domingo, 18 de diciembre de 2016

De Dylan a Elizabeth Bishop. Una mirada norteamericana.

Todavía conservo en los oídos la melodía y las letras de Bob Dylan que apenas hace una semana inundaban la Librería-Café Psicopompo, de Cáceres, en auténtica explosión de fraternidad musical y poética con la excusa de celebrar, a nuestra manera, la entrega (¡) en Suecia del Premio Nobel de Literatura y los olvidos de Patti Smith, que no fueron los de José A. Secas, que se ocupara de leer el mismo poema, el larguísimo "A hard rain's a gonna fall" lleno de continuas referencias apocalípticas. Brillaron las guitarras y las voces, el arte del recitado y la interpretación a cargo de consumados especialistas como Vicente Rodríguez o Alonso Torres, pero en general, el acto fue todo un éxito y una gran parte de ello corresponde al inefable Jaime Naranjo, quien supo coordinar a participantes tan dispares pero igualmente comprometidos en hacernos pasar una inolvidable velada en torno a las letras y los acordes de Robert Zimmerman, con la inestimable colaboración de virtuosos como Mario Osuna, capaz de deletrear con su guitarra cualquier estilo, cualquier propuesta musical para acompañar los no siempre fáciles textos del galardonado poeta y cantautor estadounidense. 


Jaime Naranjo (derecha) y Mario Osuna (izquierda), durante la velada homenaje a Bob Dylan en Librería Café Psicopompo, el pasado 10 de diciembre (Fotografía procedente del Facebook de la propia librería)

No es la primera vez que me ocupo en este blog de Bob Dylan y su controvertido Premio Nobel de Literatura 2016.  Ahora lo hago desde las páginas de un libro, el que acaba de editar Malpaso, y que contiene sus letras completas (1962-2012), en versión bilingüe (Traducción de Miquel Izquierdo, José Moreno y Bernardo Domínguez Reyes), con notas de Alessandro Carrera y Diego Manrique, prologado por el propio Diego Manrique. Un libro sin duda de los que no pasan inadvertidos en cualquier biblioteca, tanto por su impactante volumen, como por el colorido de sus cubiertas (entre las varias opciones, escogí el amarillo, sea por eso de la superstición, por la "¡mucha mierda!" que Dylan ha ido acaparando hasta conseguir el Nobel). Una primera impresión del contenido no deja tampoco indiferente al lector. Aquí no hay música, solo palabras, muchos versos, y desde luego, después de leer unos cuantos, en cualquier lugar de sus casi mil trescientas páginas, la impresión que se obtiene es la de que, olvidándonos de que estamos ante letras de canciones, el poeta y su mensaje se desbordan, dejando patente la enorme capacidad de un creador que ha sabido imponer su peculiar forma de contemplar el mundo, con sus repetidas obsesiones (muchas de ellas acerca de temas existenciales, religiosos o políticos), desterrando formalidades y convencionalismos. Porque desde luego, no es Dylan un poeta al uso, en él convergen múltiples elementos de la tradición americana, no solo la del folk o el blues, bebe también de autores como Faulkner y asume contextualidad y formas expresivas propias de la Beat Generation, pero sin renunciar a una identidad propia que le convierten en un creador prolífico y polémico, siempre "llamando a las puertas del cielo"


El contrapunto de Dylan en mi biblioteca lo será esta vez una mujer, o mejor dicho, dos, porque después de hacer parada en la literatura americana, al saltar virtualmente el charco me encuentro con el magnífico "Ficciones para una autobiografía", de Ángeles Mora, editado por Bartleby Ediciones, autora que fue Premio Nacional de la Crítica en 2015 y que acaba de obtener el Premio Nacional de Poesía en 2016. 


Pero volviendo a los Estados Unidos, es ahora la escritora Elizabeth Bishop la que concentra mi atención al poder contar con el primer volumen de sus obras completas, enteramente dedicado a su poesía, que acaba de publicar Vaso Roto en su colección "Esenciales", en edición bilingüe y traducción de Jeannete L. Clariond. Me han sorprendido los versos de esta mujer, directos, muy personales, con una temática esencialmente centrada en la dimensión de la existencia y la posición del ser humano en este mundo que le rodea, lleno de preguntas. Otra vez, un libro voluminoso para mis anaqueles, de esos que no se leen ni mucho menos de un tirón, pero que se consultan con frecuencia, que llaman a ser abiertos por cualquier página. Es la poesía de la cotidianidad, de las cosas cercanas, del sentimiento y la conciencia. Muy interesante la reproducción, después de sus obras publicadas, de sus manuscritos inéditos, ilustrados con la imagen de las propias y a veces arrugadas hojas de papel donde la autora plasmó sus ideas, con sus enmiendas y tachaduras,  de su puño y letra, o haciendo uso de una vieja máquina de escribir. Sin duda, una forma de aproximar al lector al peculiar microcosmos de la escritora. 


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