domingo, 27 de diciembre de 2015

Tiempo de silencio

Finalizar un año más con sabor a nostalgia. 
Desde esta última página de dos mil quince, en este diario construido a base de solitarias entradas mensuales, contemplo con cierto halo de tristeza el bagaje de lo vivido, la promesa incierta de un tiempo que parece presagiar una suerte de quebradas líneas, la melodía cercana de lo caduco que acaso ha comenzado a instalarse entre nosotros a lomos de esta niebla que oculta los tejados y las espadañas. En la opacidad de la noche, el tráfago silencioso de las horas ha dado paso a los interrogantes, al firmamento iridiscente donde la soledad impone sus reglas y el destino parece hallarse escrito en la encrucijada de los astros. Quizá esté anunciándose un tiempo de urgencias, de búsqueda, ya no sirven los viejos andamiajes del pasado. Al menos siempre quedarán los libros, el consuelo de pelear en el ring del insomnio tras las hechuras de un poema a medio construir, el que quién sabe si acabará lustrando los poros de una cuartilla. 

Acaso el mejor aliado sea el silencio.


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