domingo, 25 de julio de 2021

Contra el virus de lo superficial, ser una misma: Virginia Wolf (La señora Dalloway)

La lectura de "La señora Dalloway" de Virginia Wolf, en estos días de verano, ambientada en el Londres posterior al fin de la Primera Guerra Mundial me ha devuelto al ambiente urbano de las calles de aquella gran urbe que he tenido la oportunidad de visitar en varias ocasiones, la última, hace ya cinco años. No es sin embargo este un libro fácil ni susceptible de una lectura ligera. La ciudad se hace presente como universo que abarca (aunque también hay referencias a otras localizaciones) el tránsito de las vidas de los personajes, pero son sin duda alguna estos los que otorgan verdadera energía al relato, aun cuando sus pasos les lleven a ubicaciones o momentos claramente identificables como propios de la capital inglesa, como sus parques, sus avenidas, sus palacios, sus características mansiones georgianas. Virginia Wolf construye la novela situando a sus figurantes en una concreta dimensión temporal, al modo de Joyce en su Ulysses, con su protagonista Clarissa Dalloway como eje vertebrador de los acontecimientos que se van produciendo y en torno a la que pululan todos los demás, vinculados a ella de algún modo y que, en su mayor parte, terminarán confluyendo en la reunión social que la dama ha organizado en su casa. Si hoy Londres es una ciudad cosmopolita, multicultural y donde tienen cabida sensibilidades de todo signo, en aquellos años veinte del pasado siglo, Virginia Wolf ofrece un retablo psicológico, cargado de ironía y mordiente, de estos personajes que coexisten en una elitista atmósfera londinense donde la mujer ha vivido condicionada por las reglas de un mundo netamente masculino y donde lo que ahora conocemos como "postureo" domina las convenciones y ritos sociales, heredados del puritanismo victoriano. Pero las mujeres de la novela no desempeñan, ni mucho menos, una posición pasiva en orden a los acontecimientos que irán desarrollándose, destacando la precisa arquitectura psicológica que la autora les confiere. Así, más allá de las encorsetadas Clarissa Dalloway o Rezia Warren, plegadas a la exaltación de la superficialidad, la joven Elisabeth Dalloway respira de forma bien distinta, adolescente que contempla la ciudad, así como su futuro, desde ópticas que anteponen la propia realización como persona en un momento en que el mundo parece querer despertar y liberarse de viejas ataduras, algo que su madre no comprende y que incluso percibe con disgusto, como su complicidad con el personaje de Doris Kilman, a la que considera su enemiga. Y sorprende que la protagonista hubiera admirado e imitado en otro tiempo a su amiga Sally Seton, rebelde, inconformista, políticamente incorrecta... En medio de todo este bosque de caracteres diversos, que confrontan y a la vez alían fuerzas, dentro del tono grisáceo con que la pluma de Wolf cincela a los personajes masculinos, dos de ellos se destacan sobre el resto por la intensidad de sus convulsas historias, responsables de sus respectivos perfiles conductuales. Hablamos del enamoradizo, inquieto y desafortunado Peter Walsh y de Septimus Warren Smith, este último, protagonista de un destino trágico fruto de su cruel experiencia durante la guerra, que habría terminado dinamitando su fe en la vida y cuya crónica discurre en paralelo a la de la protagonista principal, a modo de trama argumental independiente. Muchos otros personajes interactúan en esta instantánea de un tiempo, un lugar y una forma de relacionarse que, desde el principio, están heridos de muerte. La vanidad, los vacíos alardes de quienes buscan su sitio en los escaños de una sociedad hipócrita, terminarán cediendo paso a otra realidad forzada a abrir los ojos, a valorar lo que realmente merece la pena, ser uno mismo, ser una misma. 


