domingo, 2 de octubre de 2022

De vuelta a la Haya, la ciudad de la paz y la justicia

En el escudo de la ciudad neerlandesa de La Haya figura el lema Vrede en Recht, que significa Paz y Justicia, no en vano señas de identidad de una urbe en la que radican importantes organismos e instituciones directamente relacionados con la justicia, la seguridad, el derecho y la resolución de litigios por medio del diálogo y el arbitraje. Volvía allí después de haber estado en julio, en visita de un día dentro de un recorrido turístico por los Países Bajos. Ahora, por motivos de trabajo y estudio. Tras superar la prueba del Alvia Cáceres-Madrid y del aeropuerto de Schiphol, en Ámsterdam, ofrecía la Haya un rostro bien distinto al de aquella estancia veraniega. Habían hecho su aparición el viento y la lluvia, que no abandonaron calles y canales durante las apenas cuatro jornadas que permanecí entre ellos. En estos tiempos en que vemos tambalearse los frágiles pilares de la concordia, cuando las herramientas de la palabra parecen debilitadas ante la acometida de los misiles, viene bien recordar que aún quedan escenarios para el encuentro, mesas y foros donde el dialogo debe estar por encima de la afrenta. La humanidad somos todos, y a todos compete dar sentido a ese lema que orna la heráldica de esta ciudad abierta al mundo, sede de tratados y convenciones. 

Andaba el mar revuelto en el Canal de la Mancha, el agua gris y terrosa junto a las dunas de Scheveningen. Pocos viajeros en el tranvía para una tarde avejentada, con el otoño esculpiéndose a borbotones en las fachadas. Estoy leyendo a Vila-Matas. En Montevideo, su última novela, adopta el formato, que me resulta familiar, de rescatar escenarios en los que sitúa sus vicisitudes de escritor, sus experiencias lectoras, tan identificadas con las propias experiencias vitales. En La Haya, finalizada la jornada de trabajo, se ha agotado también el tiempo para deambular a la búsqueda de libros u objetos de interés. El horario neerlandés cuelga a las seis de la tarde el cartel de cerrado y en las calles únicamente sobreviven los establecimientos de hostelería y acaso las propuestas de moda de conocidas franquicias. Sobreviene el crepúsculo y solo algún rezagado cisne todavía chapotea en las aguas del lago, junto al edificio del Maurithuis. Recorrer solo las calles del centro es involucrarse en la intrahistoria de la urbe, escuchar los acordes de un idioma que las neuronas no logran desencriptar, percibir aromas proscritos en otras latitudes...Que anduviste por aquellos rincones será un apunte más en los cartapacios de la memoria, la anonimia de un instante congelado en la senda del tiempo. 




Esta vez sí se abriría la verja de acceso al Vredespaleis. En julio, tan solo compartimos los buenos deseos escritos en las pequeñas tiras de papel o tanzaku que colgaban de las hojas del árbol situado en el vestíbulo, imitando la costumbre japonesa del festival de Tanabata. Ahora, franqueada la puerta, era inevitable experimentar una sensación de cierto estremecimiento al contemplar la gran escalera de mármol, las imponentes vidrieras y las bóvedas decoradas en estilo bizantino con las imágenes de las Horas, diosas del orden de la naturaleza y de las estaciones, personificación de las ideas de equilibrio y justicia. Qué ansia de mesura, de templanza, también de silencio, el de las armas que destierran los dones de la razón y condenan a la oscuridad. Todo está escrito sobre las teselas del pavimento, en la placidez de aquellos claustros con olor al tránsito de las togas. El Palacio de la Paz evoca épocas pasadas pero también urgencias de hoy, bálsamo necesario para sanear las grietas de un mundo en crisis. 


Alguien llamó la atención sobre la tranquilidad que se respira transitando por esta ciudad, quizá solo interrumpida por la circulación inopinada de las bicicletas y la campana de los tranvías. La gente está acostumbrada a no elevar el tono de la voz, a aguardar sobre la hierba húmeda de los parques la caída de la tarde. Al volver de La Haya, regreso también a las páginas de Noteboom, a su medido discurso: "Por aquí pasó el poeta en su viaje hacia el norte. / Por aquí pasó el poeta para siempre jamás". Me quedo con el recuerdo, "También a mí me ha seducido el viento que hace flotar las nubes". 






domingo, 18 de septiembre de 2022

A propósito de la exposición "Cáceres monumental 1900-1950"

