domingo, 21 de marzo de 2021

Hojas de la memoria: Cine y Literatura. Recuerdos poéticos en el Día de la Poesía

El pasado jueves se inició el ciclo de conferencias "Tribuna del Coleccionismo" que organiza la Asociación Cultural Filatélica y Numismática Cacereña. Tuve la oportunidad de inaugurar este curso con un recurrido virtual por la Historia Postal y los recuerdos del Cáceres romántico, mediante una presentación de PowerPoint en la que pudieron verse imágenes procedentes de tarjetas postales, cartas, fotografías, programas de cine y otras modalidades de papel antiguo, todo ello referido a la ciudad de Cáceres, encadenados fotogramas que nos devolvieron por unos instantes los aromas y la fisonomía de un tiempo ya apergaminado en las páginas del recuerdo. Aunque no soy especialmente proclive a eso de celebrar el "Día de...lo que sea", en la inercia de que el veintiuno de marzo se identifica con la poesía, rescataré del elenco de imágenes de mi reciente presentación algunas que, de una u otra forma remiten a la literatura y, por ende, también al género poético. 

En los años treinta del pasado siglo, en tiempos de la llamada "Edad de Plata" de las letras españolas, se inauguraba en Cáceres la que fue durante varias décadas su sala de referencia, el Cine Norba. Había comenzado a construirse este cine en la confluencia de las avenidas de España y Virgen de la Montaña, siendo en la época el segundo más grande de España, con 2.000 butacas. La primera película que se proyectó fue “La amargura del Capitán Yen" (1933). Desde entonces, y hasta el 31 de julio de 1967, en que cerró sus puertas, fueron muchas las cintas que se pudieron disfrutar en su pantalla, una gran parte íntimamente ligadas a la literatura, pues eran adaptaciones de novelas u obras teatrales. Haremos un repaso de algunas de ellas a través de los programas de mano que se elaboraron para la ocasión. 


De los hermanos Antonio y Manuel Machado, grandísimos poetas ambos, "La Lola se va a los Puertos", se proyectó en el Cine Norba tras su estreno en 1947, dirigida por Juan de Orduña y protagonizada por Juana Reina, Manuel Luna, María Isbert, Conrado San Martín, con música de Jesús García Leoz y Manuel L. Quiroga. 


Cine Norba y perspectiva de la Avenida de España y del Paseo, hacia 1950



Cine literario por antonomasia: "Otelo", de William Shakespeare, en versión de Orson Welles, estrenada en 1951, con el propio Welles como director y protagonista, Suzanne Cloutier como Desdemona, Michael Laurence como Cassio y música compuesta por Angelo Francesco Lavagnino. Apenas dos años antes, en 1949, se estrenaría "Mujercitas", basada en la novela de Louisa May Alcott, ganadora del Óscar a la Mejor Dirección Artística. Mervyn LeRoy fue el director de esta cinta y la banda sonora corrió a cargo de Adolph Deutsch. 

No podemos olvidar que en estos años (se estrenó en 1953) se escribió y rodó la película "Segundo López, aventurero urbano", dirigida por Ana Mariscal, actriz y directora de cine que fue esposa del cacereño Valentín Javier y muy vinculada por ello a la ciudad de Cáceres, de la que parte la trama de aquella historia, con algunos planos iniciales en los que se puede contemplar la silueta de la ciudad monumental, pues su personaje protagonista, Segundo López, (interpretado por Severiano Población) partirá precisamente desde la capital cacereña para buscar trabajo y fortuna en Madrid. La novela que sirvió de base a esta primera película dirigida por Ana Mariscal es obra de Leocadio Mejía, publicada en 1947, y reproducimos a continuación su portada. 


Pero, además de la presencia de la literatura en el cine, y como decíamos anteriormente, aquellos años de la primera mitad del siglo XX lo fueron de una intensa vivencia poética. Ejemplo de ello, y contemporánea de la inauguración del Norba, se publicaba en Madrid, en la editorial Signo, la antología de la poesía española de 1915 a 1931, seleccionada por Gerardo Diego, que habría de reunir a las plumas más relevantes de ese período histórico, aglutinando autores procedentes de la Generación del 98, como Unamuno, los Machado o Juan Ramón Jiménez, y otros emergentes que integrarían la llamada Generación del 27. Como se recoge en la entrevista realizada por Nuria Azancot al hispanista Gabrielle Morelli, para "El Cultural", publicada el 1 de agosto de 2011, Gerardo Diego debe ser considerado como "el orfebre del 27", su líder y mentor, por cuanto en la práctica reunió al grupo y lo dio a conocer a través de la obra que reseñamos y sus posteriores ampliaciones y reediciones. Dice Gabrielle Morelli que Diego "supo combinar tradición y modernidad". 



