domingo, 15 de abril de 2018

Curiosidades de la Generación del 27. La primera publicación en el exilio del "Romancero Gitano" de García Lorca

En estos días de tantas reminiscencias de la llamada Generación del 27, y muy especialmente, de la figura de Federico García Lorca, localizar en la arqueología de las librerías de viejo un ejemplar como el que va a ser objeto de este comentario, tiene para el bibliófilo, y por supuesto, para el aficionado al universo poético de estos autores, un valor ciertamente extraordinario. Es un placer tener en Cáceres un lugar como Boxoyo Libros, un verdadero oasis donde recalar de tanto en cuando para hurgar en sus poblados anaqueles a la búsqueda de volúmenes cargados de literatura, pero también con su historia propia. Llevo coleccionando ediciones de autores del 27 desde hace años, y de hecho, del "Romancero Gitano", de Federico García Lorca, poseo varias, por supuesto, no la primera, de 1928, inasequible de todo punto a los bolsillos de los modestos coleccionistas. Me había conformado con conseguir las publicadas en Argentina, por editorial Losada, en los años cincuenta, bien de forma independiente (Biblioteca Contemporánea), o en el marco de la publicación del resto de obras de Lorca (Obras Completas). Lejos en el tiempo pues aquella edición de la Revista de Occidente que se publicara en España, en plena efusión creativa de los autores de esta celebrada generación poética, antes incluso de la proclamación de la II República Española, el 14 de abril de 1931.  Descubro ahora que en ese intermedio de tiempo, consumada la tragedia que asoló el país con motivo de la Guerra Civil, y ya en las ingratas mareas del exilio, otro de aquellos poetas, Rafael Alberti, publicó el Romancero Gitano, en Buenos Aires, en 1943, formando parte de la colección "Rama de Oro", dirigida por el propio Alberti, y con una tirada limitada de 1500 ejemplares. Este volumen, localizado en la aludida librería cacereña (el ejemplar 1063), es en sí una joya si tenemos en cuenta que más allá del magistral texto lorquiano, incluye varios elementos verdaderamente singulares que vienen a servir de enlace con algunos acontecimientos que marcaron la vida del poeta y el extraordinario clímax creativo en que se movió junto con sus compañeros. 


Romancero Gitano, Colección "Rama de Oro", 
Buenos Aires, 1943.

Comienza Alberti por recordar a Federico en Sevilla, con referencia expresa a aquel año de 1927 que califica en su prólogo "de intensa agitación y bandería por don Luis de Góngora", pues no en vano fue entonces cuando se produjo el legendario encuentro de talentos literarios que luego diera nombre a aquella generación. Añade Alberti: "García Lorca y yo nos encontramos en la capital andaluza, invitados con otros escritores de nuestra generación para celebrar el tercer centenario de la muerte del inmenso y escarnecido poeta cordobés", recordando que era el Ateneo quien les llevaba y que precisamente, la lectura del Romancero Gitano, inédito aún, constituyó un "éxito clamoroso, casi taurino". Todo el prólogo es una auténtica crónica de esos días sevillanos, de encuentro de autores, de toros y toreros, erigiéndose entre estos la figura relevante de Ignacio Sánchez Mejías, luego protagonista de aquella célebre elegía que le dedicase a su muerte el poeta granadino. ¡Cómo debieron disfrutar estos jóvenes autores! Recuerda Alberti los momentos vividos en casa de Ignacio: "¡Noche aquella, graciosa y profunda!, noche de poetas y amigos, de gente buena. Se bebió. Recitamos nuestras poesías."  Pero es que, del mismo modo, el libro concluye con un poema del propio Alberti en el cual recuerda la injusta y aleve muerte de Federico, poema que titula "Elegía a un poeta que no tuvo su muerte", y que por su indudable interés, me permito reproducir ahora: 

NO tuviste tu muerte, la que a ti te tocaba.
Malamente, a sabiendas, equivocó el camino.
¿Adónde vas? Gritando, por más que aligeraba,
no paré tu destino.

¡Que mi muerte madruga! ¡Levanta! Por las calles, 
los terrados y torres tiembla un presentimiento.
A toda costa el río llama a los arrabales,
advierte a toda costa la oscuridad al viento. 

Yo, por las islas, preso, sin saber que tu muerte
te olvidaba, dejando mano libre a la mía.
¡Dolor de haberte visto, dolor, dolor de verte
como yo hubiera estado, si me correspondía!

Debiste de haber muerto sin llevarte a tu gloria
ese horror en los ojos de último fogonazo
ante la propia sangre que dobló tu memoria, 
toda flor y clarísimo corazón sin balazo.

Mas si mi muerte ha muerto, quedándome la tuya,
si acaso te esperaba más bella y larga vida,
haré por merecerla, hasta que restituya
a la tierra esa lumbre de cosecha cumplida. 

RAFAEL ALBERTI


Fotografía de Lorca y Alberti que aparece en el libro "Poesía Española, Antología 1915-1931", publicada por la Editorial Signo, en Madrid, 1932 y coordinada por Gerardo Diego. 

No acaban aquí las sorpresas y tesoros del libro que comentamos, pues en él también se contiene una imagen del "Autorretrato de Federico García Lorca, hecho en Nueva York", que había sido pintado por el poeta entre 1929 y 1931, formando parte de una serie de dibujos que Lorca hizo durante su estancia en dicha ciudad. La primera publicación de este "Autorretrato", se produjo en la revista "Verve", en 1938. Tras incluirlo José Bergamín en la edición de "Poeta en Nueva York" de México, 1940, Alberti la vuelve a reproducir en esta edición del "Romancero Gitano", apenas tres años después. 














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