En estos días y hasta el 13 de octubre, puede visitarse en el espacio expositivo de "La lente y el pincel", en Cáceres, una exposición que permite recorrer perspectivas y visiones de la ciudad que se remontan a la primera mitad del siglo XX. Todas las imágenes son reproducciones de fotografías procedentes de mi archivo particular, habiendo tratado de efectuar una selección que excluya vistas impresas como tarjetas postales, incluidas en series editadas durante esos años, que han gozado de una mayor distribución y conocimiento popular, al figurar en libros y otras publicaciones. No quiere ello decir que estas imágenes que ahora se exponen sean totalmente inéditas. Algunas de ellas pueden ser conocidas del público por aparecer en libros o folletos de la época en que fueron realizadas. Sí constituye una novedad su selección y agrupación de forma independiente para esta muestra, identificándolas con sus autores o con las publicaciones en las que, en su caso, aparecieron. Para los ciudadanos que que no han llegado a conocer antes estas visiones de la ciudad, será un completo descubrimiento contemplarlas reunidas, comprobando el estado de los edificios y monumentos de Cáceres, cómo se encontraban en las primeras décadas del pasado siglo, cómo se veía el skyline de la ciudad antigua, sus tipos y oficios populares. Se ha recurrido a material analógico y también a imágenes extraídas de placas de cristal (estereoscópicas), que se han intentado reproducir de la forma más fiel posible, especificando sus características. Las fotos elegidas son las que en papel fueron adquiridas en su día, procedentes de los negativos originales, muchas de ellas con el sello al dorso del fotógrafo o del estudio que las realizó (así, Sociedad Artístico-Fotográica, Gudiol, Fonseca, Trabajos aéreos, Kindel, New York Times, Javier). Otras han sido identificadas precisamente por su inclusión en libros, como el Catálogo Monumental de España, de José Ramón Mélida. Partiendo de todo este material se ha recabado luego la información correspondiente sobre los autores, se ha ubicado cronológicamente cada imagen y se han identificado los lugares y los monumentos que en ellas aparecen. Nuestro propósito era dar a conocer estas visiones de otro tiempo, ordenándolas y clasificándolas con arreglo a los criterios indicados. Con ello, y en un lienzo que abarca un total de treinta y nueve cuadros (en total, cuarenta y tres imágenes), es posible viajar por unos instantes al pasado y recorrer espacios urbanísticamente muy cambiados en compañía de figurantes cuyos rostros quedaron inmortalizados mediante la cámara de estos fotógrafos cuyo trabajo ahora queremos recordar y divulgar.


Una de las imágenes expuestas, procedente de positivo estereoscópico (1912)

domingo, 21 de agosto de 2022

Inmortal Federico García Lorca

Esta semana se han cumplido ochenta y seis años desde la trágica muerte del poeta Federico García Lorca, en Granada, "en su Granada", que diría Antonio Machado. Aquel execrable episodio acaecido en los albores de la madrugada logró, sin embargo, un propósito completamente opuesto al pretendido por sus infames ejecutores. Lejos de conseguir acallar la voz del joven poeta, esta se hizo lumbre, inextinguible torbellino, llamado a fertilizar con su sangre la convulsa piel de una tierra herida. Más que nunca, la muerte sinónimo de vida, estruendo que sacude la conciencia quebrantada de la palabra para hacerse eternidad, perpetua llama liberada de la opresión del tiempo y del espacio. 

¿Acaso pudo Federico intuir cuál iba a su ser su destino? En 1932, cuando Gerardo Diego lo incluye en su Poesía Española, Antología 1915-1931, junto a autores pertenecientes a las llamadas "Generaciones de 1898 y de 1927", García Lorca se encontraba en la plenitud de su periplo literario como poeta, dramaturgo, dibujante y músico. Consciente de su fuerza vital, de los avatares de la palabra, confiesa a Gerardo Diego:* "ni tú ni yo, ni ningún poeta sabemos lo que es la Poesía", para luego lanzar un dardo profético en términos que dan cabida a múltiples interpretaciones: "Quemaré el Partenón por la noche, para empezar a levantarlo por la mañana y no terminarlo nunca". Tiene un rostro serio Federico en la fotografía que ilustra su parcela en la antología indicada, imagen compartida con Rafael Alberti, ambos trajeados y con sendas corbatas. Al pie de la foto se especifica el lugar y la fecha: "Madrid, 1930". ¿Dónde?¿El Retiro?, ¿un parque cualquiera de la capital? En la bibliografía del autor, sus obras publicadas hasta entonces y las que se encontraban en prensa o inéditas. Entre ellas, su libro de poemas Canciones, acababa de editarse por segunda vez por la "Revista de Occidente", a la venta por el precio de cinco pesetas. Recién publicado también su Mariana Pineda, Romance popular en tres estampas, en edición de "La Farsa", al precio de 0,50 pesetas. Se había estrenado en el teatro Fontalba de Madrid, en octubre de 1927 con la inolvidable Margarita Xirgu como actriz protagonista. Reproduzco a continuación las imágenes de todos ellos. 






