domingo, 8 de febrero de 2026

Lugares machadianos. Crónica y recorrido en imágenes a través de las tarjetas postales

La próxima presentación del libro Antonio Machado, soñador de caminos, mediado ya este mes de febrero, lluvioso como no se recuerda otro, transcurridos ya ciento cincuenta años desde el nacimiento del poeta, evoca el recuerdo de aquellos lugares y tiempos que sirvieron de escenarios en su vida nómada y no exenta de pocas tribulaciones. De todo ello nos habla el escritor Hilario Jiménez Gómez en esta obra, publicada por el Grupo Editorial Sial Pigmalión, que inaugura una nueva colección dedicada precisamente al poeta sevillano, cuyo itinerario por los caminos de España nos ha dejado la herencia indeleble de su poesía, que tantos años después continuamos admirando y recitando. 

Se hace camino al andar, y esas andanzas comienzan en julio de 1875 en la ciudad de Sevilla, entre patios y fuentes, con el eco de las campanas de la Giralda, la brisa marinera del Guadalquivir y el olor a azahar. La Sevilla de los Machado, a caballo de los dos siglos, impregnó su pluma de elementos tradicionales, símbolos y personajes de la España popular, y en Antonio, eco lejano de su niñez, icono de nostalgia siempre presente en sus recuerdos. Las imágenes que siguen, procedentes de tarjetas postales circuladas durante los primeros años del siglo XX, nos trasladan a ese ambiente que debió ser el de aquellos años de la juventud del poeta, a quien podemos imaginar en su casa del Palacio de las Dueñas, de patio muy similar al de la también sevillana Casa de Pilatos (que aparece en la postal), o recorriendo en silencio las veredas y los jardines del Parque de María Luisa. 


De allí, el caminante habría de recalar en las orillas del Duero, tránsito de Andalucía hasta la sobriedad de Castilla, hasta la Soria que habría de marcarle para toda su vida. No podía faltar en este homenaje a D. Antonio Machado el rescate de unas cuantas tarjetas postales recién incorporadas a mi archivo y contemporáneas de la estancia del poeta en la ciudad soriana, cuyos ambientes y enclaves son los que éste compartió con su amada Leonor, con quien contrajo matrimonio en 1909. Como si de un viaje en el tiempo se tratara, estas imágenes nos devuelven la visión de aquella pequeña población castellana, con sus corrillos bajo los soportales o las gentes del mercado, las riberas del Duero, ese río que, como canta el poeta, "corre, terso y mudo, mansamente", junto a los álamos del camino, "entre San Polo y San Saturio".  Las fotografías que ilustran estas tarjetas fueron realizadas por el artista soriano Aurelio Rioja de Pablo (1888-1948), polifacético personaje que tuvo su estudio precisamente en los soportales de El Collado, que aparecen en una de estas tarjetas y que sería frecuentado por otros artistas, pintores y poetas. Conoció a García Lorca, por su común afición a la música, trasladándose a Madrid en 1919, donde continuó frecuentando a personajes muy vinculados a la cultura de la época, a quienes habría de retratar, como Gerardo Diego, Ramón y Cajal, Concha Espina, etc. Estas fotografías de Soria debieron tomarse entre 1910 y 1919 y forman parte de una colección que fue enviada por el presidente de la Comisión de Monumentos D. Teodoro Ramírez Rojas al General Jefe de Estado Mayor de la 5ª Región, D. Julio Ardanaz, el 13 de junio de 1919, según los datos de que dispongo, facilitados por mi compañera y amiga Dña. Fátima Sainz Gutiérrez, de cuya familia proceden estas tarjetas. 







Vuelve Machado a Andalucía tras el fallecimiento de Leonor, aunque nunca podrá olvidar el aroma y la caricia de aquellos Campos de Castilla. En Baeza, ya en tierras jienenses, continuará el poeta su labor docente, estancia e itinerario que se prolonga hasta 1919 en que, buscando aproximarse a Madrid, se instala en la ciudad de Segovia. Recuerda Hilario Jiménez, en su libro, cómo durante estos años tenía que caminar un poco para llegar todos los días al Instituto, y cómo pronto se implica en los ambientes tertulianos de la ciudad, colaborando en revistas y contribuyendo a la creación de la Universidad Popular. 


Vista de Jaén, provincia a la que se trasladó Machado tras dejar Soria



Dormitorio y entrada a la casa segoviana de Antonio Machado

Pero como también se relata en el libro de Hilario Jiménez, Antonio Machado, caminante y soñador de caminos, tendría todavía que dejar su huella en varias poblaciones antes de su viaje definitivo allende nuestras fronteras, en los tiempos convulsos de la Guerra Civil Española. Su paso por Madrid, favorecido por su cercanía desde Segovia, terminaría por consolidar su posición como figura emblemática de la cultura durante los años de la Segunda República. Este período de su vida, que Hilario Jiménez detalla y documenta, sitúa a Machado en el barrio de Chamberí, como siempre, en una casa modesta y fría, con la compañía de sus libros y el siempre presente retrato de Leonor. Es época de intensos contactos con escritores y poetas emergentes, que celebran a D. Antonio como uno de sus maestros, de paseos y estancias en lugares de la capital, tiempos de tertulias y cafés, de posicionamiento político de poeta en momentos de gran agitación que preceden al desmoronamiento de la sociedad y el enfrentamiento entre hermanos. 


Tras el estallido de la guerra, y a medida que las tropas sublevadas iban ganando terreno, el poeta se desplazará, como lo hiciera el gobierno republicano, primero hasta tierras valencianas, instalándose en un chalet de la cercana Rocafort, para concluir su periplo en Barcelona, desde donde partiría ligero de equipaje hasta la frontera francesa, junto a la multitud de españoles que abandonaban su patria tras la derrota de la República. En estos años Machado colabora, entre otras, con la revista Hora de España, con autores comprometidos con la causa republicana y participa en el Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, que se celebra en Valencia, en 1937. 


Puerto de Valencia en la primera década del siglo XX


Portada de la Revista "Hora de España", número XX, agosto de 1938, en la que figura un artículo de Machado titulado "Miscelánea apócrifa. Sigue Mairena..."


Y por fin, Barcelona como puerta de salida hacia el exilio, hacia Colliure, donde habría de permanecer ya para siempre, en compañía de su madre, Ana Ruiz, descansando bajo la lápida de su pequeño camposanto. 

ANTONIO MACHADO, 1939

(Estos días azules y este sol de la infancia)


El poeta dejó atrás su patria, un número más entre la turba. 

Nada tenía que demostrar, todo estaba dicho, todo escrito.

Solo el hombre, con la faz borrosa y los zapatos desconchados. 

El poeta cruzó a paso lento, componiendo su estrofa 

de pesares y campos ateridos, no era ya dueño de sus pies,

tampoco de la tierra que acogía sus trémulas pisadas.

Por delante, columnas de almas a la deriva le escoltaban 

en silencio, con la complicidad del mar, materno y triste. 


(poema incluido en mi libro Las erratas de la existencia, Sial Pigmalión, 2021)



NOTA: Todas las tarjetas postales reproducidas en este artículo pertenecen al archivo personal de Jesús M. Gómez y Flores 







 

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