sábado, 21 de marzo de 2020

La madrugada del Eremita

Atípico veintiuno de marzo, estreno de la primavera y nominado como "Día de la Poesía". Afuera, la ventisca nos trae de regreso semblanzas de noviembre, lluvia y sensaciones que invitan a cobijarse entre los muros de nuestros hogares. ¡Y eso es precisamente lo que venimos haciendo desde hace unas pocas jornadas ante el empuje del enemigo invisible que un día más continúa avanzando! No tengo el cuerpo ni el espíritu para recitar en público mis poemas y quizá tampoco para escribir otros nuevos. De hecho, creo que son ya varios los meses que llevo sin modelar un solo verso. Sigo sin embargo aferrándome a aquellos que escribí antes de que todo esto acabara con nuestra ahora añorada rutina, hace unos cuantos años ya, porque en ellos veo retratada la realidad y los sentimientos que hoy nos acompañan. Como en mi entrada anterior, hojeo las páginas de mis "Arcanos Mayores", para detenerme, en esta ocasión, en su apartado titulado "Señales", compuesto de siete pequeños poemas precedidos por el icono de la carta número nueve de la emblemática baraja del Tarot, la que representa al "Eremita", o el "Ermitaño", imagen sin duda propicia para estos días de reclusión, de ver el mundo desde detrás de los vitrales, a buen recaudo. Decía entonces el poeta: 

"El tiempo congela las yemas de los dedos, 
vierte en los labios trazas de vidrio..."

En el retiro, en la clausura de los estímulos, con el temor escrutando la indemnidad de la piel, acaso descubrimos hasta qué punto somos frágiles, cómo al creernos indestructibles hemos descuidado tantas cosas, exponiéndonos al azote de los elementos. 

"La materia de que están hechos los cuerpos
participa de la incerteza,
por los pliegues del torso resbala
el agua de la lluvia,
transparente escalofrío". 

Entonces, en el silencio de la noche, cuando los cuerpos forzosamente han de yacer distanciados,  "La soledad hace rechinar los dientes"



                                                                                        © Deli Cornejo


Cada poema que rescato de este libro, publicado en 2012, me parece más cargado de vigencia. Siempre han existido plagas, pandemias, tormentas que han arrasado los cimientos de nuestra forma de vida para dar paso a una nueva manera de interpretar las partituras y los acordes de la lluvia. Ahora es el momento de poner diques, levantar barreras que aguanten las embestidas de la marabunta. 


"Poner los medios para conjurar
los rostros de la oscuridad,
de eso se trata ahora. 

El mundo debe tomar partido
y aislar el murmullo que la tormenta condensa,
se hace preciso seguir viviendo.

El big bang retumba lejano
como un discurso agorero". 


Y qué decir de las fake news, del bombardeo de informaciones que distorsionan nuestra percepción de la realidad. 

"Las noticias envenenan y crean espejismos
no siempre reversibles,
con ligereza se confiere credibilidad a titulares
más propios de mentideros
aunque se conturbe
la curvatura del círculo". 

Revisitando los "Arcanos Mayores", me sorprenden esas palabras escritas hace casi diez años, su enorme actualidad, sus reflexiones, tan próximas a esta cotidianidad que hoy nos sacude. Procuremos mantener la serenidad del eremita, la prudencia del que aguarda bajo su techo a que amaine la borrasca. 

"Nada sino distancia,
voluntaria y forzosa tierra de por medio
entre la multitud y la madrugada del eremita". 













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