viernes, 6 de mayo de 2016

Últimas aventuras literarias. Reseña de "Madre", de José Cercas

Aunque la poesía continúa siendo mi escenario favorito, últimamente he tenido oportunidad de visitar otros ambientes que agradezco cultivar, por todo ese conocimiento y enseñanza que me brindan. Aún conservo el magnífico regusto de mi experiencia en el Museo de Cáceres dentro del programa "Así lo siento yo", y la aventura que supuso indagar en las claves de una obra como "Esperanza y ella en el libro", de Julio López Hernández, a la que traté de vestir con mis ropajes poéticos en una mañana lluviosa de abril, con los vecinos ecos del agua en las ojivas del legendario aljibe árabe. Unos días después, la Feria del Libro acogió mi presentación del libro "Madre" del poeta José Cercas, que a continuación transcribiré, y el próximo mes de junio, será la Revista "Versión Original", la que publicará en su número 250 mi viaje literario y cinematográfico por el universo de Lord Byron y sus cómplices en aquel verano de hace doscientos años en Villa Diodati, en Ginebra, a propósito de la extraordinaria película "Remando al viento", de Gonzalo Suárez. Entretanto, continúa la gira de presentación de "El tacto de lo efímero", que el 25 de mayo recalará en Badajoz, en Librería Colón, con el profesor y escritor Luis Sáez Delgado como maestro de ceremonias. 



Como anticipaba, aquí dejo la crónica de "Madre", de José Cercas, número 69 de la Colección "Tierra" de la editorial La isla de Siltolá, de Sevilla.


Madre. José Cercas. La Isla de Siltolá, Sevilla 2015.  

Este último trabajo publicado del poeta natural de Santa Ana (Cáceres), José Cercas, de amplia y fecunda trayectoria, tiene como punto de inflexión el crucial momento vivido a raíz del fallecimiento de su madre, y aunque inicialmente el autor pretendiera incluir también en el título la referencia al mes en que se produjo el óbito, “Madre y otros diciembres”, la arrebatadora fuerza del sustantivo “Madre”, terminó imponiéndose para dar por sí solo cobertura a una colección de poemas en los que la presencia de esa figura tan fuertemente ligada al poeta aparece como constante temática de toda la obra, aunque no la única, pues sin perder el tono elegíaco que late en estos versos, la ocurrencia del acontecimiento luctuoso que enardeció la lumbre de la inspiración le servirá para contemplarse a sí mismo como hombre, para efectuar una nueva lectura del mundo y de la vida.

         “Madre” es un libro en el que no será difícil reconocer el estilo y la técnica poética presente en otros anteriores trabajos de Cercas, pero que sin embargo sorprenderá gratamente a los lectores desde su comienzo, por la exploración que en él se hace de nuevos registros, la utilización de elementos discursivos y la necesidad de consolidar el mensaje que pretende transmitir en cada poema mediante frecuentes versos de cierre que a menudo constituyen auténticas sentencias poéticas que otorgan una fuerte intensidad a los textos, pretendiendo dejar su impronta en el lector.  La emoción como artificio literario, la anécdota que sirve para enfatizar el dolor o inducir a la reflexión. Hay un hecho que no tiene vuelta atrás: Ella ya no volverá, el mundo ha cambiado, no es el mismo desde aquel impío diciembre.

         Lo primero es el desconcierto, “La vida sigue”, reza el poema con el que se abre el libro. Los días se suceden, las aguas continúan fluyendo, se sigue escuchando el trino de los pájaros. Pero algo ha pervertido el equilibrio de los astros, la noche es más noche, la ausencia duele más en la soledad de la madrugada. Esa noche a la que el poeta identifica con los rasgos de quien acaba de abandonarle para siempre: “Eres ya la noche de las profundidades, de la lejanía, la noche material de los sin nombre”.  Un reflexivo y certero Cercas se mira al espejo para contemplar en sí mismo cómo el tiempo ha dinamitado sin piedad su universo más próximo, cómo con descaro le replica “-tu familia soy yo-“, verso con el que finaliza el espléndido poema “La familia”, uno de aquellos en los que sin renunciar a sus habituales toques líricos, el autor introduce elementos constructivos que sugieren reminiscencias del peruano César Vallejo.

