sábado, 24 de agosto de 2013

Quisiera ser Julio Cortázar

Bueno, finalmente decidí abrir un blog personal, independiente de la colaboración con asociaciones culturales tan queridas para mí como Norbanova o la Asociación Cultural Filatélica y Numismática Cacereña. Aquí será solo mi voz y las imágenes que el visor de mi cámara capte. En todo caso se tratará de dar testimonio del mundo, de los escenarios en los que nos ha tocado interpretar esta partitura incierta que es la vida. Literatura y Fotografía. Serán las señas de identidad de mi nueva bitácora.

Con el verano me propuse leer, aunque fuera a trompicones, la magna obra de Julio Cortázar, Rayuela, que este año celebraba su cincuenta aniversario. Por falta de tiempo, por pereza, por cierta aversión a enfrentarme con volúmenes de tal magnitud y complejidad, había permanecido aparcada en los anaqueles de mi biblioteca durante años, criando eso sí, un poso de polvo que contribuía a proporcionar más solera a sus páginas, como si de un buen vino se tratase. La edición, la de Cátedra, comentada, con numerosas notas y aclaraciones, adecuadas para comprender el texto pero también para enlentecer su lectura. Uno ya está en los albores del medio siglo y empieza a padecer achaques propios de tan inexorable condición. La presbicia es sin duda uno de los más significativos. De los demás mejor no hablar... Menos mal que Alfaguara decidió sacar una edición conmemorativa de esos cincuenta años, casi la misma vida que acumula este lector, con una letra más acorde a mis posibilidades visuales. Por otra parte, el hecho de haber estado hasta cinco veces en París, ciudad que acoge la trama de la novela y que sin duda es uno más de sus protagonistas, me daba cierta ventaja. También que el jazz y el blues sean dos de mis géneros musicales favoritos. Así, las andanzas de La Maga, con su corte de acompañantes ilustrados, resultará más fácil de digerir. París a ritmo de Satchmo. Montparnasse y las proximidades del Sena aliñados de vodka, con la banda sonora de innúmeros discos de vinilo en la estrechez de una buhardilla barata: "Satchmo por todas partes con el don de ubicuidad que le ha prestado el Señor, en Birmingham, en Varsovia, en Milán, en Buenos Aires, en Ginebra, en el mundo entero, es inevitable, es la lluvia y el pan y la sal, algo absolutamente indiferente a los ritos nacionales, a las tradiciones inviolables, al idioma y al folklore, una nube sin fronteras..." Ciudad que es escenario y escenario que abarca los propósitos y las excentricidades de sus figurantes, extrapolables a cualesquiera otros. Aquí es París, pero podía haber sido Londres, Milán, New York, Berlín... La música: "I could sit right here and think a thousand miles away", la electricidad, la compañía de la palabra que ya forma parte de nosotros.  Rayuela integra los universos perdidos de los desterrados, es tabla de salvación para quienes dejaron su existencia varada al otro lado del mar. Vos lo sabés, la realidad vive agazapada en las cuadrículas de un Mondrian.









París, "La Cité"

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