Portadilla y primera página de la Antología de la Poesía Española seleccionada por Gerardo Diego, en su primera edición de 1932, una obra que incluye, además de los textos, fotografías, biografías y semblanza poética de cada uno de los autores antologados. 

En Cáceres, a finales de la década de 1920, se erigía en la parte alta del Paseo de Cánovas, arteria efervescente del desarrollo de la ciudad, el monumento al querido poeta de la tierra de Extremadura, aunque salmantino de origen, José María Gabriel y Galán, que había fallecido en Guijo de Granadilla el 6 de enero de 1905. La inauguración de su estatua, obra del artista Pérez Comendador, tuvo lugar en 1926, convirtiéndose poco después en un punto de encuentro y referencia de los poetas locales, que cada seis de enero le homenajean con la lectura de sus composiciones. 


Reportaje aparecido en la Revista "Blanco y Negro", en su número 1808, de fecha 10 de febrero de 1926, con motivo de la inauguración del monumento al poeta. Abajo, última estrofa, autógrafa, del poema "El cantar de las chicharras". 





















domingo, 7 de marzo de 2021

Libros, siempre libros. Inyección de vida.

Tal día como hoy hace un año asistíamos al final de una forma de entender las cosas, de enfrentarnos a la vida. Nada de lo que vino después nos era conocido de antemano. Porque si algo hemos aprendido de los acontecimientos de estos últimos meses es que no hay territorio ni modus vivendi que esté libre de imprevistos y tensiones, que el cielo puede hacerse añicos sobre nuestras cabezas sin que seamos conscientes de ello. Solo cuando sus pedazos se nos acaben incrustando en la piel, cuando duela ser huérfanos de la luz. Un año atrás, nos dejábamos llevar entre el bullicio de las avenidas, obscenamente cautivos de la multitud, resplandeciente el mediodía, apropiándonos de cada segundo, de cada sílaba, en un intenso e ininterrumpido poema. Recuerdo aquel siete de marzo en las calles de Madrid, todavía indemnes, la sobremesa en la Cuesta de Moyano, el encuentro con Jorge Guillén y Jorge Luis Borges, el fugaz itinerario por el arte que nos llevó hasta el Guernica. Jornada de imágenes y de libros, pilares que lo han sido también luego, cuando el silencio y la penumbra lo inundaron todo. ¡Qué distinto habría sido vivirlo sin ellos! Fueron y siguen siendo el mejor antídoto contra el desencanto, imprescindibles luminarias en la desértica realidad que trasmutó nuestra realidad de siempre y la hizo tributaria de otros oficios, de otras profilaxis. Libros para construir un nuevo futuro, para apuntalar los maltrechos andamiajes de un presente expuesto al temor del naufragio, a la demencia de lo imprevisible. Libros para saturar los estantes hasta hacerlos combarse, sin tiempo material para desentrañar los renglones y la arquitectura de sus páginas. No podría destacar una historia sobre otra, un verso por encima de otro verso. Desde Borges hasta Brines, rescatando nombres y estilos, descubriendo nuevas maneras de interpretar el mundo, el óleo de la palabra supo ungir con su transparencia la cotidianidad de unos días hurtados al abrazo, conscientes de su quebradiza factura. En algún momento volveremos a percibir la belleza como antes, a permitir que el sol inocule su caricia por nuestros poros. Ahora que la primavera regresa. 





sábado, 20 de febrero de 2021

Reseña de "Vestido de verde hacia Nunca Jamás", de Fernando López Guisado

Ayer tuve la satisfacción de presentar el magnífico libro del poeta Fernando López Guisado, "Vestido de verde hacia Nunca Jamás", publicado en la Colección "Baños del Carmen" de Ediciones Vitruvio. Fue en el marco del Aula de la Palabra de la Asociación Cultural Norbanova, en una nueva velada telemática que contó con la participación de personas procedentes de muy diferentes ámbitos geográficos y culturales. Una vez más, fue un verdadero placer contribuir a la difusión de una obra, en esta ocasión, de poesía, a la que merece la pena acercarse y que sin duda, no dejará indiferente a los lectores. 

Reproduzco a continuación la reseña íntegra de la presentación realizada. 

