sábado, 13 de junio de 2020

A modo de despedida

Después de tan larga travesía del desierto, cualquiera necesita prescindir del contacto de las masas, sacudirse la arena acumulada en los zapatos, disfrutar cada nueva bocanada de aire. Uno necesita reescribir la libertad desde otras perspectivas, desnudarse de aquellas ataduras que han venido condicionando la cotidianidad de estos últimos años, saturados de fértiles empresas, pero también de ácidas experiencias y reincidentes frustraciones. La poesía debe terminar su ciclo y dar paso al terapéutico silencio de las palabras, al reposo lejos del bullicio, a la salvífica soledad de la buhardilla y sus infinitos itinerarios de lectura. Al otro lado del cristal, aunque la vista no sea la de Manhattan ni tampoco las tranquilas aguas del Lago Lemán. "El frenesí de la gloria es efímero", se dijeron Greta Garbo o Audrey Hepburn, e hicieron las maletas. "No entraba en sus planes seguir vistiendo lentejuelas ni levantarse con el alba para hacer ejercicios de dicción frente al espejo". Ahora toca buscar una nueva realidad, más allá de los focos, desasirse del incómodo lastre de las páginas impresas, abandonar a su suerte esos versos caducos que nadie se interesó en publicar.  Mientras, "hay una aguja punteando los surcos del vinilo y se escucha un tema de los años cincuenta del pasado siglo. El oficio del lenguaje es árido y esquivo, el swing tenaz, con su partitura inflamada de susurros"




De la banda sonora de "Joker", "The moon is a silver dollar". 
Laurence Welk and his orchestra

Los textos en cursiva proceden de los libros "El tacto de lo efímero" (Vitruvio 2016) y "Las erratas de la existencia" (inédito). 


sábado, 30 de mayo de 2020

Recuerdo y Homenaje a Juan José Gómez Rico con motivo del centenario de su nacimiento

El pasado jueves, 27 de mayo de 2020, mi padre hubiera cumplido cien años. Como en 1920, vivimos en época de pandemia, y tal circunstancia ha impedido que pudiera celebrar esa efemérides como realmente pretendía, mediante una conferencia pública en la que hubiera tratado de situar al personaje en el entorno de la ciudad y del tiempo en que se desarrolló su trayectoria vital, una trayectoria intensa, muy vinculada sin duda a ese pequeño microcosmos provinciano de cuya intrahistoria formó parte. 

Juan José Gómez Rico (1920-2007), en fotografía realizada hacia 1945.

Porque ciertamente, Cáceres, en aquel lejano comienzo de la década de los veinte del anterior siglo, era una población muy diferente a la que es ahora, e incluso los edificios testigos de su pasado monumental latían camuflados o escondidos en medio de un rosario de pequeñas construcciones, la mayor parte de las veces antiestéticas o de muy escaso valor. Desde la Plaza Mayor, con su suelo de tierra y su bandeja central,  se accedía al Arco de la Estrella tras atravesar una especie de callejón formado por la superposición de casas y edificaciones varias que a su vez conformaban un artificial arco que se conoció como "Del Corregidor", y que prácticamente emparedaban la esbelta silueta de la Torre de los Púlpitos. Seguro que fueron muchas las veces que mi padre, un niño entonces, tuvo que pasar por allí, y cruzarse con las aguadoras que, portando cántaros sobre sus cabezas, efectuaban su camino hacia la Fuente del Concejo. 


Cáceres en la década de los años veinte. Tránsito de aguadoras bajo el Arco de la Estrella. A la derecha, antiguo "Arco del Corregidor", que formaban las construcciones que ocultaban la Torre de los Púlpitos. 

Vinieron luego los años difíciles de la guerra, de la represión y de la escasez. Era muy joven Juan José Gómez cuando inició su recorrido profesional como funcionario de Correos, actividad que marcaría toda su vida y que haría surgir en él una verdadera devoción por el mundo de la comunicación postal y sobre todo, del sello, fiel compañero que nunca le abandonaría. Los años cuarenta fueron tiempos difíciles, de cartillas de racionamiento y censura de la correspondencia. 