Tenían que pasar aún varios años antes de los acontecimientos del 16 de agosto de 1936, años que serían muy fructíferos para el poeta, volcado en su producción teatral y en la divulgación de los clásicos a través de iniciativas como La Barraca. La conmoción que supuso el estallido de la Guerra Civil Española habría de ponerle en el punto de mira de sus enemigos, que también los tenía. Cuenta Miguel Caballero en su libro Lorca basado en hechos reales, los sucesos que inspiraron sus obras*, que la publicación del "Romance de la Guardia Civil Española", contenido en el Romancero Gitano habría sido uno de los factores que operaron en contra del poeta, y más aún cuando el teniente coronel Velasco Simarro fue quien tuvo la potestad de decidir sobre su vida en aquella infausta jornada. Muerto Federico, y ya en el exilio, su amigo Rafael Alberti publicó el Romancero Gitano en la colección "Rama de Oro", que dirigió en Buenos Aires, en 1943, con una tirada de 1500 ejemplares, edición en la que se incluía un autorretrato de Federico, hecho en Nueva York y una elegía compuesta por el propio Alberti sobre la injusta muerte del poeta, que comienza con los versos siguientes: "No tuviste tu muerte, la que a ti te tocaba. / Malamente, a sabiendas, equivocó el camino". 



La desaparición física de Federico García Lorca ha alimentado cientos de versos, miles de páginas que han servido para construir el mito y consolidar su condición de inmortal. Como tantos personajes que forman parte del patrimonio inmaterial de la humanidad, imágenes y voces de nuestro imaginario colectivo, concluiremos recordando a Hermann Hesse:*, "estos inmortales no dieron la espalda a la vida sino que construyeron mundos admirables mediante una sublimación amorosa de las menudencias que, también, componen la existencia".

Hace seis años, al cumplirse ochenta desde su asesinato, escribía este poema, luego incluido en mi libro La complicidad de los amantes (Takara Editorial, 2019), cuyo texto reproduzco ahora como colofón de este particular homenaje. 


BARRANCO DE VÍZNAR, 80 AÑOS


No se extinguió con las balas el poderoso manantial de la palabra

ni los rayos durmieron tras la tormenta un sueño forzado de tierra



los disparos hicieron resquebrajarse la corteza de la luna

hurtando a las aves su clorofila de inocencia



en lo profundo de la madrugada bastó el rencor

para teñir el insomnio de líquidas amapolas

para contagiar de salitre la pulcritud del albero



no más filos    no más versos descoyuntados



gimen las acequias    mansos testigos de la humareda

mientras el viento se inmola en los olivos

y borra para siempre las quemaduras de la arcilla



pero la voz ilesa del poeta alimenta la lumbre



y sobrevive 



BIBLIOGRAFÍA CITADA:

DIEGO, Gerardo: Poesía Española. Antología 1915-1931. Editorial Signo, Madrid, 1932.

CABALLERO, Miguel: Lorca basado en hechos reales. Los sucesos que inspiraron sus obras. Editorial Carpenoctem// Notas al pie. 2021. 

HESSE, Hermann: El lobo estepario. Editorial Círculo de lectores. Colección Biblioteca de Plata, 1987. 