 

FERNANDO LÓPEZ GUISADO en el Aula de la Palabra:

 “Vestido de verde hacia Nunca Jamás”

Cáceres y Madrid, 19 de febrero de 2021

 

La pandemia irrumpió entre nosotros a dentelladas, abriendo brechas de silencio y de distancia. Una realidad distinta, amurallada y tóxica, para la que no estábamos preparados descargó su furia en las trincheras, donde la vida y la muerte protagonizan un difícil equilibrio, donde duelen las palabras y supuran los aguijones de la soledad y la ausencia. La crisis se ha sentido de lleno en los pasillos de los hospitales, en los boxes de urgencias, en el hermético reducto de las ucis. La hicieron suya médicos, enfermeros, auxiliares, celadores… Nuestro poeta de hoy ha contemplado con perplejidad su reflejo en las cristaleras, en las traslúcidas placas de las radiografías, ha llegado a preguntarse quién era ese que le miraba vestido de verde desde el otro lado, buscando acaso un purgatorio para escapar cada día del aliento del vértigo y de la rutina. 

 

“Vestido de verde hacia Nunca Jamás” no es un libro sobre la pandemia ni un diario del confinamiento. Tampoco una suerte de instantáneas surgidas de la percepción que un sanitario ha tenido del tsunami provocado en los hospitales a consecuencia del virus. No faltan referencias y reflexiones al entorno cotidiano, a los estigmas de la enfermedad y la incertidumbre, a la opresión del aire viciado que golpea las fibras de la mascarilla.  Por encima de ello, el nuevo poemario de Fernando López Guisado es, ante todo, un recorrido por los senderos del amor y la nostalgia, un monólogo sembrado de añoranza, donde el tú y el yo se alternan a la búsqueda de un espacio compartido. Auténtica declaración de intenciones del poeta es el texto “Notas sobre no escribir un poema”. Desde la monótona cotidianidad de un trabajo maniatado por la pandemia (es el único poema en el que se menciona expresamente), el autor marca su recorrido existencial, las claves de un sentimiento que trasciende los protocolos de este tiempo malherido. Como Peter Pan, o quizá también Le Petit Prince, desde su planeta, el protagonista contempla el universo “tan pequeño y solo / pensando en el amor / sin ti bajo el cielo impoluto/ y su enorme vacío negro”.  

 

El cosmos en que se mueve la poesía de López Guisado y que ya se dibujaba en obras anteriores como “Rocío para Drácula”, también editado por Vitruvio (2014), se encuentra situado donde el crepúsculo se pierde y la ciudad difumina sus avenidas. Es un territorio poblado de seres que deambulan en los límites de lo onírico. Allí el recuerdo se hace tangible y los poros destilan efluvios de verso. De todo ello dan cuenta poemas como “Skyline”, “Héroes” o “Sepelio”, que muestran ese croma de secuencias vespertinas en el que se proyectan personajes teñidos de reminiscencias góticas, siluetas fantasmales que, como “ensoñaciones de Lovecraft” acompañan al poeta en su búsqueda de sí mismo “bajo la capa de ozono”

 

Es precisamente el poema que lleva ese título, “Bajo la capa de ozono”, otro de los puntales imprescindibles para desentrañar la poética de López Guisado. En estos versos, el autor se confiesa y desconfina sus sentimientos, a manos llenas, con total transparencia: “Este asunto de los poemas/ nunca me dio un duro/ y sí muchos disgustos/y un verso no lo vale”.  No necesita recurrir a artificios ni retorcidos recursos lingüísticos, su savia creativa brota de la sinceridad, de la soledad, de las largas horas en blanco, o quizá mejor, en verde, cuando el secuestro de la luz hace más dolorosa la falta del ser amado y las carnes se estremecen: “Desde que no estás / no sé ni dónde estoy”, son los versos que inauguran el poema “Bala de plata”, en el que asistimos al tránsito iniciático del protagonista que pugna por alcanzar ese país de las nubes que se le resiste en medio de la correosa atmósfera donde el tiempo deshoja gota a gota los minutos del reloj.

 

Entretanto, la añoranza se torna ahogo, en poemas como “Respirador”, y “Va para largo”, este último que contiene los versos que dan título al poemario. Todo tiene sentido cuando el sentimiento y la proximidad llevan su nombre y su aroma, ese “tango de mujer” sin medida, que con sus pasos de baile consigue desterrar el aullido de los demonios. El mundo no se detiene y el poeta no es ajeno al rastro que van dejando los testigos del granizo que se precipita sobre los edificios, sobre los cuerpos maltrechos que sucumben víctimas del calendario. El poema “Fe de roedor” es un retrato descarnado del abril pandémico, del paisaje distópico, asilvestrado y congelado de la urbe, tiznado de lejía y gel hidroalcohólico, donde la muerte y la ausencia campan a sus anchas, en medio de un naufragio que no da tregua. 