Cartilla de Racionamiento utilizada por Juan José Gómez Rico para reserva de cereales en el primer semestre de 1952, en Cáceres. Las cartillas contenían cupones que se canjeaban por los alimentos correspondientes, en este caso, arroz y otros cereales varios, distribuidos por semanas. 


Carta de Cáceres para Sevilla. Franqueo Pro-Tuberculosos 10 céntimos y sello de Isabel la Católica, de 40 céntimos. Censura Militar de Cáceres en Color violeta. Marca patriótica con efigie de Franco en rojo. Matasellos de Cáceres, 27 de diciembre de 1937, en plena contienda civil 

En septiembre de 1941, Juan José Gómez fue nombrado cartero urbano de segunda clase, pasando a prestar servicio en Arroyo de la Luz (Cáceres). Ascenderá después, en 1943 a cartero urbano de primera clase, y tras superar las correspondientes oposiciones, se le nombrará Auxiliar de segunda clase del Cuerpo Auxiliar Mixto de Correos, en ese mismo año, siendo destinado a la estafeta de Llerena (Badajoz). Al superar unas nuevas oposiciones, en agosto de 1948 se le destina, como Oficial de 1ª Clase del Cuerpo Técnico de Correos, a la Administración Principal de Cáceres, y en agosto de 1951 es nombrado por acuerdo ministerial Jefe de Cartería. Continuará ascendiendo en sucesivos años hasta ser designado Interventor de Servicios Bancarios, en junio de 1967, cargo en el que permanecerá hasta que en junio de 1980 se le nombra Jefe de Administración Económica de la Subdelegación Provincial de Comunicaciones, puesto que ocupará hasta su jubilación, el 27 de mayo de 1986.   


Título por el que se nombra cartero urbano de primera clase a Juan José Gómez Rico, el 31 de mayo de 1943. 


Cartería en el edificio de Correos de la Calle Donoso Cortés. Juan José Gómez (sin uniforme), tercero por la derecha, ya era Jefe de la Unidad (hacia 1952). 

En Cáceres, estuvo Correos en la Plaza de la Concepción, en el edificio donde luego se instalaría el Club Taurino y que hoy es un establecimiento de hostelería. Luego pasaría a la calle Donoso Cortés, donde permaneció hasta su traslado al moderno Edificio Múltiple. Recuerdo haber visitado muchas veces aquel casón, actualmente ocupado por dependencias de la Junta de Extremadura. Tenía un olor especial, a sacas de cartas, a lacre, a goma arábiga, pasillos y rincones donde era muy fácil perderse, siempre con el sonido de fondo de las viejas Olivetti y, sobre las mesas, el imprescindible papel carbón. Me viene a la memoria la fisonomía del patio, que aún se conserva, las ventanillas a las que acudían los ciudadanos para efectuar sus gestiones. También los compañeros de mi padre, a quienes conocí a finales de los sesenta.


Tarjeta/Factura de la antigua "Farmacia de la Concepción" en la que se aprecia la ubicación de la primitiva oficina de Correos de Cáceres (ver detalle balcón con mástil para bandera), en la Plaza de la Concepción. Fotografía de la década de 1930. 


Fotografía grupal de los funcionarios de Correos de Cáceres en el patio del edificio de la calle Donoso Cortés, hacia finales de los años cincuenta del pasado siglo. En segunda fila, agachado, primero a la izquierda, Juan José Gómez Rico. 

Precisamente en estos años, inaugurada ya la siguiente década, participa Juan José Gómez en las iniciativas para reflotar la afición filatélica en Cáceres. Eran muchos por entonces los entusiastas del sello, en gran parte congregados en torno al "Grupo Filatélico de Educación y Descanso", vinculado a los antiguos sindicatos verticales. En 1977 y 1978, y junto a otros destacados filatelistas de la ciudad contribuirían a dar cuerpo legal a la Asociación Filatélica y Numismática Cacereña, que luego añadiría el adjetivo de Cultural y que todavía hoy continúa manteniendo una intensa actividad y presencia. 


Noticia publicada en el Diario HOY en noviembre de 1989, para promocionar las actividades culturales de la Asociación y la difusión del patrimonio de Cáceres a través de los sellos. 