DOCUMENTACIÓN FOTOGRÁFICA:

Archivo-Biblioteca de Jesús M. Gómez Flores. Cáceres 












domingo, 14 de agosto de 2022

Hojas de la memoria: Las "Barcas de Alconétar". Patrimonio sumergido de Cáceres

Al hojear las páginas de mis álbumes de fotografías e imágenes del pasado, hurgando a la búsqueda de alguna temática que pueda resultar de interés para la sección "Hojas de la Memoria" de este Blog, que tengo un poco abandonada, captan mi atención tres pequeñas fotos en tonalidad sepia procedentes de los primeros años de la década de 1920 que reflejan a la perfección cómo era el día a día en el llamado "Vado de Alconétar", antes de la construcción del puente que permitió unir las dos orillas del río Tajo y facilitar el tránsito de los vehículos, que iban siendo cada vez más numerosos. A falta de puente, el paso del río tenía que hacerse mediante barcas, y son precisamente estas, las "Barcas de Alconétar", las que aparecen en las imágenes siguientes, acarreando tanto los viejos coches como el ganado, de modo que pudieran cruzar de una a otra parte del ancho cauce fluvial. El escritor y periodista Fernando García Morales en su libro Ventanas a la ciudad* traza una semblanza de aquellas barcazas, indicando que pertenecían a la casa ducal de Alba de Liste, que las arrendaba por años completos. Comentaba que en ellas "cabían hasta cuatro carros con sus caballerías", y que prestaron servicio hasta 1927 en que se inauguró el puente, hoy sumergido bajo las aguas del pantano de Alcántara. Tienen pues estas fotos un significativo valor histórico pues nos trasladan a una época y a un paisaje que ya solo pertenecen a la memoria, como la de los viajeros ingleses que en los siglos XVIII y XIX pasaron por Extremadura y cuyas crónicas recogió María Dolores Maestre en su libro 12 Viajes por Extremadura, en los libros de viajeros ingleses, 1760-1843*. Al vado de Alconétar se refieren indicando que este lugar "se pasa en "La Barca" y que junto a ella "están los restos del noble puente romano de Alconétar, o "del Mandible".  El enclave era particularmente pintoresco y aderezado con múltiples leyendas que evocan gestas caballerescas y reminiscencias templarias. No en vano, allí confluyen los ríos Almonte y Tajo y sobre el promontorio rocoso se alza vigilante la silueta de una torre, llamada de Floripes, único resto del viejo castillo y cuyo nombre evoca relatos de magia y fantasía de los que incluso Cervantes se hizo eco en el Quijote. 


Barcas de Alconétar. Coche y viajeros cruzando el río Tajo. Al fondo, 
Castillo de Alconétar, Torre de Floripes y antiguo parador


Barcas de Alconétar. Ganado cruzando el río


Puente romano de Alconétar en su emplazamiento original

Con la avalancha de agua que trajo consigo la construcción del embalse, en 1969, aquellos parajes terminaron inundados y ni siquiera las pertinaces sequías de los pasados años y la que hoy vivimos, especialmente virulenta, han hecho que el nivel de las aguas disminuya hasta el extremo de descubrir todo lo que un día anegaron. Solo la imponente estructura pentagonal de la torre y algunos fragmentos de muralla y barbacanas del castillo asoman con ocasión de estas temporadas de escasez hidrológica, pero apenas si se distingue ya dónde el Tajo y su afluente se hermanaban, ni mucho menos, el skyline de los viejos puentes, impresionantes obras de ingeniería que apenas recuerdan unos pocos y que fueron pioneros de las recientes construcciones que hoy cruzan estas mismas aguas, como los puentes "Arcos de Alcónetar" en la autovía A-66 o el recientemente puesto en servicio para la nueva línea ferroviaria de Extremadura. Solo el viejo puente "Mantible", el romano de Alconétar, se salvó de quedar engullido por el pantano al ser trasladado piedra a piedra a otro lugar en su cola, donde no es tan frecuente ver llegar el agua. Algo así como lo que le sucedió al templo de Abu Simbel, en Egipto, con motivo de la construcción de la presa de Aswan. 


Puente de la carretera N-630 inaugurado en 1927. 
Detrás, el puente romano en su emplazamiento original


Arcos del puente romano y puente moderno detrás


Puente de Alconétar en su actual emplazamiento, con el agua bajo sus arcos. Foto Juan Gil. Postal y sello personalizado emitido por la Asociación Cultural Filatélica y Numismática Cacereña en 2014

Tienen mucho de romántico y poético estas historias de pueblos o lugares aislados o que quedaron cubiertos por las aguas. En Extremadura tenemos varios ejemplos de gran calado, como son los casos de la villa de Granadilla, abandonada ante la amenaza que supuso la construcción del pantano de Gabriel y Galán, pero hoy afortunadamente recuperada y en progresivo proceso de rehabilitación, e igualmente, Talavera la Vieja, sumergida en el embalse de Valdecañas y que también propició el traslado de antiguos restos romanos, como su elegante columnata. También en esa zona se encuentra el llamado Stonehenge español, el monumento megalítico "Dolmen de Guadalperal", que la sequía ha vuelto a hacer visitable. 