 

Mas bien sabe López Guisado cuál es el ideario del poeta, aquello a lo que debe aspirar y dónde se encuentran sus límites. Con rotundidad esculpe los preceptos de su decálogo, intensos y lacónicos aforismos que se suceden sin solución de continuidad en el poema “Anáfora”, y que pueden condensarse en dos grandes postulados, el de la supervivencia, “un poeta debe resucitar sin miedo cada día” y el de la fidelidad, “un poeta debe hablar de amor o el mar, casi lo mismo, de ti”, un poeta debe escribirte mucho”. 

 

La conclusión es la de que “¿Qué más se puede pedir?”. El yo es un espectador de su propia realidad que se mira desde fuera, que asume sus imperfecciones y se sabe lejano del oído de unos dioses que no le comprenden. Fernando López Guisado es trasunto del poeta que ha aprendido a interpretar los códigos de la vida a través de una placa de tórax. Allí, tras la parrilla costal late un corazón vivo e inquieto, que pide reescribir “el tema de la poesía”, que apura a cada sorbo el café aguado de la máquina de la sala de enfermería, siempre de pie, siempre tentando con sus dedos el destino que le aguarda en su viaje hasta la segunda estrella a la derecha, y luego, todo recto hasta el amanecer.

 


 

viernes, 15 de enero de 2021

Reseña de "El brindis de Margarita", de Ana Alcolea

En esta primera entrada del Blog "ESCENARIOS" del año 2021, reproduzco la reseña íntegra que he escrito tras disfrutar de la lectura de la novela "El brindis de Margarita", de la escritora Ana Alcolea, que nos ha acompañado en la tarde del viernes 15 de enero, desde Trondheim (Noruega) para comentar su obra y descubrirnos algunas de sus claves, en el marco del Aula de la Palabra de la Asociación Cultural Norbanova, de Cáceres. 


Puerto de Trondheim (Ana Alcolea)


ANA ALCOLEA en el Aula de la Palabra:

 “El brindis de Margarita”

Cáceres y Trondheim, 15 de enero de 2021

 

Para quienes nacimos en la década de los sesenta del pasado siglo, la experiencia vital de la protagonista de “El brindis de Margarita”, la más reciente novela de la escritora aragonesa Ana Alcolea, nos ha de resultar necesariamente cercana. Es este un relato introspectivo en el que, con la excusa de vaciar la antigua casa familiar, Margarita, en clave de primera persona, regresa al escenario de sus años de infancia y adolescencia, reencontrándose con los fantasmas que marcaron su camino hacia la madurez. 

 

         El tiempo. El que habita entre dos titulares de prensa. El que se deja sentir entre dos imágenes en un mismo espejo. Respira Margarita el aire momificado de las estancias cerradas. Aún le son tangibles las huellas, las voces de quienes allí escribieron la novela de sus vidas. Mas no son indulgentes los años ni la edad. Tampoco su banda sonora. Sobre todo si se vive en un país como el nuestro, proclive a continuas sacudidas y ácidas controversias. En aquellos años del blanco y negro, de Eurovisión y del NODO, todos crecimos al ritmo de las noticias del telediario, cautivos de una atmósfera plagada de contradicciones, sobresaltos, ocultos rencores y candentes miedos, vástagos de una generación forjada a la medida de los dictados del pensamiento único, cuya mentalidad entraba en conflicto con las nuevas formas de ver el mundo que iban tiñendo la sociedad, burbujas herméticas, universos irreconciliables.  

 

         Ahora se habla mucho de “La transición”, pero los jóvenes y adolescentes de hoy solo han conocido una España, la del 78. Los padres de los llamados “Millennials” son de la edad de Margarita y sus amigas, y en sus casas, acaso habrán oído a los abuelos contar algún episodio de los años duros de la posguerra. Pocos conocerán a Labordeta o Víctor Jara, y de los Brincos, solo Juan Pardo queda vivo, retirado hace años. Ana Alcolea resucita historias y sensaciones que pertenecen a una generación que ahora ocupa el lugar atribuido entonces a los padres de su protagonista. Y lo hace enhebrando las experiencias de Margarita con el fluir de los acontecimientos que desde la década de los setenta hasta hoy sembraron de cambios nuestra cotidianidad. 

