domingo, 20 de mayo de 2018

Antonio Machado, la resurrección de un poeta.

Llevo investigando y leyendo sobre Antonio Machado desde hace unas semanas a fin de preparar la presentación del libro "Mis cartas a Antonio Machado. Memoria inacabada", del profesor y escritor José María Sánchez y Torreño, que tendrá lugar el próximo sábado, 26 de mayo, en el Salón de Actos del Museo de Cáceres, a partir de las 20:30 horas, como colofón al curso del Aula de la Palabra de la Asociación Cultural Norbanova de Cáceres. Tras la lectura de la obra, amplio, documentado e intenso trabajo por parte del autor, se hacía necesario bucear en el personaje y la producción del poeta sevillano con el propósito de dar una mejor cobertura a los conocimientos que de él siempre había tenido y que en su mayor parte venían a limitarse a su poesía. Interesaba la personalidad del hombre, su trayectoria vital, las circunstancias en las que se desarrolló su escritura, los debates surgidos en torno a su contenido, sin descuidar la épica del personaje y el impacto que en su vida habría de tener el conflicto civil que asoló nuestro país. 


Qué mejor forma de investigar que siguiendo el rastro a los libros que en mi biblioteca tenía del poeta, muy reveladores de la forma en que su palabra y su andadura fueron cuajando poco a poco en la cultura española de los años del siglo veinte posteriores a su exilio y muerte en Collioure, donde se encuentra su tumba. Esta visión del Machado progresivamente rescatado, a la que el profesor Sánchez y Torreño dedica varias de las cartas que integran la obra que vamos a presentar, resulta fácil de seguir a través de los libros publicados en España durante el período de vigencia del régimen franquista hasta nuestros días. A algunos de ellos dedicaremos esta entrada. 

Mencionado por Sánchez y Torreño, debemos comenzar con la imprescindible referencia a las "Poesías completas", que en la editorial Espasa Calpe se publican prologadas por el escritor Dionisio Ridruejo y de las que dispongo de un ejemplar de su quinta edición, publicada en 1941. Lo primero que llama la atención de este tomo es el retrato de Antonio Machado que inaugura el volumen, dibujado en 1933 por su hermano José, quien luego le acompañaría en ese triste camino de la diáspora, y que más tarde emprendería la suya propia, cruzando el océano hasta afincarse en Chile. Controvertido sin duda el prólogo de Ridruejo, en aquellos momentos intelectual del régimen, del que luego se convertiría en opositor, nos presenta a un Machado "secuestrado moral", a cuyo rescate llamaba, si bien salvando aquello que "era patrimonio de España", lo que vino a suponer la preterición de contenidos que pudieran ser contrarios al sentir ideológico del momento en que tal rescate se efectuaba. Para Ridruejo, con la muerte de Machado moría la melancolía de España, "la melancolía que pudo llevar a España y lo llevó a él al error y a la muerte". Se publica pues al poeta pero se cercena su obra por motivos esencialmente ideológicos, como hemos dicho. 


La versión, digamos que, autorizada, de la obra machadiana se mantendrá no poco tiempo dentro de parámetros similares, aun cuando nadie podrá discutir su importancia en el marco de la literatura española. Se preguntaba Julián Marías en el prólogo a la Antología Poética publicada en 1969 por la editorial Salvat dentro de aquella Biblioteca Básica (libros RTV), presente en muchos hogares de este país y hoy en los puestos y librerías de viejo, si Antonio Machado era "el mejor poeta español de nuestro tiempo", para llegar a la conclusión de que era "otra cosa: un poeta irrenunciable", y pasados treinta años desde su muerte, "el poeta que más importa a los españoles". Esta Antología, núm. 16 de la mentada colección, condensa la producción poética más conocida de Machado, sus poemas de Soledades, Campos de Castilla, el romance "La tierra de Alvargonzález", Proverbios y Cantares, algunos Elogios y termina con algunas de las Canciones a Guiomar


Ni un verso de sus "Poesías de Guerra", que solo veremos, y también de forma fragmentaria, en las Poesías Completas que publicará Espasa Calpe en la Colección Austral con prólogo de Manuel Alvar, cuya primera edición es de 1975, el año en que fallece el General Franco. En mi biblioteca tengo la de 1980, y se comprueba que tales poesías completas propiamente no lo son. Como en la edición de Ridruejo, sirve de frontispicio el poema que Rubén Darío dedicase a D. Antonio y que aquí figura en la propia cubierta del libro. No será hasta la cuadragésima novena edición, en la misma colección Austral, cuando finalmente podamos disfrutar de un Machado libre de recortes. En la reimpresión de 2018, se llama la atención acerca de que finalmente se logró la verdadera rehabilitación del poeta: "esta edición no solo incorpora los poemas escritos durante la guerra civil, largamente hurtados a la lectura de los españoles, sino que añade una veintena de textos hasta ahora dispersos y prácticamente desconocidos". Cuesta pensar que poemas de tanta belleza y dramatismo como el que dedicase a la muerte de Federico García Lorca: "El crimen fue en Granada", hubiera sido, efectivamente, hurtado a los lectores y solo publicado en editoriales foráneas. 



Nadie puede cuestionar  hoy en día la vigencia y actualidad del discurso poético machadiano, aun cuando puedan resultar controvertidas algunas facetas de la personalidad del autor, como expone Juan Malpartida en su obra "Antonio Machado, vida y pensamiento de un poeta", publicada por Fórcola, en el presente año 2018. También en estos meses, la Colección Visor de poesía alcanzaba su número mil y lo celebraba con la edición de un volumen dedicado a Machado donde autores españoles y latinoamericanos le rendían homenaje a partir de aquel verso que sería el último de los suyos, hallado en sus bolsillos en un papel arrugado: "Estos días azules y este sol de la infancia"


En este marco, y cuando el próximo año se cumplirán ochenta años de la muerte del poeta, aún candentes debates como el del retorno a España de sus restos, el libro que presentaremos para cerrar el curso en el Aula de la Palabra deviene, si cabe, más necesario para descubrir y aproximarse a una figura imprescindible en la literatura y el sentir de una etapa convulsa de nuestra historia, algo que fácilmente se consigue a través de las cartas que Sánchez y Torreño remite desde sus páginas al buzón que en Collioure acompaña el descanso del poeta.  













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