La señora Dalloway es la cuarta novela de Virginia Woolf, 
publicada el 14 de mayo de 1925. 





domingo, 27 de junio de 2021

Hojas de la memoria: Evolución del paisaje urbano de la ciudad monumental de Cáceres

Retomo la serie "Hojas de la memoria" con una pequeña investigación acerca de la colección más antigua de tarjetas postales de Cáceres y un recuerdo para el skyline de nuestra ciudad en las postrimerías del siglo XIX y principios del siglo XX desde la lente de una de las más representativas cámaras fotográficas de la época, la de la Sociedad artística fotográfica de Cáceres

En el libro "Catálogo de las Tarjetas postales ilustradas de España, 1887-1905", de Martín Carrasco Marqués (Casa Postal, Madrid, 2018), página 159, en el apartado que se dedica a Cáceres, aparece registrada como primera colección de tarjetas postales de que se tiene conocimiento en las que figuran vistas de la ciudad la realizada por la Tipografía de Sucesores de Álvarez, la cual se compone de dos series, una primera en blanco y negro y otra segunda en verde. En mi libro "La tarjeta postal en Cáceres, 1900-1940", coautora María Antonia Fajardo (Cicon Ediciones, Cáceres, 2002), no mencionamos, por no disponer de ningún ejemplar y por tanto, desconocer su existencia, las postales de la primera serie, sin duda alguna las más raras y más difíciles de encontrar de todas las editadas sobre Cáceres. De hecho, han tenido que pasar casi veinte años desde la publicación de aquel libro hasta disponer materialmente de una unidad de dicha serie. En el referido Catálogo de Martín Carrasco se le asignan tres asteriscos (***) para valorar el índice de rareza y por ende, el precio de dichos ejemplares, orientativamente estimado entre 51 y 100 euros.  Son cuatro las postales catalogadas, con las imágenes del Paseo de Cánovas, Plaza de Toros, Vista parcial de la ciudad y Vista parcial de la ciudad antigua. Respecto de las postales de la segunda serie, las de la primera se diferencian especialmente por su mayor tamaño (15 x 10 centímetros), la inclusión en el anverso de las líneas para escribir la dirección y el nombre de la imprenta (Cáceres. Tip. de Sucesores de Álvarez), mientras que el reverso es completamente blanco. Martín Carrasco sitúa su fecha de edición en torno al 13 de julio de 1901. 


Postal perteneciente a la primera serie de las impresas por Sucesores de Álvarez, en Cáceres, en torno a 1901 (anverso), con la imagen "Vista parcial de la ciudad antigua". Aun cuando en la tarjeta aparece escrita la dirección de la destinataria, con dedicatoria y firma del remitente, la postal no se circuló y no fue franqueada. La rareza del ejemplar está incrementada si observamos su reverso, en el que aparece pegada una imagen, probablemente procedente de un periódico, con los retratos de los entonces reyes de Portugal, D. Carlos y Dña. Amelia. 


Reverso de la tarjeta anterior. Ignoramos por qué el remitente incluyó los retratos de los monarcas portugueses, sin escribir texto alguno. 

Sí sabemos que las fotografías que ilustraban estas tarjetas fueron realizadas por los fotógrafos de la Sociedad Artística Fotográfica de Cáceres, que fundaron Julián Perate y Gustavo Hurtado, quienes tenían su estudio, como indica María Antonia Fajardo, en la Puerta de Mérida núm. 2 de esta ciudad. Investigando en concreto la imagen de la postal que reproducimos, la hemos cotejado con otras posteriores y con la que consideramos es la fotografía original de la que procede, comprobando que, efectivamente, se realizó en dicho estudio, toda vez que tanto en su anverso (grabado en relieve, inferior izquierda) como en el reverso, aparece su sello. 


Fotografía original que fue utilizada por la imprenta Sucesores de Álvarez para imprimir sus postales bajo el título de "Vista parcial de la ciudad antigua"


Reverso con el sello de la Sociedad artística fotográfica de Cáceres

En la segunda serie volvería a repetirse dicha imagen si bien en formato distinto, empleando nuevamente las fotografías procedentes del mismo estudio. Centrándonos en esta "vista parcial", en ella puede observarse un aspecto del Barrio de arriba de nuestra ciudad monumental en la que destaca la Iglesia de San Mateo, la Torre de los Sande, la Torre de las Cigüeñas y la Torre del Palacio del Comendador de Alcuéscar (hoy Parador de Turismo). Aunque la impresión inicial puede ser la de que después de un siglo, el paisaje urbano de esta parte de Cáceres no habría cambiado mucho, si nos fijamos en algunos detalles comprobaremos que sí se advierten múltiples diferencias, sobre todo en el estado de ciertos edificios, como la Torre de las Cigüeñas (con las almenas sin restaurar), las cornisas de la torre de San Mateo y el tejado de la iglesia (con elementos actualmente desaparecidos), los techos y chimeneas de inmuebles próximos, el jardín del Convento de las Jerónimas (en primer plano) y el aspecto de dicho edificio. 


