domingo, 22 de julio de 2018

Homo homini lupus. Praga, II Guerra Mundial (2ª entrega)

Aunque pueda pensarse que es un tópico el dicho de que la historia es mejor conocerla para evitar repetirla, lo cierto es que no pocas veces encierra una alta dosis de verdad cuando se trata de rememorar sucesos o conductas ciertamente ignominiosas y contrarias a la esencia del ser humano. En esta segunda crónica de viajes dedicada a la ciudad de Praga, no podía dejar pasar la presencia que en sus calles, en sus monumentos, y en algunos lugares próximos sigue teniendo lo ocurrido durante los años de la ocupación alemana durante el gobierno del Tercer Reich y la posterior sangría que supuso la II Guerra Mundial.  Es difícil ahora, en una urbe atestada de turistas y de un fuerte sesgo cosmopolita, imaginarse la cotidianidad de unos días en que el miedo vivía instalado en las avenidas, en las plazas, cuando los soldados y los miembros de la temible policía nazi indagaban en viviendas y establecimientos a la búsqueda de quienes, en la clandestinidad, trataban de tejer su red de oposición y resistencia, o simplemente, articulaban pasajes para facilitar la puesta a salvo de aquellos que estaban en el punto de mira del régimen. Parece que todo eso pertenece ya solo a las películas, a las cintas que recrean el ambiente y las historias de esos años terribles. 

Paseando por la capital checa, las huellas de ese pasado se adivinan en muchos de sus lugares más emblemáticos, nos topamos con su rastro al doblar una esquina perdida en el tiralíneas de las calles que conducen hasta el Moldava. El Museo Judío de Praga, situado en el interior de la sinagoga Pinkas, en el barrio conocido como Josefov, junto al antiguo cementerio, representa un testimonio perenne de lo que fue el genocidio de los judíos checos y moravos víctimas de la persecución nazi. En sus paredes se escribieron a mano, en la década de los noventa del pasado siglo, los nombres de hasta ochenta mil personas, y en sus salas se conserva un estremecedor conjunto de dibujos y objetos de los niños que vivieron en el campo de Terezín, del que luego nos ocuparemos.  



Entrada al Museo Judío (Sinagoga Pinkas) y Sala de Ceremonias (junto al cementerio)


Uno de los muros con los nombres de los judíos fallecidos durante la II Guerra Mundial


Antiguo Cementerio judío de Praga

La propia suntuosidad del castillo, donde se encuentra la imponente mole gótica de San Vito, no deja indiferente si retrocedemos en el tiempo e imaginamos la hermosa forja de sus cancelas, en el acceso al primero de los patios, abriéndose para dejar pasar los vehículos de los jerarcas nazis que en esos años hicieron del complejo su cuartel general. Allí tuvo despacho y potestad Reinhard Heydrich, el que fue considerado el hombre más peligroso del Tercer Reich, y artífice de la llamada "solución final" que arrastró a la muerte a tantos millones de personas. 



Entrada principal al Castillo de Praga


Catedral de San Vito, en el recinto del Castillo de Praga

Uno de los episodios más significativos de la II Guerra Mundial se vivió precisamente en Praga, cuando un grupo de paracaidistas checoslovacos, que habían sido entrenados en Inglaterra, desarrollaron la que se conoció como "Operación Antropoide", cuyo objetivo era precisamente acabar con la vida de aquel hombre que entre otros calificativos se ganó el de "carnicero de Praga". Cerca de la Plaza Carlos (Karlova, en checo), y no muy lejos del moderno edificio que los arquitectos Vlado Milunic y Frank Gehry construyeron en 1996, conocido como "Edificio Danzante", se alza la Iglesia ortodoxa de los santos Cirilo y Metodio, lugar donde aquellos soldados se refugiaron tras el atentado cometido el 27 de mayo de 1942, que terminó con la muerte del dirigente nazi. La historia no ha sido ajena a la literatura y el cine. Hace unos años tuve la oportunidad de leer la magnífica novela "HHhH" (Seix Barral, Biblioteca Formentor, 2011), del escritor francés Laurent Binet, que obtuvo el prestigioso Premio Goncourt, que narra con excelente fidelidad y gran fuerza narrativa los acontecimientos de dicha operación "Anthropoid", suceso también llevado al cine, entre otras, en la película dirigida por Sean Ellis en 2016, protagonizada por Cillian Murphy, Jamie Dornan, Charlotte Le Bon, Anna Geislerová, Harry Lloy y Toby Jones. Actualmente, la cripta de la iglesia está convertida en museo homenaje a quienes participaron en tal suceso bélico, con múltiples recuerdos de los hechos que allí sucedieron. Quien conozca la historia, seguro que no podrá evitar que se le erice el vello al pensar que en ese lugar se produjo una auténtica carnicería, un gran derramamiento de sangre de ambos bandos en conflicto, anticipo del que luego llevarían a cabo los nazis aniquilando dos pueblos enteros, Lezaky y Lidice. 