Columnata de Talavera la Vieja. Serie Roma-Hispania. Sobre matasellado en Bohonal de Ibor, el 24 de junio de 1982, primer día de circulación del sello

Regresando al vado de Alconétar, aunque la nostalgia y el romanticismo nos lleven a imaginar un descenso de la cota del embalse que permitiera siquiera intuir la posición de todas estas antiguas construcciones, ello no podría ser más que sinónimo de un escenario completamente indeseable, pues una bajada de tanta magnitud haría peligrar la obtención de energía eléctrica y supondría la suspensión del trasvase de agua del Almonte para el suministro de la ciudad de Cáceres, ya de por sí amenazado como consecuencia de la sequía que padecemos. 


Panorámica del embalse de Alcántara momentos antes de que quedaran definitivamente cubiertos los viejos puentes de la carretera y el ferrocarril (1970). Se observa a la derecha el montículo donde se encuentra la Torre de Floripes, lo que permite imaginar la cota tan enormemente baja que tendría que alcanzar el pantano para que los puentes pudieran emerger

BIBLIOGRAFÍA CITADA:

GARCÍA MORALES, Fernando: Ventanas a la ciudad. Servicio de publicaciones de la Cámara oficial de comercio e industria de Cáceres.1995.

MAESTRE, María Dolores: 12 viajes por Extremadura. En los libros de viajeros ingleses. 1760-1843. Patronato de Turismo y artesanía de la Diputación Provincial de Cáceres. 1990.

DOCUMENTACIÓN FOTOGRÁFICA:

Archivo de Jesús M. Gómez Flores. Cáceres 


domingo, 7 de agosto de 2022

Van Gogh en Ámsterdam: De la miseria a la inmortalidad

¿Cómo podía imaginar el pobre Vincent Van Gogh que su nombre y su trabajo pasarían a engrosar el patrimonio cultural de la humanidad y que por sus cuadros se pagarían sumas desorbitadas, que tendría un museo entero para dar testimonio permanente de su obra? Pues sí, todo eso y mucho más. En el barrio de los museos de Amsterdam, Museumplein, rebasada la galería interior del Rijksmuseum, entre los edificios que se alzan sobre la zona ajardinada se encuentra el que cobija la extraordinaria colección neerlandesa de obras de Vincent Van Gogh y de algunos contemporáneos suyos. El recorrido que se ofrece a los visitantes tiene por principio toda una amplia muestra de autorretratos que son reflejo de esa atormentada forma en que el pintor se veía a sí mismo y también al mundo circundante. Llama la atención la cantidad de obras fechadas en el año 1887, apenas tres antes de su muerte, un período de gran fecundidad creadora en el que Vincent habría tratado de dar salida, mediante la pintura, a los intensos conflictos que atenazaban su día a día. Decenas de poses y un mismo rostro, idéntico modelo pero distinta la manera de mirar, el tempo de sus ojos, turbulentos testigos de un presente a merced de múltiples sacudidas. El pintor blandiendo su pincel, mirando de frente, ofreciendo su mejor perfil, con más o menos luz, fumando su pipa. Incluso alguna imagen que parece remoto antecedente del pop art. 


Continúa el itinerario con sus pinturas sobre temas rurales, paisajes, gentes del campo, personajes cuyo anonimato importa poco, protagonistas de un cosmos melancólico, de mirada envejecida y esforzada, como la de los Comedores de patatas, de tono netamente expresionista. 

La relación de Vincent con sus contemporáneos y la influencia de estos es perceptible en otros de los cuadros, acertadamente hermanados con los de artistas como Gauguin o Toulouse Lautrec. La influencia de ambientes y culturas exóticas, especialmente las asiáticas, se advierte también en su paleta, acaso impregnada de aquellos vientos que habrían de cristalizar después a bordo de los cauces del Modernismo. Vincent participa del espíritu bohemio de su época, de su modus vivendi, propicio al desequilibrio y a los excesos, universo en el que convivirán heterogéneos creadores con destinos, sin embargo, muchas veces compartidos. Van Gogh, Gauguin, Toulouse Lautrec y luego Modigliani, por citar a algunos de ellos, almas descastadas, de labios teñidos de absenta, envueltos en un halo de miseria vital que contrasta con su santificación post mortem, su conversión en objetos de merchandaising, en iconos de una sociedad que en su tiempo no pudo o no quiso entenderles. 