Detalle del estado en que se encontraba la Torre de las Cigüeñas a primeros del siglo XX 
(fotografía de la Sociedad Artística Fotográfica)



Tarjeta Postal perteneciente a la segunda serie realizada por Tip. Sucesores de Álvarez (hacia 1902), en verde, con formato distinto del anterior, en la que aparece nuevamente la misma fotografía de la Sociedad Artística Fotográfica de Cáceres. 


Reverso de las postales de la segunda serie.

Este encuadre del skyline de la ciudad también ha sido objeto de fotografías más modernas, como la realizada por el fotógrafo Modesto Galán, para su serie de tarjetas postales, a primeros del siglo XXI. Aparecen los mismos edificios, cien años después. 




Con más detalles, esta postal de los años 70 muestra los edificios situados en torno a la calle Ancha, con especial detalle del Palacio del Comendador de Alcuéscar, entonces dependencias de Turismo y la vecina "Hostería del Comendador". 













sábado, 12 de junio de 2021

Presentando "Las erratas de la existencia"

Hace exactamente una semana se presentaban en Trujillo, en el Palacio de Lorenzana, sede de la Real Academia de Extremadura de las Artes y las Letras, los últimos títulos de la colección "Extremadura" del Grupo Editorial Sial Pigmalión. Con la presencia del editor, Basilio Rodríguez Cañada, del Secretario de la Academia, José Luis Bernal, y de los autores cuyos libros han inaugurado la nueva andadura de esta colección, no obstante ya consolidada, de dicha editorial, avalada por un prestigioso comité científico integrado por miembros de diversas instituciones relacionadas con el mundo de la cultura. 

Entre las obras presentadas figuraba "Las erratas de la existencia", mi nuevo poemario, en impecable edición prologada por el profesor y poeta Hilario Jiménez Gómez, que de este modo compartía protagonismo con los títulos "Máscaras de invierno", de Manuel Pecellín Lancharro, "Sex Busca", de Alberto Guerra Obispo, "Lo que en verdad sucede", de José Cercas y "Relatos y leyendas de Trujillo", de José Antonio Redondo. 

"Las erratas de la existencia", llega al papel después de un año plagado de incertidumbres y más de dos de elaboración y meditado proceso de pulido. Tras "La complicidad de los amantes", sorprenderá a muchos la propuesta poética de este libro, donde la impregnación culturalista del anterior ha desaparecido por completo para dar paso a un discurso enteramente reflexivo en el que se advierte la preocupación por temas de calado netamente existencial que conciernen al destino del ser humano en un mundo cada vez más tecnificado donde no siempre resulta fácil reconocerse. Compuesto en su mayoría de poemas breves (una de las partes es una colección de haikus), y algunos textos en prosa poética, se ha optado por el empleo de un lenguaje directo y más transparente que el de libros anteriores con una preferente intención comunicativa, casi conversacional, como corresponde a la utilización de la segunda persona. Son no obstante perceptibles numerosas referencias literarias, identificables a tenor de las citas que encabezan cada uno de los capítulos en que se divide el itinerario poético, así como distintos lugares comunes propios del tiempo y el espacio en que se enmarcan estas reflexiones. Cierra el libro una adenda que es fruto de la inédita experiencia vivida durante los últimos meses, poemas que evocan el universo distópico engendrado por mor de la pandemia aún vigente.

"Las erratas de la existencia" está ya disponible en librerías y a través de la página web del grupo Sial Pigmalión: https://sialpigmalion.es

El bello diseño de la cubierta, en edición al cuidado de Basilio Rodríguez Cañada y Verónica Vilaverde López, recoge una imagen procedente del cuadro "Bodegón con pera e insectos", del artista Justus Juncker (1750). 




Imágenes de la presentación de "Las erratas de la existencia" en la Real Academia de las Letras Extremeñas (Trujillo) y en la Feria del Libro de Cáceres (5 y 6 de junio)

domingo, 16 de mayo de 2021

Regreso a Macondo: De vuelta a "Cien años de soledad"

Mis estudios de Grado en Lengua y Literatura Españolas me han traído de regreso al universo mágico de Gabriel García Márquez. No siempre la lectura obligada de algunos textos se convierte en una experiencia tan gratificante como la de sumergirse de nuevo en la cosmología de Macondo y el progresivo descubrimiento de sus personajes. Tanto tiempo hacía de mi primer encuentro con "Cien años de soledad" que saborear otra vez sus páginas ha representado una auténtica virginidad literaria garciamarquina, plena de sensaciones y elementos de aprendizaje. 