 

         Muchos fuimos también a colegios de curas o de monjas. Hicimos la Primera Comunión cuando “Jesucristo Superstar” se proyectaba en los cines. Y en casa, con el mundial de fútbol de Argentina, disfrazábamos nuestra televisión con celofán de colores para hacer creer a nuestras pupilas que podían distinguirse las camisetas de los jugadores. En mi colegio, uno de los franciscanos escuchaba a Fórmula V y a Nino Bravo. No podía creer que este hubiera muerto en aquel fatídico accidente de tráfico en 1973, como luego le sucedió también a Cecilia y a otros tantos.   

 

         La libertad. Libertad sin ira, como en la canción que popularizó Jarcha. Pero ¿qué era la libertad? Algo que se interpretaba de formas muy diferentes. Ana Alcolea traza con precisión los márgenes de ese concepto a través de los personajes de su novela. Sortea puntos de vista enfrentados e incompatibles, los de quienes amparados por una seguridad que maniató sus expectativas, solo sabían vivir poniendo diques al horizonte, y los de quienes, en el extremo opuesto, aguardaban la voladura de una realidad que ya duraba demasiado. Mientras hurga en los rincones de su vieja casa, Margarita transita en su itinerario removiendo sentimientos perdidos, reflexionando en la soledad de unas habitaciones impregnadas de recuerdos acerca de cómo el inapelable zarpazo de los años transformó todo y la transformó a ella. Y es que, la escritora que protagoniza el relato, trasunto quizá en gran medida de la propia Ana Alcolea, con la que comparte oficio, ciudad natal e incluso año de nacimiento, ya no es la misma que vivió bajo ese techo y anduvo por esas calles, como tampoco lo son las personas a quienes observa desde su balcón.  Acaso solo aquellas amigas con las que comparte velada y con las que intercambia reflexiones y vivencias o la impenitente vecina, testigo y custodio de esa época ya caduca que vuelve a la vida por unos instantes alumbrando sorpresas y olvidadas pesadillas con nombres propios que una y otra vez martillean en su memoria y se pasean, tangentes siluetas a lo largo de esos días de mudanza. 

 

         Dibuja Alcolea las dos orillas de un tiempo de aprendizaje. El despertar de esa Era de Acuarioque celebraban los figurantes de la ópera rock Hair, en plena tormenta antibelicista de finales de los sesenta. En España, aprendimos a ver las cosas en color, a ponerlas en el lugar en que siempre debieron haber estado, a mirarnos de igual a igual, con los mismos derechos y las mismas obligaciones. Pero, como recuerdan los protagonistas del relato, hubo una riva bianca, una riva nera, que diría Iva Zanicchi en su hermosísimo tema, contexto teñido de un trasfondo político capaz de sembrar la discordia y la desconfianza, algo que es mal endémico en este país tan dado a escenificar sus diferencias, a hacerse sangre, como la que tantas veces manchó las calles durante los llamados “años de plomo”. De una u otra forma, quienes un día compartieron ansiedades e inquietudes, blandiendo banderas en el nombre de la revolución, terminaron sintiendo en sus carnes los envites de una realidad con vida propia, imprevisible e imposible de controlar. Congelados en las páginas de los libros de Historia, en los borrosos fotogramas monocromos de las televisiones, personajes y sucesos aún conspiran y, en ocasiones, protagonizan flashbacks que rescatan instantes y aromas que creíamos dormidos para siempre, como aquellos brindis de antaño. Y de pronto, al descorrer los visillos de cualquier ventana o andar sin rumbo entre la multitud anónima, reconocemos un rostro, fijamos los ojos en otros ojos que regresan de repente desde el laberinto del olvido. Bien lo sabe Margarita y bien lo sabe Ana Alcolea. Ahora solo resta que los lectores se hagan cómplices de su recorrido. 












 


jueves, 24 de diciembre de 2020

Redescubriendo a Bécquer en el 150 aniversario de su muerte: Recorrido literario y filatélico

El 22 de diciembre de 1870 fallecía en Madrid el poeta Gustavo Adolfo Bécquer. Acaban de cumplirse pues ciento cincuenta años de la muerte de uno de los autores más leídos de la literatura española. Sus "Rimas" han trascendido sobradamente desde el sentimiento y la intimidad en que fueron escritas, su poesía sencilla, sobria y conmovedora sigue cautivando a quien se acerca a ella, porque en sus versos reside la esencia del alma humana. La huella de Bécquer se advierte sin dificultad en los poetas que cronológicamente le siguieron, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez y también los autores del 27. Baste recordar aquella cita que Rafael Alberti incluye en su libro "Sobre los ángeles", tomada de una de sus rimas, "Huésped de las nieblas..." Quién no ha aprendido y recitado algunos de sus versos, se ha emocionado con ellos. Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870), considerado uno de los más genuinos representantes del romanticismo español, merece ser recordado y releído, estudiada su vida y su época. 