En 2017, cuando se cumplían diez años de su fallecimiento, ocurrido el 15 de enero de 2007, la Asociación emitió un sello personalizado dedicado a la memoria de quien fuera su Presidente entre 1986 y 2001. Con ello quería rendírsele homenaje a él y a quienes debemos gran parte de la visibilidad que hoy tiene en nuestra ciudad el mundo del coleccionismo, especialmente en torno al servicio postal, merced a las numerosas exposiciones y muestras organizadas durante aquellos años y que luego han continuado celebrándose. Ya en febrero de 2002, y con motivo de la XIV Exposición Filatélica, "Extremadura en la Historia Postal", se le nombró junto a otros históricos de la Asociación como Félix Polo Merino y José Sández, ambos también fallecidos, Socio de Honor de la entidad. En mayo de 2009 se le otorgó, a título póstumo, la Medalla al Mérito Filatélico concedida por la Federación Filatélica Extremeña.


Nombramiento de socios de honor a los directivos históricos de la Asociación, en febrero de 2002, con motivo de la XIV Exposición Filatélica "Extremadura en la Historia Postal"



Tarjeta postal y sello emitidos en 2017 con motivo del X aniversario del fallecimiento de Juan José Gómez Rico, Presidente de la Asociación Cultural Filatélica y Numismática Cacereña en el período de 1986 a 2001. 

A través de diferentes ámbitos, se implicó Juan José Gómez en la investigación y difusión de los valores, del patrimonio, de la cultura, en definitiva, de Extremadura, no solo en virtud del coleccionismo de sellos, tarjetas postales y demás material relacionado con las dos provincias de la Comunidad Autónoma, dando a conocer al gran público los lugares, los personajes, los hechos históricos relacionados con ella que aparecían en los efectos postales, sino también mediante su participación en otros colectivos ciudadanos, como las Cofradías, a las que estuvo siempre unido y que también supieron reconocerle su entrega y dedicación. Coincidió durante los años más activos de su vida, y luego, tras su jubilación, con multitud de personas que, como él, ya forman parte de la historia de nuestra ciudad. Han pasado cien años. Cáceres es ahora bien distinta a la que les vio nacer y en ello todos han pusieron su pequeño granito de arena. Sirva este homenaje para reconocer su aportación y mantener viva su memoria. 
















domingo, 3 de mayo de 2020

HAIKUS DE MAYO






HAIKUS DE MAYO

Mayo con su luz,
pero triste y con duelo.
Vida en las calles. 

Sigue latiendo
el corazón del monstruo.
Ruge en silencio. 

Tórtolas turcas,
urracas revoltosas,
cigüeñas blancas. 

Incertidumbre,
vuelan bajo los tordos
sobre los humedales. 



viernes, 1 de mayo de 2020

La nueva normalidad

Qué sea la "nueva normalidad" parece ser el reto que esta sociedad tiene ahora por delante. Si es "nueva" debe ser porque la que conocíamos ha saltado por los aires, se ha visto sobrepasada por los acontecimientos y el sangrante martillo de las estadísticas. Este año distinto a todo hizo añicos la rutina, abolió el bullicio en las ciudades, edificó una distopía inspirada en hechos reales, con el murmullo de fondo de miles de nombres amputados y el hervor del asfalto huérfano, tiritando. 


Poner otra vez el contador a cero. Inundarnos de eufemismos. Inventar un nuevo lenguaje. Aprendemos palabras que no figuraban en el diccionario, que buscan adaptar la realidad a esa transición que vivimos, poblada de incertidumbres. "Desescalada", "recalendarizar""desconfinamiento", "mamparizar"... ¿qué está sucediendo? Estamos rodeados de palabras vencidas, incapaces de seguir respirando, de noticias que cuesta digerir.  Canceladas las citas en las agendas, se impone acostumbrarse a una cotidianidad bien distinta, con la frialdad de la sospecha, desconfiar de los abrazos, en un escenario de semáforos en rojo. 


Aplazarlo todo. Posponer la libertad para cuando las aguas hayan vuelto a su cauce. Serán necesarios meses con más días, días con más horas, flujos de aire limpios de amenazas invisibles. Solo así podrán celebrarse los actos, los eventos que han debido quedar aparcados. Casi sin tregua, sin resuello. La "nueva normalidad" vendrá cargada de urgencias, de búsquedas, de voces que han visto perder su equilibrio, de labios que no pudieron despedirse de otros labios, de manos agotadas que esperan la energía de otras para recobrar su fuerza.  