Después del huracán bíblico, Macondo solo es un recuerdo, una tierra devastada en las postrimerías del paraíso. Nada queda ya de sus calles, incluso las vías del ferrocarril sucumbieron a la voracidad de la maleza. Los espíritus del bosque colonizaron los raídos esqueletos de las casas, reemplazando con sus legiones de insectos el recuerdo de los hombres, la impronta de las mujeres centenarias que albergaron en su regazo la simiente de un futuro escrito de antemano. Nada queda ahora tras el diluvio y el súbito exilio de la luz. La naturaleza ha recobrado aquello que siempre fue suyo, la justicia del árbol y la tierra se impuso inexorable, acallando el furtivo atrevimiento de quienes pretendieron desafiarla. Ha crecido la floresta sobre las lápidas del camposanto, borrando para siempre los nombres, el coagulado olor de la pólvora reseca. 

He manejado varias ediciones de "Cien años de soledad" y algunas guías de lectura para facilitar su comprensión. Me quedaría en primer lugar con la publicada por la editorial Alfaguara, edición conmemorativa del cincuentenario de la obra, en colaboración con la Real Academia Española, que cuenta con el texto revisado por el propio Gabriel García Márquez y varios artículos complementarios realizados por eminentes autores y filólogos, como Álvaro Mutis, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes o Víctor García de la Concha, entre otros, así como un muy útil glosario de nombres y referencias que aparecen en la novela, sin olvidar la bibliografía utilizada. Una segunda edición que merece la pena es la de Random House, aparecida en 2017, con las magníficas ilustraciones de la artista chilena Luisa Rivera y la tipografía del hijo del autor, Gonzalo García Barcha, cuya presentación y alardes estéticos compensan sin duda la ausencia de otros materiales accesorios. Es esta una edición para el bibliófilo, el coleccionista, que no puede faltar en la biblioteca de todo aficionado a la novela del escritor colombiano. 

El destino estaba sembrado de mariposas amarillas, de tardes de verano en el corredor de las begonias. Yacía dormido en los viejos papeles del cuarto clausurado, donde ni siquiera el aire  osaba penetrar, temeroso quizá de las voces que aún parecían escucharse, guardianas de un tiempo de renglones desquiciados. Mas también estas terminaron apagándose en el carrusel de la fiebre y la incipiente penumbra. Llegaron entonces las polillas, las hormigas hambrientas, la verde progenie de la hiedra, enroscándose sin piedad mientras la soledad resquebrajaba el vigor, antaño tenaz, de los pobladores, avejentadas la tinta y la pluma, ya caducas, del escritorio, llamando al olvido de la palabra. 

Regresar a Macondo es compartir la esencia de una forma de escribir que rompió moldes e impregnó de su savia la novela del último cuarto del siglo veinte. Pulcritud, imaginación, atrevimientos narrativos, sorpresas que se insertan en el relato de lo cotidiano, son recursos y características que afloran en el texto de García Márquez y que atrapan enseguida, desde la primera hasta la última página. 


domingo, 18 de abril de 2021

San Jorge y Cáceres: Uno de los cuadros del Pregón 2021

Tras tener el grandísimo honor de pronunciar el Pregón de San Jorge 2021, en Cáceres, y estando próxima la festividad del Santo, Patrón de la Ciudad, reproduzco uno de los ocho "cuadros" de que se compone dicho Pregón, como anticipo de su publicación íntegra, en el que se recuerda la conocida leyenda del dragón, temática que aparece en los múltiples iconos y representaciones que de San Jorge existen en Cáceres.

