domingo, 20 de octubre de 2019

España, camisa blanca de mi esperanza

Siempre me sentí identificado con las contradicciones e inquietudes de los llamados "hombres del 98", con su filosofía, su manera, bien distinta en cada uno de ellos, de enfrentar la perspectiva de la época que les tocó vivir. Los senderos de la historia, a merced de las veleidades del ser humano, revelan su increíble capacidad de volver sobre las propias huellas, de reescribir episodios que parecen sugerir un "déjà vu". Y es que, de nuevo, atravesamos tiempos convulsos, estallidos que ponen en entredicho los límites de la cordura. Los noventayochistas perseguían una regeneración desde las ideas para un país invertebrado, proclive al arrebato y la insensatez, un país de enorme riqueza cultural, cuya diversidad constituía uno de sus mayores tesoros, y a su vez, un silencioso virus capaz de desarbolar el equilibrio de sus órganos. Cuánto se dolieron de España los Machado, Azorín, Unamuno, Baroja, Valle-Inclán...una España hostil a dejarse amansar, a seguir siendo territorio abonado para el desencuentro. Aquellos pensadores convirtieron la piel de toro en el referente de sus migrañas, en el despeñadero de sus visiones, indagaron en la personalidad de sus gentes, fruto de un intenso mestizaje. Y no pocas veces recibieron bofetadas de impotencia. Uno se mete en la piel del Unamuno, rehén de sus propias turbulencias, el que se santigua y a la vez se astilla los dedos; o adopta los ropajes del Marqués de Bradomín -feo, católico y sentimental- buscando acaso un alter ego con el que enfrentar de otra forma los achaques del presente. Porque después de tantos años, como diría Ortega, España, continúa invertebrada, protagonizando ese "Duelo a garrotazos" del visionario Goya. Pero estamos en el siglo veintiuno, aunque no lo parezca. Las heridas debían haberse cerrado hace tiempo y el futuro, ser camisa blanca de esperanza, como cantaron Blas de Otero y Víctor Manuel San José. Mientras enciendo el televisor o despliego las páginas de un periódico, resuena en mis oídos la letra de Cecilia y su "Querida España", deseando que no sea esa "España sin ventura" de Juan del Enzina.  



Ana Belén: España, camisa blanca de mi esperanza


Juan del Encina: Triste España sin ventura



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