Han sido muchas las veces en que me he acercado a sus obras. La lectura adolescente de sus poemas se encuentra acaso en el origen de mi vocación literaria, aquella Antología perteneciente a la Biblioteca Básica Salvat (núm. 53), que teníamos en casa fue uno de mis primeros libros de poemas, compañero fiel de tiempos de mocedad, de primeros e idealizados romances. Las ediciones de Cátedra de "Rimas" y "Leyendas", me reportaron una visión más académica del poeta, las claves para interpretar con mayor rigor el contenido de su obra, sus formas de expresión y su temática. Siempre me fascinó esa atmósfera mágica, gótica, onírica y decadente de las "Leyendas", mestizaje entre historicismo e imaginación al servicio del relato. Son muchos los Bécquer que coexisten en la personalidad de Gustavo Adolfo. El de su Sevilla natal, andaluz y costumbrista, el afincado en Madrid, constructor de su propio destino, cronista y espectador de las convulsas sacudidas de la política del tiempo que le tocó vivir. Lejos de la bohemia de sus primeros días en la capital, terminaremos asistiendo a un Bécquer más burgués, más pragmático. Pero asimismo, no podemos olvidar al poeta en su celda del Monasterio de Veruela o el ensimismado por la belleza y los secretos de la imperial Toledo, que reflejó en varias de sus narraciones.  En estos días, regreso a Bécquer a través del excelente libro de Joan Estruch Tobella, "Bécquer, Vida y época", Editorial Cátedra (Serie Biografías), buscando redescubrir su obra y también su trayectoria vital, los avatares que marcaron su madurez personal y literaria. 

Pero es que uno también es coleccionista, y particularmente, devoto del sello y los efectos postales. Indagando en este mundo, se encuentran también las huellas del poeta sevillano, generalmente identificado mediante la imagen icónica del retrato realizado por su hermano Valeriano que se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. En 1970, coincidiendo con el centenario de su muerte, se emite una serie de seis valores en la que aparecerán seis nombres relevantes de la literatura española, entre los que figura Gustavo Adolfo Bécquer (sello de 2 pesetas), quien está acompañado por el Premio Nobel Juan Ramón Jiménez, el egregio Miguel de Unamuno, Concha Espina, Guillén de Castro y el vate de Frades de la Sierra, José María Gabriel y Galán, del que se cumplían cien años de su nacimiento. 



Sobre de Primer Día de Circulación (21 de septiembre de 1970), en el que aparecen los sellos dedicados a José María Gabriel y Galán, Miguel de Unamuno y Gustavo Adolfo Bécquer. 

Serie emitida por la FNMT para la República de Guinea Ecuatorial con motivo de 175 aniversario del nacimiento de Gustavo Adolfo Bécquer (año 2011). 

En 1978 aparece de nuevo el poeta, esta vez en la representación que de él existe en el Parque de María Luisa de Sevilla, en el monumento que se le dedicó, obra de Lorenzo Coullaut Valera, inaugurado en 1911. Esta vez se trata de un "entero postal", que es ilustrado por dicho monumento, erigido por iniciativa de los Hermanos Álvarez Quintero, precisamente quienes se encargaron de elaborar el prólogo para sus Obras Completas, publicadas en Madrid en 1934. Es de forma circular compuesto de un busto en alto pedestal con tres figuras femeninas sedentes en un banco, que representan el “amor ilusionado”, el “amor poseído” y el “amor perdido”.


La efigie de Gustavo Adolfo, procedente también del retrato pintado por su hermano ilustrará el anverso de los billetes de 100 pesetas emitidos en 1965, además de la escenificación de una de sus rimas. En el reverso figura una dama romántica y la vista de la Catedral de Sevilla, con marca de agua en la que se observa la cabeza del músico Isaac Albéniz. 