CUADRO TERCERO: LA LEYENDA DEL DRAGÓN

El paseante que transita por las empedradas calles de la Ciudad Monumental no tardará en ver guiados sus pasos hasta la que, desde mediados de los años sesenta del pasado siglo, conocemos como Plaza de San Jorge. Antes, había allí una amalgama anárquica de edificaciones y restos de otras, sin ningún valor histórico, junto a una fuente próxima a la Cuesta de la Compañía, en la que las populares aguadoras rellenaban sus cántaros. Un espacio yermo rodeado de retazos de historia: El Palacio de los Golfines de Abajo, la Casa de los Becerra, la Iglesia de San Francisco Javier y el Colegio de los Jesuítas, sede luego del Instituto “El Brocense” y hoy de la Escuela de Arte Dramático de Extremadura. Tras la remodelación, se ganó para Cáceres el señorío de una Plaza que con el transcurso de los años se ha convertido en punto de encuentro, auténtico kilómetro cero del casco viejo, desde la que parten los senderos que lo atraviesan, hacia el sur, hacia el norte, balconada abierta a la contemplación incansable del arte hecho arquitectura, de la historia, trazada con la gubia de la heráldica. Tan noble paraninfo acoge en lugar privilegiado una de las esculturas que mejor representan al Patrón de Cáceres, ocupando una hornacina abierta en el frontispicio del complejo de escaleras que conducen hasta los niveles superiores. Al alcance de una caricia, se muestra al Santo ataviado con su coraza y su casco, sobre su caballo, en el momento supremo de lancear y dar muerte al pérfido dragón que, a sus pies, aparece sometido, bestia inmunda que exhibe viperina su lengua cual última bocanada de esa lumbre que la estocada del caballero ha conseguido apagar.



Estatua de San Jorge, obra de José Rodríguez, 
que se encuentra en la Plaza de San Jorge de Cáceres

Seguramente no serán pocos los que se hayan sentido atraídos por estas criaturas míticas, tan presentes en un buen número de culturas, tanto occidentales como orientales. El Dragón como animal que identifica el sentir de lo oscuro, de lo tenebroso, el peligro ante el que el ser humano percibe su debilidad y su impotencia. El Dragón como compendio de todos aquellos elementos del mundo animal que despiertan temor y rechazo, que se asimilan a la idea de lo malo, lo pecaminoso, como la serpiente y por ende, el diablo. Las leyendas de caballeros, de héroes vencedores o dominadores de dragones han llegado hasta nuestros días. Así, Apolo, Cadmo, Perseo y Sigfrido, vencen al dragón, y del mismo modo, San Jorge y San Miguel Arcángel, como ya hemos dicho, son representados en ese crítico instante en que con sus armas proceden a derrotarle. Hoy, no podemos imaginar al Santo de Capadocia sin su abominable oponente, y en Cáceres, no solo aparece representado en multitud de iconos repartidos por toda la ciudad, sino que es el protagonista indiscutible de la fiesta que desde hace años se viene organizando la víspera del 23 de abril para recordar aquella fecha inolvidable que supuso la victoria del rey cristiano frente a las tropas musulmanas.



Imagen de San Jorge que se encuentra en el vestíbulo del Palacio de Carvajal (Cáceres)

Sin embargo, la leyenda de San Jorge y el Dragón nada tiene que ver con este hecho histórico. Desde sus orígenes, se ha querido mostrar como una lucha del bien contra el mal, cuyas reminiscencias se hallan en las glosas del Apocalipsis de San Juan y en el Leviatán de los Salmos, con la imagen del enemigo personificado en la figura de Satanás. La escultura de bronce, obra de José Rodríguez, que preside la Plaza de San Jorge en Cáceres, responde a esa tradición del guerrero que no se encoje ante el furor de la bestia, que en la literatura medieval, contemporánea de la Reconquista, ya aparecía, por ejemplo, en los textos artúricos, de los que sirve de muestra el episodio del Valle sin Retorno, donde el caballero Lancelot vence a dos de estas criaturas al clavarles una espada en la boca abierta, salvándose así de la prisión de Morgana, de la que eran los guardianes. 

En el caso de Jorge, mártir de la época del emperador Diocleciano, su asociación con la figura del dragón es también fruto de una historia medieval, surgida en torno a los siglos IX y X. En el tiempo de los cantares de gesta, la tradición quiso convertir a San Jorge en el héroe que libera a todo un pueblo, la antigua ciudad libia de Silca, del terror causado por el voraz dragón que tenía atemorizados a sus habitantes, exigiéndoles la entrega de animales e incluso de personas (jóvenes mujeres elegidas por sorteo), para aplacar su apetito insaciable. Cuando la princesa fue la escogida para el sacrificio, aparece Jorge y consigue derrotar a la diabólica criatura.



