sábado, 9 de marzo de 2019

Ansiedad y escritura automática

Cuando la ansiedad se apodera de tu vida cotidiana, inevitablemente todo sufre un proceso acelerado de cambio. Uno lleva conviviendo con ella desde hace tiempo, y ya es prácticamente un miembro más de la familia. Las cosas pasan demasiado rápido, las horas son bólidos que se escapan de las manos, las agendas echan humo. No hay sitio ni hueco entre las manecillas del reloj para albergar más vivencias. Apenas la lectura sobrevive, camuflada entre miles de folios que exigen urgente respuesta, con la vida en juego de personas cuyo destino depende enteramente de tus decisiones. En este contexto, la escritura automática sale al paso con sus flashes, con su discurso poblado de instantáneas, como el filo de un cuchillo cortando el aire. La dictadura del reloj cercena los recursos del idioma. Parece más pequeño el mundo si se contempla desde los versos de un haikuMás intenso, sin embargo, obligado a condensar su aliento en el espacio milimetrado de su métrica. Este marzo no se aviene a los cánones marcados por la ortodoxia. 


Continúan los libros apilándose en las estanterías, sin un destino fijo, aguardando quizá los libertinajes de un verano que se antoja incierto, plegado a las incertidumbres del presente. Entretanto, lo que uno escribe no puede prescindir de lo que pronto verá la luz, y de lo que no hace mucho alcanzó la madurez. No me sorprende que de los dos ejemplares de "Líneas de tiempo" que deposité en una de las librerías de Cáceres, solo uno se haya vendido. Ojalá las exposiciones en que próximamente se incluirán sus ilustraciones contribuyan a devolverlo a la actualidad. La ansiedad te hace escribir cosas de las que luego te arrepientes, tener ideas abominables. Me encantan los biopics sobre escritores. Pese al excesivo teatro, a la exaltación sobreactuada del mito. He visto varios en estas últimas semanas. No entiendo por qué me gustan tanto los autores ingleses si uno de mis socavones es precisamente la incapacidad para hacer mía la lengua de Shakespeare. Al menos, me conformo con poder leerla. Recomiendo las versiones que de las vidas de Mary Shelley John Keats han hecho las directoras Haifaa al Mansur y Jane Campion. También sus bandas sonoras. Buena opción para quien pretende escribir y desconectar de la realidad por unos instantes. 




No obstante, siempre hay que volver, descubrir que lo cotidiano maniata tus ansias de libertad, que la escritura es solo un pretexto para sentirse diferente en un universo globalizado, preso del yugo de las redes. Pronto se habrá publicado "La complicidad de los amantes". Quien lo lea pensará que su autor no pertenece a este tiempo. Quizá no le falte razón. 


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