         El poemario se vertebra esencialmente en torno a dos puntales: la irremediable pérdida, el vacío que alimenta el zarpazo del silencio y la impotencia; y el desafío que supone una vida regida por la impostura y la impenitente caricia de la caducidad. La desaparición de la figura materna quiebra y sacude todos los esquemas posibles, socava los cimientos de la naturaleza a la que el poeta, como todos los demás humanos, se encuentra unido precisamente por obra de aquel ser que es encarnación de la fecundidad, portadora del germen de la existencia. A ello se refiere el poeta: la madre como dadora de vida, y la invoca en el poema “A la primera mujer”, haciendo suya esa concepción esencialmente maternal de la naturaleza, capaz de sobreponerse a todo, de doblegar a los elementos.

         Fiel al espíritu que guía este abanico de versos, se dirige a su madre,  convertida ya en recuerdo tatuado en lo más hondo de su espíritu, ése que alimenta su pluma y entrelaza las palabras. Otras veces, consciente del abismo que ya le separa de ella, deliberadamente la atrae hacia él, la busca para hacerla partícipe de sus confidencias. Ejemplo de ello son los poemas “Si pudiera decirte”, “Estoy contigo”, “Mi madre y su reloj”.  De nuevo el tiempo como referente, ese tiempo que supuran las agujas de un reloj que poco a poco parece ir marcando el ritmo de la memoria, el que se interpone entre los seres queridos y les priva de seguir compartiendo el tránsito de las estaciones: “Espera, no te vayas”, dice el poeta mientras tras el otoño, las flores de su jardín “van buscando la voz de la primavera”. ¡Qué desolación la de quien ya no puede detener la insobornable marea del frío y de la niebla, la del que grita por mantenerse junto a quien ya late desde la otra orilla!  Sinestesias y metáforas de fuerte carga visual recogen la emoción del poeta: “rugen los alguaciles y las palomas blancas de la noche tiñen sus alas de sangre”. A ello sucede el llanto, de nuevo la impotencia.

         Si antes mencionábamos a César Vallejo, advertimos igualmente en los poemas de “Madre” una fuerte presencia lorquiana. No solo por la reiterada utilización de la anáfora, habitual en la poética de Cercas, como en “Te escribo”, “Sabed del frío” o “Después de la batalla”,  sino también en cuanto a la estructura, el sentido dramático de ciertos poemas o el especial guiño que también se hace a la lírica popular. A este respecto, el espíritu de las canciones de Lorca parece adivinarse en los versos de “Villancico impopular a la madre dormida”, mientras las urgencias, el dramatismo de los escenarios, presentes entre otros, en “Llanto del poeta”: “Un poeta llora desde sus sílabas, ¡Grita!, ¡Vienen por ella!, ¡Quietos, no abráis, vienen a llevársela!, recuerdan al Federico de “Niña ahogada en el pozo”:  “¡Ya vienen por las rampas!, ¡Levántate del agua!....El pueblo corría por las almenas rompiendo las cañas de los pescadores, ¡Pronto!, ¡Los bordes!, ¡De prisa!.  Para Cercas, esa urgencia que fluye de la desesperación se concentra en la figura de la madre, el temor a la definitiva pérdida, a esa “agua que no desemboca”, que diría Lorca.  

         Continúa el veintisiete impregnando la estética de una poesía que incrementa su  fuerza a medida que avanzan las páginas, intensidad existencial, conciencia del certero galope de la vida. El único poema sin título del libro, identificado en el índice por su primer verso, “en el principio de los tiempos el hombre no era hombre”, lleva una cita del Nobel Vicente Aleixandre y sorprende por su contenido, próximo a la cosmogonía y a la metafísica. Cuestiona el poeta la esencia misma del hombre, un hombre preso del yugo de la nada, de una existencia cuya materia “no sabía del mar”, según sus palabras.