San Jorge y el Dragón. Grabado de Alberto Durero

La historia tiene todas las características de los relatos de caballería, aun cuando no esté exenta de un trasfondo teológico. Así, el pueblo oprimido, la muerte que le acecha, el paladín y la doncella, hasta el premio final, cuando de la sangre del monstruo nace una rosa que aquel ofrece a la princesa, hecho del que algunos derivan la tradición de entregar una rosa roja a las damas el día de San Jorge. 


Una maldición tiene cautivas a las gentes.

Un enorme dragón, de sus corderos, de sus doncellas, se quiere alimentar.

La suerte está echada y esta vez a la hija del rey le tocó ser su bocado.

Ya camina hacia la cueva donde la bestia duerme, nada podrá evitarlo.

Mas un soldado, a lomos de su caballo, ha presenciado todo y presto se dirige

a entablar con el monstruo singular batalla. Escudo en mano, esquiva

las llamaradas que vomita su boca, con brío enarbola

la lanza y busca dónde hacerle más daño. Pero el dragón solo tiene ojos

para la princesa y con sus garras pretende zafarse del intruso caballero

que aprovechando ese momento de incertidumbre incrusta su estoque

próximo al corazón del diabólico engendro, haciendo brotar de sus

escamosas carnes un reguero de roja sangre que se precipita

sobre la árida tierra, de la que brota, con la textura de las rosas,

el germen de la libertad y la concordia.

 

 

domingo, 11 de abril de 2021

Reseñas de mis últimas lecturas de poesía

Mis últimas lecturas de poesía son reveladoras de la multiplicidad de registros que es patrimonio de este género. El tránsito de uno a otro poemario, la indagación en las formas y recursos utilizados en cada caso, constituyen una experiencia indudablemente enriquecedora. La libertad creadora de que gozan hoy los poetas, no mediatizada por el compromiso de ajustarse a criterios o esquemas métricos ni temáticos específicos ha permitido tener acceso a propuestas y contenidos poéticos plurales, generando un corpus literario cada vez más amplio desde el que contemplar con prismas bien distintos la realidad del mundo que nos rodea, así como el universo introspectivo de los propios autores, en definitiva, materias tradicionalmente objeto del poema en sí. A fin de comprobar lo que decimos, nos detendremos brevemente en varios libros de reciente publicación (último semestre de 2020 y primer trimestre de 2021).

En "Confía en la gracia" (Tusquets Editores, Nuevos Textos Sagrados, septiembre de 2020), de la asturiana Olvido García Valdés, el lector volverá a encontrar el personalísimo cosmos en que se desenvuelve el quehacer poético de su autora, manteniendo la cohesión y la cadencia de sus poemarios anteriores, también publicados en la misma colección (Y todos estábamos vivos, 2006 y Lo solo del animal, 2012).  En este nuevo título se advierte de nuevo la gran libertad formal que caracteriza a su poesía, sembrada de referencias a la naturaleza, a lo más elemental, a las cosas pequeñas y cotidianas, al paso del tiempo y su insultante incontinencia, en una combinación magistral de la palabra cuidadosamente elegida y el recurso a lo anecdótico, construyendo espacios e instantáneas, a veces desconcertantes, otras herméticos, que suscitan íntimos interrogatorios fruto de ese diálogo de la autora con sus vivencias, con sus lecturas, con el sentimiento de ser protagonista de un entorno vivo en constante movimiento. 


"Desde Elca" (Antología), de Francisco Brines, publicado en Editorial Pre-Textos (Colección "La Cruz del Sur"), diciembre de 2020, es la primera antología del autor después de serle concedido el Premio Cervantes. Con la exquisitez a que nos tiene acostumbrados esta colección, nos encontramos ante un intenso recorrido por la poesía de Brines, responsable de la selección de los textos, además de siete poemas inéditos, habiendo elegido como referente el locus amoenus de su casa de Oliva. El libro nos sumerge en la poesía reflexiva y contemplativa que caracteriza al autor, desprovista de tentaciones experimentales, que llama al sosiego, al lento peregrinar de la existencia, sin que falte un toque de nostalgia ante la caducidad de las estaciones, códigos que son constantes en su obra. 