Señales de impactos de bala en la Iglesia de los santos Cirilo y  Metodio, donde se refugiaron los paracaidistas que ejecutaron el atentado contra Reinhard Heydrich


Interior del museo 



Imágenes de la cripta donde se refugiaron los soldados


Interior de la Iglesia ortodoxa de los Santos Cirilo y Metodio


Exterior del edificio 


"Edificio Danzante", en las proximidades de la iglesia

Es la historia que no podemos consentir que se repita. "Homo homini lupus", locución creada por el comediógrafo latino Plauto, y que aquí resulta plenamente gráfica, al comprobar hasta qué punto el ser humano puede ser el mayor enemigo para sus semejantes. Pero si todavía queremos descubrir lo que fue el horror, basta alejarse unos sesenta kilómetros de la ciudad en dirección norte, hasta llegar a la localidad de Terezín, donde estuvo ubicado durante aquellos años del régimen nazi el gueto judío y campo de concentración de Therensienstadt, aprovechando una antigua fortaleza del imperio austro-húngaro, que recuerda de lejos el recinto abaluartado de Badajoz. 


Baluartes de la fortificación de Terezín


Calles de Terezín. Antiguos edificios del gueto judío


Hornos crematorios


Cementerio cristiano en el exterior de la fortificación


Cementerio judío en Terezín

Fue aquel un campo especial, utilizado como escaparate por la propaganda del Tercer Reich, para tratar de "vender" al mundo las bondades en que se desarrollaba la convivencia de la población judía, pura fachada de lo que realmente ocurría en su interior, con edificios donde se hacinaban sus ocupantes en condiciones infrahumanas, donde se segregaba a la población, entretanto se organizaba su traslado a campos de exterminio como Auschwitz, Treblinka y otros, sirviendo pues de transición en un macabro itinerario hacia la muerte. 





Reproducción de lo que fueron las  habitaciones donde se hacinaban los judíos del gueto. Dibujo realizado por uno de ellos, donde se aprecia la crudeza de la convivencia en el campo. 

En el recinto, resulta especialmente dura la visita a las prisiones de la Gestapo, con sus celdas y sus oscuros corredores, el muro de los fusilamientos, y la impresionante escultura que recuerda a los protagonistas del holocausto, muchos de ellos enterrados en los cementerios próximos a la fortaleza. Se había orquestado una gran mentira y así se quiso hacer ver a la Cruz Roja Internacional, cuando en junio de 1944, visitó el campo. Pero de idílica colonia, nada. Una vez más, la maldad del hombre con los suyos, el lobo con piel de cordero, la historia que es necesario conocer para evitar repetir. 



Entrada a las prisiones de la Gestapo: "El trabajo os hace libres"


Barracones y literas


Celdas


Patio del campo, donde se distribuían los prisioneros


Lavabos colectivos


Celdas de castigo, donde llegaron a encerrarse 
decenas de prisioneros


Pasadizos bajo la fortificación


Muro de los fusilamientos


Escultura en recuerdo del holocausto



1 comentario:

  1. ¡Qué lástima y qué horror! Qué razón tienes en tu texto como siempre edificante. Gracias por traernos estos documentos.

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