Entretanto, en el silencio, asoma la hierba entre las grietas del pavimento y los animales transitan por las aceras adormecidas. 











sábado, 25 de abril de 2020

Perspectiva de género en Virginia Woolf

Acabo de leer "Un cuarto propio" de Virginia Woolf. El texto, escrito en el primer tercio del siglo XX, es un exponente de lo que hoy se conoce como "perspectiva de género", por cuanto sus reflexiones sobre la condición de la mujer y la problemática de las diferencias entre los sexos se adelantan a la interpretación que posteriormente ha ido consagrándose y que propugna la necesidad de superar las diferencias y desigualdades sociales entre hombres y mujeres, para reconocer que una cosa es la diferencia puramente biológica y otra son las ideas, convenciones sociales, elementos culturales que se han construido a lo largo del tiempo sobre la base de tales connotaciones sexuales diversas. El planteamiento de Virginia Woolf, a la búsqueda de material para elaborar un ensayo acerca de "Las mujeres y la novela", examina cuál ha sido la posición de la mujer desde la perspectiva de la creación literaria tomando como punto de partida sus referentes masculinos, así como la incidencia y evolución de la sociedad y de los pensadores, escritores, políticos, ¡todos hombres! El feminismo de Virginia Woolf surge como fruto de la indignación ante el tratamiento secular que hacia la mujer se ha venido dispensando, creando estereotipos que a la postre terminaron por cercenar su libertad, su capacidad de desarrollo intelectual y  de creación, al instaurar toda una serie de condicionantes culturales y sociales que en definitiva solo contribuían a su silencio y a su sumisión, haciendo del elemento sexo un muro las más de las veces infranqueable. Pero, con el trasfondo de la literatura y el largo camino de la mujer para vencer "las influencias de la sala común", el planteamiento de Virginia Woolf, no exento de crítica, anticipa las actuales interpretaciones que exceden de la diferencia entre los sexos y procuran una concepción integradora: "toda la mente debe estar abierta de par en par", y así, "es fatal para el que escribe pensar en su sexo". Resultará así absurdo e innecesariamente tendente a encasillar de principio la creación hablar de literatura de hombres o mujeres, o concebida por y para unos y otras. La superación de cuantos escollos han alimentado durante siglos la desigualdad y han contribuido a la preeminencia de un sexo sobre el otro generando formas de pensar y modos de actuar que en muchas ocasiones terminarán desembocando en actitudes de coacción y violencia, parte precisamente de ese reconocimiento de la realidad social igualitaria de ambos, algo que Virginia Woolf desde la literatura ya trazaba magistralmente a finales de los años veinte, cuando se escribió "Un cuarto propio", y en unos momentos en que comenzaban a proliferar movimientos e ideas que auguraban precisamente todo lo contrario.  Asumir hoy su pensamiento es reafirmar cuál debe ser el camino por el que ha de conducirse la sociedad y ayudará a vencer atávicos escenarios de conflicto.  


martes, 21 de abril de 2020

Baja la Virgen de la Montaña: Recuerdos familiares

Completo hoy las crónicas familiares que iniciara la pasada Semana Santa con el relato de los vínculos que tanto por vía paterna como materna me unen a la Cofradía de la Virgen de la Montaña, Patrona de Cáceres, y cuanto de ello se deriva. Dicen que uno es lo que ha aprendido, lo que ha vivido y experimentado en su entorno más cercano e íntimo. Cierto es que la vida se conduce por caminos que no pocas veces distorsionan esa experiencia inicial, que es frecuente que los avatares del itinerario hacia la madurez supongan dejar a un lado costumbres, ritos, personas y hasta ciudades. Lo que ayer marcó nuestra cotidianidad, hoy puede ser tan solo un recuerdo borroso o un conjunto de arrugadas fotografías con rostros y lugares quizá no reconocibles.  Pero no ha sido esto último lo ocurrido, al menos conmigo, y buen ejemplo de ello es precisamente la subsistencia de aquellos lazos que quienes nos precedieron habían establecido con una ciudad y unas tradiciones que luego generaciones posteriores hemos llegado a interiorizar y de este modo, pasar a formar parte de ellas, sin perjuicio de los vaivenes y turbulencias con que el paso del tiempo ha ido modelando la sociedad y su forma de interpretar la vida. 