         Y es que junto a la madre, -ya lo decíamos-, el tiempo es otro de los protagonistas del libro. Pero, ¿qué es el tiempo? Un vaivén de abanico entre los dedos, la danza interminable de la luna… Entonces, el sueño ocupa el lugar de los ausentes, mientras la vida continúa sin detenerse, vida que no es sino anticipo de la intuida muerte que el poeta ha sentido tan cercana. En “La vida de la que hablo”, las iguala a ambas, las dos son caras de la misma moneda, en una suerte de manriqueña evocación: “nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir”. Para Cercas, la vida “canta, llora y muere a diario”. Es cuando más se aferra al consuelo de escribir, porque la palabra aproxima los rostros que el olvido trata de hacer suyos con su cenicienta caricia: “Escribo porque pienso en ti”. Es esto lo que da sentido al oficio del poeta: la resistencia, la capacidad de alzarse con su voz por encima de los meteoros, darse cuenta de que la vida es mucho más que arrancar hojas al calendario.

         Qué decir de poemas como “Tenía”. Leyendo estos versos es la música la que rescata la voz fresca y mediterránea de Joan Manuel Serrat y su tema “Mi niñez”, el sueño del niño que en la madre tenía su apoyo y que ahora viste su ausencia de recuerdos. En palabras del cantautor barcelonés: “tenía una casa sombría, que madre vistió de ternura”. Para Cercas, “tenía un lecho de ubres y palomas y unas calles donde danzaban los pájaros del viento”, sin que falten la tabla de multiplicar y aquel viejo caballo de cartón que quizá sobreviva deslucido en el doblado de su casa de Santa Ana.

         Porque allí, en su pueblo, allí quedará para siempre ella, con su memoria, “por todos los rincones”. No acepta el poeta otra salida, solo la tibia proximidad de su cuerpo, hecha abrazo, y la tierra, aquella “donde duerme”. El pueblo como universo y albergue donde ella, con los ojos cerrados, persigue el itinerario azul de las mariposas, ese camino que es “Principio y final”, que encierra el aliento de la esperanza y la continuidad de las cosas: La tierra en fin, como abrigo y destino, útero donde se encarna el cosquilleo de los besos, malecón donde rompen las olas del cansancio.

 Proclama el poeta: “Así, de ese modo: somos vida”.






viernes, 22 de abril de 2016

Ante la presentación de "El tacto de lo efímero": Impresiones de los lectores

El próximo miércoles, 27 de abril, a partir de las 19:45 horas, se presentará en la Feria del Libro de Cáceres el poemario "El tacto de lo efímero", publicado por Ediciones Vitruvio en su Colección "Baños del Carmen", con el número 565. Estaré acompañado por la profesora y escritora Emilia Oliva. Aprovechando el evento de la presentación de esta obra, recojo a continuación varias impresiones que me han transmitido quienes ya la han leído. 



Por fin he podido leer y releer tu estupendo libro. No leí en su momento la primera versión que mencionas en la nota final y no puedo, por tanto, valorar los cambios. Lo que sí puedo decirte es que este libro de ahora tiene mucha calidad. Logras captar eso tan difícil que es el paso del tiempo, un tiempo que, como tú expresas, no pide permiso. Creo que está muy bien estructurado y todos los poemas mantienen un gran nivel. Bueno, el inicio, con "Frente al espejo" (uno de los poemas que más me han gustado) y "Territorio virgen", capta totalmente la atención. Por mencionarte algunos textos, me han gustado especialmente "A mi padre" (preciosa la imagen de la ofrenda del crepúsculo despeinada entre los párpados), "En tierra de nadie", "Despedidas", "El becerro de oro", la parte "Intrahistoria" y el poema final, "Reencuentros", con la imagen de los trozos de barro uniéndose que cierra maravillosamente el poemario. 