Las tres ciudades que marcaron la vida del poeta: su Sevilla natal, el Madrid en que desarrolló su carrera literaria y Toledo, donde también vivió y que inspiró algunos de sus textos, entre los que se encuentran la Historia de los templos de España o las Leyendas "La ajorca de oro", "El Cristo de la calavera", "Tres fechas", "El beso" y "La rosa de pasión". Reproducimos a continuación tres tarjetas postales de primeros del siglo XX (circuladas en 1902, 1901 y 1907, con franqueo de Alfonso XIII; cadete), con vistas de estas tres ubicaciones. La primera, sevillana, recoge la imagen de la Plaza del Duque de la Victoria, situada no muy lejos de la casa natal del poeta; la segunda, madrileña, con la emblemática Puerta de Alcalá, y la tercera, toledana, con la imagen de la Puerta de Bisagra. 














domingo, 6 de diciembre de 2020

Postales y recuerdos para el aniversario de la Constitución Española

Para quienes hemos vivido los 42 años que hoy ha cumplido la Constitución Española de 1978, que hemos  estudiado su contenido y sus disposiciones, viendo cómo este país iba progresando y avanzaba por los senderos de la modernidad y la normalización de la convivencia, reconocer los valores que representa la Carta Magna resulta obligado. Y es que basta leer su preámbulo y su título preliminar para darse cuenta de que los principios y objetivos en su día proclamados por los constituyentes continúan siendo plenamente vigentes. Sin perjuicio de extremos puntuales que pudieran ser objeto de necesaria adaptación a la realidad cambiante de España y de nuestro tiempo, la filosofía que inspiró la redacción de aquel texto no puede perderse. Es tarea de todos preservar ese espíritu de concordia y respeto, de igualdad de derechos y oportunidades que se recogió en su articulado y al amparo del cual el país ha disfrutado de los años más fructíferos que se recuerdan. 

Repasaremos a través de la filatelia y las tarjetas postales aquellos pilares fundamentales que vertebran el sistema político instaurado por la Constitución cuyo aniversario hoy celebramos. 

Las Cortes Generales representan al pueblo español y están formadas por el Congreso de los Diputados y el Senado (art. 66).


 Tarjeta postal circulada en 1912 (franqueo 5 cts. Alfonso XIII), con la imagen de la Carrera de San Jerónimo y el Congreso de los Diputados (Madrid). 


Tarjeta postal de Madrid con el antiguo edificio del Senado. 

La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria (art. 1.3)


Tarjeta Postal circulada en 1902 en la que aparece el Rey Alfonso XIII dirigiéndose a la apertura de las Cortes de 1899. 

El Gobierno dirige la política interior y exterior, la Administración civil y militar y la defensa del Estado. Ejerce la función ejecutiva y la potestad reglamentaria de acuerdo con la Constitución y las Leyes (art. 97)


Sobre de Primer Día de Circulación de la serie conmemorativa del XXV Aniversario de la Constitución Española, emitida en 2003. Valor de 0,26 euros: "Del Gobierno y la Administración".

La Justicia emana del pueblo y se administra en nombre del Rey por Jueces y Magistrados integrantes del Poder Judicial, independientes, inamovibles, responsables y sometidos únicamente al imperio de la Ley (art. 117)


Sobre de Primer Día de Circulación de la serie conmemorativa del XXV Aniversario de la Constitución Española, emitida en 2003. Valor de 0,26 euros: "Del Poder Judicial".

El respeto a la división de poderes como eje fundamental del sistema democrático establecido por la Constitución es garantía de su estabilidad, quedando aquellos vinculados en todo caso a la salvaguarda de los derechos y libertades consagrados en la norma y al principio de legalidad.


Sobre de Primer Día de Circulación de la serie conmemorativa del XXV Aniversario de la Constitución Española, emitida en 2003. Valor de 0,26 euros: "De los derechos y deberes fundamentales".


Tarjeta Postal de Madrid, circulada en el siglo XIX, (fechada el 31 de diciembre de 1899),  con la imagen de la Carrera de San Jerónimo y el Congreso de los Diputados (Escalinata de los leones)

El Estado se organiza territorialmente en municipios, en provincias y en las Comunidades Autónomas que se constituyan. Todas estas entidades gozan de autonomía para la gestión de sus respectivos intereses (art. 137). 

   
Algunos de los sellos emitidos con motivo de la promulgación de los Estatutos de Autonomía de las Comunidades Autónomas.


Sobre de Primer Día de Circulación de la serie conmemorativa del XXV Aniversario de la Constitución Española, emitida en 2003. Valor de 0,26 euros: "De la organización territorial del Estado".