Llevo asistiendo a la bajada de la Patrona desde aquellos años de colegio en que tenía que pedir permiso para salir esa tarde un poco antes de clase para poder acompañar a mi madre hasta la Montaña. Allí esperaba ya mi padre, bajo el arco de entrada a la galería de la ermita, apenas iniciado unos metros el peregrinaje de la Virgen. Aún recuerdo el cariño de ilustres hermanos, ya desaparecidos, que compartían con él el oficio de disciplinar el cortejo hasta su jubilosa recepción en Santa María, bajo un Arco de la Estrella ya adormecido, sobresaltado de súbito por el estertor de los tambores. Años y años, crecer y crecer, y hacerlo hasta poder acomodar el hombro bajo los varales de esa imagen pequeñita, de rostro generoso y aniñado, talla que, para quienes así lo creemos, trasciende más allá de la madera de que está hecha, encarnando la promesa y la esperanza de que, quienes antes cargaron con ella, nos acompañan todavía, Montaña abajo, presentes siempre, en el proceloso océano de la fe. 


Bajada de la Virgen de la Montaña en 1973. Aún sin el hábito de la Cofradía, pero ya portando la medalla, escoltan a uno sus padres, Cecilia Flores y Juan José Gómez Rico. 

Históricos cofrades en la bajada de la Virgen. De izquierda a derecha, Fausto Picapiedra, Juan José Gómez y Ruperto Flores Rico, entonces directivo (hacia 1973). 

Es dos mil veinte y hoy no se abrirán las puertas del Santuario para celebrar el tránsito de la Patrona hasta las entrañas de Cáceres. No habrá muchedumbres que la sigan a lo largo de su recorrido ni Felisa pondrá a prueba el vigor de su garganta para proclamar el cariño a la "cacereña bonita" mientras capitanea el coro de los fieles que como una piña la secundan, aguardando el privilegiado momento de portarla, siquiera unos minutos. No celebrará la Calle de Caleros su cincuentenario como Hermana de Honor de la Real Cofradía recibiendo una vez más a la Patrona. Deberá aguardar todo hasta que las circunstancias sean verdaderamente favorables y permitan con seguridad que el torrente de almas que la acompaña pueda hacerlo sin temor a la dentellada de este virus que nos ha cambiado el mundo.
Entretanto, uno recuerda sus horas en compañía de la Virgen,  con el apoyo y cariño de sus hermanos. Los que lo fueron desde la familia, los que se convirtieron en familia en la solidaridad de la carga, celebrando reencontrarse año tras año. En mi caso, estos días vienen repletos de recuerdos de momentos que constituyeron un honor y que aún duelen, por quienes no pudieron disfrutarlos. Hace unos días, el 18 de abril, se cumplían doce años del Pregón que tuve la oportunidad de pronunciar, aún tibio el dolor por la pérdida de mi padre, el que fuera Jefe del Turno Cuarto, y con su medalla pendiente del atril. Y muchos años más atrás (1974), en el cincuentenario de la Coronación Canónica, los Juegos Florales que conocieron mi primera alegría literaria. 


Saludo a la Reina de los Juegos Florales del Cincuentenario de la Coronación Canónica de la Virgen de la Montaña (1974), en acto celebrado en el Gran Teatro de Cáceres


Pregón del Novenario. 18 de abril de 2008. Sala Clavellinas. 

Juan José Gómez Rico, Ruperto Flores Rico, unos y otros, fieles a la Patrona, que nos enseñaron a venerarla, y en definitiva, a valorar la ciudad que nos vio nacer. Ellos ya hace tiempo que partieron, para contemplar desde otras latitudes cómo este mundo ha continuado remando a viento y marea, cómo la realidad que fue la suya es hoy bien distinta. Nuestro mejor tributo ahora es impedir que el olvido haga suya su memoria. Cambian las gentes, los hermanos de carga, la forma de celebrar todo aquello que significa la Virgen. Mas nunca podremos prescindir de quienes nos hicieron como somos, aquellos que seguro lamentarán también hoy que las puertas de la ermita permanezcan cerradas. 