Irene Sánchez Carrón


Me parece de una calidad y una exigencia fuera de lo común. La exactitud de tu palabra y tu exquisito manejo del lenguaje no son gratuitos, están al servicio de un pensamiento poético de profundo calado en el que se recogen, junto al sentimiento elegiaco (el temor a la pérdida de lo que se ama), una actitud ética ante la vida, una toma de posición frente a las injurias de la historia y el desmoronamiento de los valores. La infancia y el entorno familiar, se convierten en asideros sobre los que proyectar un futuro que siempre deviene incierto. El amor, tratado en tus poemas con delicadeza y elegancia, acompaña tus pasos por ese territorio de lo efímero que constituye nuestra experiencia de la vida e ilumina un trayecto lleno de incertidumbres y amenazas. Poesía, como tú dices, para aferrarse a las personas y a los sentimientos que nos justifican. Palabras que encontramos con los palos de ciegos con lo que nos aventuramos a lo desconocido. Palabras que, al escogerlas entre todas las palabras posibles, nos articulan y nos definen porque esa y no otra es la misión de la poesía. Cada poeta tiene una forma de mirar, es verdad, pero no todos miran, como tú, desde la dignidad, el respeto y la humildad.

Basilio Sánchez


Lo he hojeado, pellizcado, comparado con el tacto anterior, y desde luego qué interesante es ver cómo un poeta de vocación evoluciona. Tienes, como debe ser, las mismas obsesiones, las mismas inquietudes, los mismos objetivos. Pero ha cambiado la mirada. No es que se haya serenado ni madurado, que son cosas como de viejos, sino que tu mirada se ha vuelto diferente: los libros que hay por medio son los que la han cambiado, los que la han perfilado. Este libro es, en verdad, nuevo.  ¡Qué alegría reencontrar los versos de los amigos!

Luis Sáez Delgado



Excepcional poeta, editor y amigo al que debo la edición de mis dos primeros libros, me hace llegar “El tacto de lo efímero”. Versión revisada de la edición de 2004 que ahora edita Vitruvio. Enhorabuena por este trabajo que regresa con fuerza.

Nicolás Corraliza


REENCUENTROS 

Por encima de las gaviotas, 
de la maltrecha anatomía de las mareas, 
nos enroscamos ahora 
          sin guardar respeto a los volcanes, 
desvalijada la edad en que fuimos cómplices 
           del mismo idioma, 
aún digerible, 

         de la vida. 

Es hora de que hablemos ese lenguaje 
que solo a nosotros nos pertenece. 

Estrechémonos, 

como trozos de barro 
en un único alfar.


Ese texto cierra El tacto de lo efímero, la nueva versión de un libro que Jesús María Gómez publicó en 2004 en la colección Alcazaba de la Diputación de Badajoz  y que acaba de reeditar en Vitruvio con una nota final en la que aclara que de esta reelaboración resulta, aunque con el mismo título, una obra diferente, más madura -añade este lector-, más marcada por el paso del tiempo, que ha ido dejando ausencias y heridas, vacíos y cicatrices, y por la distancia serena con la que el poeta ha vuelto a un libro cuya médula poética es esencialmente la misma en su temática y en su tonalidad. 

Santos Domínguez


Porque una obra jamás se completa, los poemas que aportan fondo y forma a "El tacto de lo efímero" han continuado gestándose en diferentes y cercanos tiempos hasta culminar, o completarse, en este magnífico libro donde Jesús M Gómez reflexiona mientras camina con voluntad de trascendencia e inteligente mirada, que se escuda tras los cristales prudentes y sabios de un meditado, meditativo, humanismo. Entre la intimidad del adentro y lo colectivo del afuera, sin superficialidades ni ingenios verbales de pirotecnia al uso, estos poemas ahondan en lo que afirmó Cernuda : "La poesía fija la belleza efímera". O, acaso yo me incline por lo que una vez me confirmó JA.Goytisolo: "Se busca en el poema eternizar lo eterno, que es lo efímero continuado." En esa eternidad, mientras pasamos, se halla el germen de la palabra de Jesús M. Gómez. En eso y en muchas cosas más que este Poeta, Doctor en Derecho y Magistrado conoce, de primera mano además. Quien se detenga en cada una de las seis partes que este poemario contiene volverá a retomarlas. La poesía no se agota, y la serena sabiduría, agudamente crítica, sinceramente humana del autor, tampoco.

