rescatando nombres y estilos, descubriendo nuevas maneras de interpretar el mundo, el óleo de la palabra supo ungir con su transparencia la cotidianidad de unos días hurtados al abrazo, conscientes de su quebradiza factura. En algún momento volveremos a percibir la belleza como antes, a permitir que el sol inocule su caricia por nuestros poros. Ahora que la primavera regresa.