sábado, 13 de octubre de 2018

Un otoño lleno de libros

El nuevo curso literario ha empezado con fuerza. En las aulas, en cualquier rincón donde haya un micrófono y alguien dispuesto a leer un texto, en las librerías, y sobre todo, en la compañía de un buen libro. Desconectado de las redes sociales, no hay mejor aliado que la escritura. Es comprensible entonces que las estanterías de mi biblioteca terminen diciendo ¡basta!, exasperadas del desorden de volúmenes y volúmenes apilados sin control. Mi paso por Madrid, a finales de septiembre, sirvió, una vez más, para que en el tren de vuelta  -a Dios gracias, que llegó sin incidencias, si exceptuamos el retraso- la maleta debiera ubicarse en los compartimentos situados a la entrada del vagón. Que había cogido unos kilos de más era evidente, los suficientes para que no fuera posible volver a colocarla sobre los asientos, como en el viaje de ida. Repleta de libros, con apenas espacio para la ropa y otros enseres, respiró aliviada cuando, ya en casa, pudo librarse de sus ataduras, desperezándose a gusto. Así, aprovechando la parsimonia del sufrido tren extremeño, desfilaron ante mis ojos los Recuerdos durmientes de Patrick Modiano, la más reciente obra del Premio Nobel francés, que como en anteriores entregas, vuelve a convertir París en un personaje más, tablero en el que situar sus piezas de ajedrez. Tras un verano de coqueteos con la filosofía, en el que la relectura de Kafka ocupó un lugar destacado, no sorprenderá haber tenido compañeros de viaje del tenor de Sartre, Camus y Houellebecq. Bien distintos, a años luz de distancia respecto de su temática y propuestas formales, me gustaron los últimos poemarios de Luis Alberto de Cuenca (Bloc de otoño) y Juan Carlos Mestre (Museo de la clase obrera), este último -confieso- aún inacabado y cuyos textos, difícilmente calificables, me sugieren reminiscencias de Saint-John Perse y su Anábasis. Entre uno y otro libro, y persistiendo en esa atmósfera proclive a la búsqueda, a la reflexión, los Aforismos del no mundo de Juan E. Cirlot, que ha publicado Renacimiento en una estupenda edición de Antonio Rivero Taravillo,  han viajado conmigo y me han hecho pensar, algo tan necesario en estos días de desarreglos hormonales, tan cercana la tentación del vacío y la caída libre. 



También en Madrid se estaba celebrando la Feria del Libro Antiguo, con sus casetas instaladas en el Paseo de Recoletos. Difícil pasar por allí sin hurgar en las cajas y los anaqueles de los libreros. Inevitable sucumbir al olor del papel envejecido, al tacto de las cubiertas arrugadas, al escalofrío de tener entre las manos la primera edición de alguna de las obras de tus autores de cabecera. No me defraudaron los hallazgos: Neruda, Gloria Fuertes, Pío Baroja, Luis Cernuda, Juan Ramón Jiménez...


De vuelta, el otoño literario se ha apoderado de lo cotidiano. El poeta Basilio Sánchez llena a rebosar uno de los salones más grandes de mi ciudad para presentar su nuevo libro de poemas, Esperando las noticias del agua, recientemente publicado por Pre-Textos. Solo se habló poesía, de la que no deja lugar a dudas. De ello se encargaron también Álvaro Valverde y Miguel Ángel Lama, que acompañaron al autor. Coincidía la llegada a librerías del último título del poeta placentino, El cuarto del siroco, editado por Tusquets. 


Casi al mismo tiempo, mi amigo Hilario Jiménez me brinda el regalo de su amistad a través de las páginas de sus dos últimos libros, el que ha publicado con la editorial Sial, estudiando y recopilando los poemas de Diván del Tamarit y Sonetos del amor oscuro, de Federico García Lorca, y el de creación propia, en hermosísima edición de El Sastre de Apollinaire, Para que la vida ocurra. 


Precisamente con Hilario y con el hispanista italiano Gabriele Morelli disfrutábamos de una extraordinaria velada este pasado miércoles, con ocasión de la presentación, en el Aula de la Palabra de la Asociación Cultural Norbanova, del libro Poesía política de Pablo Neruda, selección y edición del profesor Morelli, que ha publicado la editorial Cátedra. Curiosamente, la antología se inicia con los poemas procedentes de su obra Tercera Residencia, uno de los libros que tuve la oportunidad de adquirir en mi visita a la feria madrileña (2ª edición, Losada, Buenos Aires, 1951). 



Ya no hay quien pare el aluvión de actos literarios que nos aguardan en las próximas semanas: presentaciones, congresos de escritores, jornadas poéticas, ferias de editoriales... Todo antes de que a primeros del año próximo sea uno el que estrene sus nuevas publicaciones, largamente ansiadas y esperadas. 


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