              

Ejemplar de mi primera Constitución y facsímil con las firmas de los titulares de las instituciones del estado en 1978. 


















sábado, 21 de noviembre de 2020

Hojas de la Memoria: Romanticismo y arte en las postales de la Belle Époque


Las nuevas tecnologías han relegado al terreno de la nostalgia, de lo vintage, hábitos tan arraigados antaño como el de escribir cartas, hacerlo con lápiz y papel, envolver luego el mensaje cuidadosamente por medio de un sobre, escribir la dirección, el remite, y finalmente, pegar sobre él un sello antes de depositar la misiva en un buzón o llevarla personalmente a una oficina de correos. Cada vez son menos los que siguen manuscribiendo cartas, y acaso tampoco tarjetas postales, imágenes a las que se adherían palabras, casi siempre desnudas, sin envoltura. 


Postales con dedicatorias y poemas

Muy populares a principios del siglo XX, en una época en que no existían los recursos gráficos de que hoy disponemos, las tarjetas se convirtieron en un vehículo que transportaba a otros lugares, otras ciudades, que permitían compartir deseos y sentimientos de todo tipo, ilustrados con el rostro de personajes conocidos o incluso con fotografías de los propios familiares. Es tan amplia la variedad temática de esta modalidad de comunicación que los coleccionistas de cartas postales (cartofilia), se sienten a menudo desbordados, con la sensación de encontrarse ante un océano inabarcable.



Los cabarets y las terrazas de París en las postales de primeros de siglo

Al subgénero de la llamada “postal romántica” pertenecen aquellas tarjetas que tienen como protagonista a la mujer, y muy especialmente, a las artistas de mayor renombre de esos años dentro del ámbito de las variedades, la revista, el cuplé, el teatro o la copla. Felicitar, recordar fechas señaladas, celebrar un encuentro, transmitir saludos, cualquier sentimiento tenía cabida en el pequeño espacio de estas cartas animadas. 

Un pequeño repaso a este catálogo nos llevará a recordar personajes tan célebres en esos años como el de Agustina Carolina del Carmen Otero Iglesias, conocida como “La Bella Otero”, bailarina española de gran fama y belleza que llegó a triunfar en el Folies Bergère de París, convirtiéndose en un auténtico icono de la Belle Époque parisina y en una de las mujeres más deseadas de su tiempo, como también lo fue la francesa Cléo de Mérode, contemporánea de la anterior e igualmente musa de importantes artistas, como el fotógrafo Émile Reutlinger, cuyas fotografías fueron utilizadas para la edición de tarjetas en las que aparecía dicha bailarina. 

       

Tarjetas postales con las imágenes de La Bella Otero y de Cléo de Mérode,
circuladas en 1902 y 1903 respectivamente

De Italia nos llegan postales con la imagen de Lina Cavalieri, cantante de ópera y actriz de cine, de azarosa vida y belleza espectacular, fallecida a causa de un bombardeo durante la II Guerra Mundial.


Pero igualmente en España, las artistas de la copla, la revista y la zarzuela tuvieron su sitio en las tarjetas postales, algunas muy elaboradas, con bordados y destellos de purpurina, que visten y ornamentan las imágenes de las protagonistas. Cantantes y actrices de gran éxito y popularidad se convierten de este modo en cómplices y aliadas del mensaje y la palabra, con la que han viajado, ignorando fronteras, hasta llegar a nuestros días.


Curiosa postal “higrométrica”,

con imagen de artista de la época,

que cambia de color de acuerdo con

las condiciones de humedad.

Obsérvese el vestido de la

protagonista, con bordados y

detalles en relieve.


Nombres como los de Pastora Imperio, Julia Fons, Raquel Meller, Tórtola Valencia, Rosario Guerrero, Elisa Romero, La Fornarina…, pues la lista es interminable, aparecen una y otra vez en los álbumes de tarjetas con el testimonio escrito de aquellos que las admiraban y quisieron compartir con los más cercanos su pasión por ellas.  

 

Recordémoslas ahora a través de las imágenes que ilustran las siguientes tarjetas.



Julia Fons, nacida en Sevilla, en 1882, fue artista que brilló en el género chico y el cuplé, protagonizando obras como “La Corte de Faraón”. Postales bordadas. 




Rosario Guerrero, conocida como La Bella Guerrero, fue una notable cupletista y bailarina. Popular por su tema “El Beso”, actuó en los principales teatros de la época.


Elisa Romero, nacida en Málaga, fue bailaora y cantante, actuó en el Teatro Novedades de Barcelona y el Café “La Gran Peña”, así como en diversos países de Latinoamérica.



Carmen Tórtola Valencia, bailarina española, especialista en danzas orientales, fue muy apreciada por los intelectuales de su tiempo. Pionera de la liberación de la mujer, recorrió muchos países con su arte, compartiendo escena con otras artistas como Raquel Meller.