Comparativa de obras, Van Gogh y Toulouse Lautrec. Imagen y técnicas similares. 


Mundo y vida bohemia: La habitación de Arlés


Interior del Museo Van Gogh de Ámsterdam














domingo, 31 de julio de 2022

Oscuridad y Luz. Enemigos íntimos. Reseña de "Poemas de una polilla" de Marisol Santiago

No es la primera vez que la colección "Baños del Carmen" de Ediciones Vitruvio me depara el descubrimiento de una voz poética intensa y conmovedora. Suele acertar el olfato de su editor, Pablo Méndez, en la selección de autores nuevos cuyos versos se incorporan a esta ya dilatada nómina de poetas.  Ha vuelto a ocurrir con la opera prima de la escritora Marisol Santiago, Poemas para una polilla, que hace el número ochocientos sesenta y ocho de la mentada colección vitruviana. Tras varias semanas aguardando su turno en los poblados estantes de mi biblioteca, me he sumergido de lleno en sus poemas, lectura sin prisas, versos de otoño para tardes caliginosas de estío, con banda sonora a la medida de Schubert. Para alguien como yo, cuya palabra vaga desubicada arrastrando reminiscencias decimonónicas, es fácil conectar con un discurso como el de Marisol, en el que lo oscuro, la noche, la herida de la ausencia y la promesa de la lluvia se erigen en escenario que derrocha sentimientos, confesiones, íntimo vómito que la poesía redime.

El libro se articula en torno a cuatro secciones de progresiva intensidad, donde el yo poético de la autora va elevando in crescendo el tono de su relato, desde el destierro interior de una voz ajena que protagoniza la primera parte, "Poemas para un monstruo", exorcismo que libera el cuerpo y la métrica, que cauteriza la carne astillada de la vida, hasta confundirse con la geografía más próxima, la que es tronco y rama, que santifica el presente con el vuelo de las mariposas cada mañana del futuro. Basta recordar los títulos de los poemas que se agrupan en aquella primera serie para intuir el espíritu atormentado de la autora: "Monstruos", "Cuervos", "Demonios nocturnos", "Funeral", etc., que recurre a elementos e imágenes cercanas al universo de lo gótico, cuya máxima expresión se encuentra en la tercera de las secciones del libro, "Poemas de una aparición enamorada" (reflexiones de un fantasma decimonónico), magníficos versos que componen un retablo de genuina estampa romántica, que evoca fotogramas becquerianos o esproncedianos, donde el amor se encarama más allá de la palidez del sepulcro. Tales fuerzas combaten entre sí a lo largo de todo el poemario, protagonizan un conflicto entre enemigos íntimos. Ejemplo de esta sucesión de antítesis lo vemos en el poema "Hades": "Me lanzas al vacío y me retornas. / Afonía y alarido, / eres destrucción y existencia", pero también en el revelador texto de "Polilla moribunda", en el que vida y muerte confunden su rostro, o el poema "Difuminada",  con la angustia del tabaco como protagonista, máxima expresión del ansia que es abismo, del destino que se sabe envenenado pero que a la vez es seductora pesadilla. Denominador común de estos "Poemas para una polilla", segunda sección del libro, es el vacío que deja el sentimiento dolorido, la belleza rota, la tormenta que azota el tejado y "dibuja una sombra de humedad / en mi techo y en mi alma".  

Con un lenguaje sencillo y directo, Marisol Santiago consigue en este primer poemario una intensidad que los lectores de poesía agradecerán sin duda, el aluvión de unos versos sinceros que vertebran sensaciones y desvelos que son universales pero que no es siempre fácil enhebrar con palabras. Es este un libro vibrante, cromáticamente otoñal, pero con una fuerte carga de vitalismo, de resiliencia. La vida es mucho más que recuerdos y princesas rotas, es un fluido que libera el germen de la esperanza, que se complace en la sonrisa limpia que cada día nos regala el alba. 




domingo, 24 de julio de 2022

Canales, molinos, mariposas...y un poeta

Apenas había leído unos pocos poemas de Cees Nooteboom antes de viajar a los Países Bajos. En la edición de su antología Luz por todas partes, publicada por Visor, Fernando García de la Banda, autor del prólogo, llama la atención acerca de las dificultades que conlleva la traducción de la poesía neerlandesa al castellano, especialmente por cuestiones fonéticas, acentuales y la gran distancia entre las tradiciones literarias y culturales. Esas diferencias no son sino el reflejo del tajo que separa la forma de interpretar el mundo y la vida de las sociedades española y holandesa, algo que resulta netamente perceptible a pie de calle y que también tendrá su traslación al campo del idioma y a las formas de la escritura. 