Efi Cubero



Un lujazo de poesía…

Rosario Troncoso


He vuelto en estos días bonancibles de Semana Santa sobre tu libro "El tacto de lo efímero", y ahora celebro muchísimo que Pablo Méndez te aconsejara visitar Velintonia cuando viniste a Madrid. Solo por ese poema que dedicas al maestro; y, también el espléndido "José Feliciano canta...", merecía la pena esta nueva entrega tuya. He disfrutado mucho con su relectura, y te destaco, de forma muy subjetiva y personal los poemas de "Fantasmas", de significativo aliento poético

Rafael Soler

De nuevo Vitruvio, como ocurrió con su libro anterior, el poeta cacereño Jesús María Gómez y Flores publica El tacto de lo efímero. El autor habla de sus "dos vidas", ya que una primera edición de esta obra apareció hace más de una década en la colección Alcazaba de la Diputación de Badajoz. Tras "una profunda revisión", el libro es "diferente". Se ha corregido, sí, pero también ha habido supresiones y se han incorporado nuevos poemas.  Escritos, sobre todo, en Huelva, donde ejercía a finales de los noventa como juez, a este lector le llama la atención que estos versos tengan más de doce años. Lo digo porque el personaje que los encarna, alguien igual o muy cercano al hombre que los concibió, está más cerca de su edad actual, y de los estragos que ésta conlleva, que de la que tenía entonces. Uno, casi coetáneo suyo, así lo siente. Por eso, lo que uno aprecia en estos poemas, entre desengañados y melancólicos, es actualidad, digamos, ésa que no pierde la poesía que de verdad lo es.  Alude G. y F. a "La conciencia y la revelación de lo efímero, la necesidad de aferrarse a las personas, a los sentimientos que verdaderamente justifican el recorrido de la vida y que nos redimen del yugo de la incertidumbre". Muy cierto. Una de las partes, "Intrahistoria", dedicada a su mujer y a su hija, es, en este sentido, paradigmática. El amor filial y de pareja como tabla de salvación. Aquello que da sentido a la vida. "La conciencia", parte inaugural (y una palabra clave del libro), da fe de que la dignidad y la coherencia deben gobernar los comportamientos de cualquiera. La noble, perturbadora existencia a la que se refiere en "Estado de sitio" y "Para no conciliar el sueño". En "Fantasmas" y "Secuencias de lo efímero" aflora el mitómano que habita en el impulsor de la asociación cultural Norbanova; un hombre amante del cine, la literatura y la música: Janis Joplin, JRJ, Aleixandre, Greta Grabo... Cierra el volumen "Reencuentros", un poema dedicado a su mujer: Deli Cornejo, donde el amor vuelve a justificarlo todo: "Es hora de que hablemos ese lenguaje / que sólo a nosotros nos pertenece". 

Álvaro Valverde

Ha sido un largo recorrido el que has exigido por tus versos, lectura, relectura, abandono, vuelta al libro, la fascinación siempre. Gracias por el inmerecido honor de ser tu lectora.

Emilia Oliva

Es de un tono meditativo, suavemente metafísico, propio de un poeta preocupado por el tiempo y la vida. Me parece cuidado en su lenguaje. Tienes suerte además de tener un buen editor como Pablo. Dices que no es nuevo, ni falta que le hace. La poesía que sale de dentro, que tiene autenticidad, como esta tuya, es para siempre.

Francisco Caro