En una línea cercana a la poética de Brines, "Aquí" (Mahalta Ediciones, noviembre 2020) nos acerca una voz muy personal, la del manchego Francisco Caro, repleta de serenidad y de añoranza, de rescate de la memoria y mansa contemplación del trasiego de la edad, itinerario en el que tienen cabida sus lugares y sus tiempos, que son los del propio poeta que dialoga con sus recuerdos. Con un certero dominio del verso, de su ritmo, con un lenguaje que rezuma claridad y sinceridad, heredero de formas y referentes clásicos, Francisco Caro nos sumerge en un océano de fragancias familiares, fragmentos y sinergias que en definitiva cimentan su yo poético y humano. 


Los dos últimos poemarios que han llegado a mis manos aun aguardan su lectura. Como el anterior, ambos son también de poetas conocidos, amigos y admirados. De esos de los que conviene empaparse y bucear en sus propuestas. "La fragilidad" (Colección Visor de Poesía, Madrid 2021), es el nuevo libro de Diego Doncel, que ha obtenido el XXXIII Premio Loewe, incorporándose de este modo a la nómina de autores extremeños galardonados en tan prestigioso certamen (lo fueron anteriormente Álvaro Valverde y Basilio Sánchez). Por su parte, "La Sangre Música" (Aerea carménère) Chile/España, enero de 2021, del poeta madrileño Antonio Daganzo, acaba de incorporarse a mi biblioteca, con el propósito de disfrutar de su preludio y cinco cantos como estación previa a la elaboración de una reseña más amplia que pueda servir de presentación del libro, el próximo mes de septiembre, en el marco del Aula de la Palabra de la Asociación Cultural Norbanova. 


No puedo terminar este recorrido sin una última referencia una obra ya clásica en el marco de la poesía española, el "Poeta en Nueva York"de Federico García Lorca, en la edición que tras el verano de 2020 llegaba a las librerías de la mano de la editorial Sial Pigmalión (Colección Contrapunto)No es la primera vez que me enfrento a los poemas neoyorquinos de García Lorca. Esta edición, como apuntaba, recientemente publicada, me ha permitido sin embargo acercarme a estos textos no exentos de dificultad interpretativa por su contenido y forma expresiva, con la inestimable ayuda del estudio y notas del profesor Hilario Jiménez Gómez, también poeta y además amigo, sumamente clarificadores a la hora de comprender y contextualizar los versos lorquianos, plagados de imágenes oníricas, que denuncian la soledad del hombre y las injusticias sociales en el mundo mecanizado y antinatural de la urbe. Resulta muy enriquecedor disfrutar de estos poemas tan intensos y personales, con el complemento de otros textos del ciclo neoyorquino del poeta, algunos desechados, un proyecto teatral, conferencias, dibujos originales de García Lorca, fotografías y apuntes biográficos. Noventa años después de su escritura, esta edición permite un acercamiento de gran calado a la obra y la personalidad de uno de los autores más completos, magistrales e influyentes de la literatura española del siglo XX. 







jueves, 1 de abril de 2021

Esperando que todo vuelva a ser como antes

Por segundo año, nos ha tocado vivir una extraña Semana Santa. Unos días de ausencias, de silencios, de sentimientos interiorizados y afiladas incertidumbres. Bosteza la ciudad, herida y triste, el ocre de las callejas, aguardando que maduren los sonidos de un futuro inseguro. Al menos este abril no latirá preso tras las ventanas, caricatura de la primavera. El mundo permanece entreabierto, a media voz, traslúcida imagen de las cosas, teñido de urgencias y nostalgias. Gime el incienso dentro de los templos, solo el recuerdo ilumina la madrugada de unos días que parecen desnudos, en un paréntesis de arcilla y ansias, con los senderos desiertos, llenos de interrogantes. Le falta algo a esa noche, descarnada y huérfana. Ni el tañido de una esquila ni el bullicio de la gente al acabar el desfile, ni la calle oliendo a cera, a garganta y a saeta. Duelen tantas vigilias en blanco, duele el dolor de los que se fueron, duele que seguimos sin saber a dónde vamos. 


"Todo está cumplido" 
(Sexta palabra de Cristo en la cruz)

En el claro de la aurora,
la tierra pende de un hilo.

Los músculos se agarrotan
y el mundo roza el abismo.

Las tinieblas se encaraman
sobre el perfil de los riscos

cuando su cuerpo zozobra
y la luz pierde el sentido.