Lo primero que sorprende es la divergencia cromática, la reacción de los sentidos al alto grado de humedad, la relajación que se detecta en el aire, en los rostros, en el modo de caminar de los lugareños. Observar el paisaje ibérico desde la ventanilla de un avión nos revela un espectro de tonos ocres, puzzle tallado a base de cuadros marrones muy ocasionalmente salpicados de algún oasis verde o azul. Sobrevolando los Países Bajos, estos dos últimos colores reinan sobre el resto, y el cuadriculado se estructura mediante una encrucijada de canales, anillos de agua que envuelven lenguas de superficie verde, edificios que se erigen cual palafitos en terrenos hurtados al dominio de las mareas.  En Ámsterdam, la humedad del ambiente es parte de la idiosincrasia de sus paisajes, el río que serpentea bajo nuestras huellas y traza itinerarios líquidos que ensamblan sentimientos e inquietudes recuerda que pisamos sobre seguro, que la furia de las corrientes no podrá alcanzarnos, contenida a merced de robustos diques. Ámsterdam, ciudad cuyo nombre está escrito en agua, habitada por gentes de agua, hacedores de tierra, en palabras de Nooteboom. Ámsterdam, dique sobre el Amstel, espacio abierto a la embriaguez de mil aromas, donde la noche se viste de coloradas telas de araña. 


Al norte, y al sur, las ruedas dentadas del agua vertebran los espacios urbanos, componen imágenes que son trasunto de escenarios poéticos, instantáneas en las que se confabulan la cotidianidad del trabajo y la necesidad de liberarse del lastre de la rutina. En modo panorámico, diviso la horizontalidad de las construcciones, pero también cómo parecen sostenidas por un hilo invisible desde arriba, estirando su estatura. Más allá, las aspas de un molino con varios siglos a sus espaldas parecen querer decir, en su lengua vernácula, que continuarán resistiendo, inmunes al empuje del tiempo. 


Paisaje en Volendam 

Con Nooteboom llegamos hasta La Haya, su ciudad natal: "No hay viento, ni movimiento, reina aquí una ley / de lentitud punitiva..." Como en la festividad del Tanabata, un árbol de bambú da la bienvenida a los visitantes del Palacio de la Paz, con sus tiras de papel o tanzaku, frondosa carga de deseos colgando de sus ramas. No lejos, la llama de la Paz invita a la reflexión en un mundo donde el rencor y la violencia campan a sus anchas. Acaso M.C. Escher ya anticipara con su pintura analítica el laberinto que hoy nos rodea y en el que una y otra vez nos dejamos atrapar. 




Palacio de la Paz (La Haya)

El urbanismo neerlandés recuerda vagamente las construcciones georgianas de Gran Bretaña e Irlanda. Con la importante diferencia que supone la anchura de los edificios, todo un teorema que hace concebir la vida como un reto hacia adentro y hacia arriba. Se trata de aprovechar al máximo el terreno útil, de diseñar ecosistemas aptos para el ser humano y la levedad de las mariposas. Se pregunta Nooteboom "¿Echo de menos Ámsterdam cuando, como ahora, estoy lejos?". Su respuesta es negativa. El poeta vive alimentándose de libros, no de lugares, libros como los que duermen en los anaqueles del Rijksmuseum, con su biblioteca al estilo del Trinity College: "No, la nostalgia es otra cosa, toma la forma de libros". Son las palabras las que quedan impresas sobre la piel, el vaho que desprenden los canales a media tarde. De vuelta, en el territorio mediterráneo, sobreviven las imágenes, los olores, la música, a bordo de los versos, sedimentos que la memoria almacena con la precisión de un Vermeer.


Mariposas en el "Hortus Botanicus" de Ámsterdam


Biblioteca del Rijksmuseum


La lechera, de Vermeer, en el Rijksmuseum