Histórica fotografía correspondiente al 25 aniversario de la Coronación Canónica de la Virgen de la Montaña (1949), en la que se aprecia, en primer término, a los cofrades Sixto Fernández Borrella y Ruperto Flores Rico. El primero sería luego, años más tarde, Hermano Mayor de la Real Cofradía. Foto procedente de mi archivo, cedida por Manuela Flores, hija de Ruperto y prima del que que escribe. 


Fotografía de Juan Guerrero. 1992. La procesión de subida, con el Turno Cuarto, dirigido por Juan José Gómez (izquierda), bajo la supervisión del Hermano Mayor Sixto Fernández Borrella. 













viernes, 17 de abril de 2020

Lecturas para liberar el desasosiego

Es difícil escribir algo en estos días que no tenga que ver con el coronavirus. Desde que la epidemia se instaló entre nosotros, nuestra libertad ha quedado cercenada por efecto del miedo al contagio, por el impacto de las constantes noticias que anuncian cifras de víctimas y afectados. Hablar del "pico de la curva" se ha convertido en algo cotidiano, y en puridad, ni los responsables políticos ni los gurús de la comunidad científica se ponen de acuerdo acerca de cuándo y cómo podremos volver a interactuar con garantías. Desde el retiro forzoso que esta situación ha impuesto, y a través de la ventana que la tecnología ofrece, observo las distintas iniciativas que personas y colectivos han emprendido para dulcificar la candente realidad de la pandemia. Tienen el reconocimiento de quien, como ya dijera en una entrada anterior, prefiere mantener el silencio y la resignada contemplación de los días que van transcurriendo, cautivos del desasosiego.  Como diría Pessoa: "Hace dos días que no para de llover y que cae del cielo ceniciento y frío una lluvia de un color tal que aflige el alma"


Solo la lectura cauteriza las heridas y el embrión de cada nuevo poema huele a anestésico. Cada pérdida es una carga de profundidad que estalla entre las sienes. El miedo late enquistado en los alveolos. Vuelvo a Pessoa: "Siento el tiempo con un dolor enorme"La estética se resquebraja ante la crueldad del frío, los colores se difuminan. Aguardo en mi propio cuarto, a la manera de Virginia Woolf, interrogándome, releyendo a Emily Brontë, que vaga desorientada en medio del páramo: "Why is the sun's last ray so cold". Los poetas de hoy no han conocido la miseria, acaso sí la indiferencia. 


En para "Después del terremoto", Murakami rescata en sus relatos  el surrealismo ante la magnitud del sufrimiento humano, en este caso, a consecuencia de un terrible seísmo en tierras japonesas. No muy lejos surgió el coronavirus que ahora condiciona el argumentario del lenguaje. Oriente se ha infiltrado en nuestras vidas y hoy, todos somos hikikomoris, rehenes entre las cuatro paredes de nuestro cuarto, comunicados con el exterior a través de la red y a expensas de una decisión que mitigue la arritmia que nos ahoga. Escucho "The moon is a silver dollar", de Lawrence Welk. La vida es una novela, mezcla de emoción e incertidumbre, laberinto y suspense. 


Dichos ingredientes están presentes en la narrativa de uno de los últimos fallecidos por COVID 19, el chileno Luis Sepúlveda, al que tuve la oportunidad de conocer en noviembre de 2009 con ocasión del X Congreso de la Asociación de Escritores Extremeños que se celebró en Cáceres. Junto a sus títulos "Un viejo que leía novelas de amor" o "Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar", Sepúlveda cultivó el género de la novela policíaca, con obras como "Diario de un killer sentimental" o "Yacaré", ambas reunidas por Tusquets Editores en el volumen que entonces me pudo firmar y que conservo con especial cariño, reproduciendo a continuación esa dedicatoria en su homenaje. 



De esperanza nos hablan los siguientes versos de Gerardo Diego, pertenecientes a su libro "Cementerio Civil". A su poesía me encomiendo ahora, cuando la tarde se encamina hacia la oscuridad, cubriéndose de nubes.

"Siempre habrá algo tras la muerte.
La vida sigue lisa, unida,
y aun sin contar con otra vida
la vida en la vida revierte".